26.3.20

Raghuram G. Rajan: el coronavirus golpea la producción, golpea la demanda, y golpea indirectamente (bajada del petróleo). El desfile de posibilidades nefastas podría continuar. El punto más esencial a recordar es que la economía mundial nunca se recuperó de la crisis de 2008. Algunos países clave (China) podrían dar un paso al frente y liderar una respuesta global... los gobiernos deberían ofrecer transferencias de dinero a los 'precarios' que viven en lugares 'abandonados'... enviaría el mensaje de que al sistema todavía les importa y restablecería parte de la confianza perdida por la población

"(...) Más allá del impacto directo en la salud pública, una crisis de esta magnitud puede desatar por lo menos dos tipos directos de golpe económico. 

El primero es un golpe a la producción, debido a la alteración de las cadenas de suministro globales. Suspender la producción de sustancias químicas farmacéuticas básicas en China altera la producción de drogas genéricas en la India, lo que a su vez reduce los envíos de medicamentos a Estados Unidos. 

El segundo golpe es a la demanda: en tanto la gente y los gobiernos toman medidas para desacelerar la propagación del coronavirus, el gasto en restaurantes, centros comerciales y destinos turísticos se derrumba. 

Pero también está el potencial de las repercusiones indirectas, como la reciente caída de los precios del petróleo luego de que Rusia y Arabia Saudita no lograran llegar a un acuerdo sobre recortes coordinados de la producción. 

En tanto éstas y otras sacudidas se propaguen, las pequeñas y medianas empresas ya bajo presión podrían verse obligadas a cerrar, lo que deriva en despidos, pérdida de la confianza de los consumidores y mayores reducciones del consumo y la demanda agregada. 

Es más, rebajas de calificaciones o incumplimientos de pago de entidades sumamente apalancadas (los productores de energía de esquisto en Estados Unidos; los países en desarrollo dependientes de las materias primas) podrían conducir a mayores pérdidas en el sistema financiero global. Eso podría restringir la liquidez y el crédito, y disparar un ajuste dramático de las condiciones financieras que hasta ahora han respaldado, y mucho, el crecimiento. 

El desfile de posibilidades nefastas podría continuar. El punto más esencial a recordar es que la economía mundial nunca se recuperó plenamente de la crisis financiera global de 2008, y que nunca se abordaron por completo los problemas subyacentes que produjeron aquel desastre. (...)

Sin embargo, aunque el mundo empezó con una mano débil, nuestra respuesta a la crisis del COVID-19 podría ser mucho mejor de lo que ha sido. (...)

De cara hacia adelante, (...) algunos países clave podrían lograr mucho si dieran un paso al frente y lideraran una respuesta global, persuadiendo inclusive a más países sobre el valor de la cooperación. Por ejemplo, los países que han sido relativamente exitosos a la hora de manejar la epidemia, como China y Corea del Sur, podrían compartir las mejores prácticas. 

Y en tanto los países individuales empiezan a controlar el coronavirus al interior de sus fronteras, podrían enviar recursos ociosos a los países que necesitan personal médico más experimentado, respiradores, kits de prueba, mascarillas y cosas por el estilo.  (...)

Al interior de los países, la tarea inmediata –después de implementar medidas para contener el virus- es respaldar a aquellos que están en la economía informal o con trabajos esporádicos cuya supervivencia se verá alterada por las cuarentenas y el distanciamiento social. Quienes son más vulnerables económicamente también tienden a ser aquellos que carecen de acceso a la atención médica. 

Por lo tanto, como mínimo, los gobiernos deberían ofrecer transferencias de dinero a estos individuos –o a todos, si las poblaciones vulnerables son difíciles de identificar- así como una cobertura por gastos médicos relacionados con el virus. De la misma manera, tal vez haga falta una moratoria sobre el pago de algunos impuestos para ayudar a las pequeñas y medianas empresas, así como garantías de préstamos parciales y otras medidas para mantener el flujo de crédito.  

En los países desarrollados, en particular, la pandemia pronto revelará que mucha gente se ha sumado a las filas de la precariedad laboral en los últimos años. Este grupo tiende a estar conformado por jóvenes, e incluye a muchas personas que viven en lugares “abandonados”. (...)

Las transferencias de dinero enviarían el mensaje de que al sistema todavía le importa. Pero, por supuesto, será necesario hacer muchas más cosas para expandir la red de seguridad social y brindarles nuevas oportunidades a los marginados económicamente. Los partidos y los líderes populistas han capitalizado políticamente la situación de la marginalidad laboral, pero no han podido cumplir sus promesas –inclusive donde realmente ejercen el poder-.  (...)

El COVID-19 ha sido rápido para exponer el amateurismo y la incompetencia. Si a los profesionales se les permite hacer su trabajo, pueden restablecer parte de la confianza perdida de la población en el establishment. 

En la arena política, un establishment profesional más creíble tendrá la oportunidad de impulsar políticas sensatas que aborden los problemas que enfrenta la gente en situación de precariedad laboral sin dar lugar a una lucha de clases. Pero estas oportunidades no durarán para siempre. Si los profesionales no logran capitalizarlas, la pandemia no ofrecerá ningún aspecto positivo –sólo más miedo, división, caos y miseria."                    (

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