"Jorge Javier Vázquez se ha convertido en el ídolo antifascista de España, al menos durante un par de días, gracias a su actitud en un programa televisivo en el que se analizaba la infidelidad de un periodista de derechas, así como el papel en todo esto de Javier Negre, figura de referencia de la extrema derecha en las redes.
Han circulado 'memes' que colocan a Jorge Javier a la altura de Marx o Lenin, afirman que ha hecho más por destruir el fascismo que todos los programas serios, y se han celebrado con alborozo frases suyas como “si estás pasando una mala racha, no te tires a un facha”.
Es significativo que se otorgue tanta relevancia política, justo en este momento, a este tipo de nimiedades. ‘Sálvame’ es un programa de entretenimiento y poco más, cuya esencia es resaltar las bajezas del ser humano. Como otros espacios televisivos, y varios de la misma cadena,
se construye con la exposición de comportamientos antisociales, como
las mentiras, las envidias, las traiciones o el rencor, y se hace
especial hincapié en la humillación pública de los personajes señalados.
Una gran victoria
En
'Sábado Deluxe', tocó jugar con un par de personajes de la derecha
mediática a los que dejaron al descubierto. Por algún motivo, la
izquierda entendió su desprestigio público a raíz de asuntos personales
como una gran victoria que quebraba la espina dorsal del fascismo que viene. Había que ponerles freno y Jorge Javier supo hacerlo.
Esta anécdota era importante porque resaltaba un par de convicciones
notablemente extendidas entre el progresismo. Frente a una izquierda
elitista que desprecia la cultura popular y los medios de comunicación
de masas, un ejemplo como este demuestra la fortaleza de los espacios y contenidos más populares en su potencial antifascista.
Mientras la izquierda no esté presente en programas populares y en la
telebasura, tendrá muchas menos opciones, porque esos son los lugares
decisivos, los que construyen la forma de pensar de mucha gente. De modo
que es sencillo, basta con que mensajes progresistas penetren en
programas como ‘Operación Triunfo’ o ‘Sálvame’ y todo estará hecho.
La segunda convicción es que hay que hacer frente a la gente que propaga bulos y hay que ponerlos al descubierto; si se los desprestigia, se evitará que sean creídos por personas de buena fe. Puesto que ambas cosas se cumplieron en el ‘Sábado Deluxe’, noche de fiesta y mañana de celebración. (...)
Está por ver que lo del sábado noche perjudique a Negre o que el artículo de ayer dañe a Iker Jiménez: más probablemente, los beneficie. (...)
En segundo lugar, continuar por este camino contribuye a un clima político irrespirable
en el que cada parte eleva sus apuestas y aumenta el hartazgo, la
saturación y la indignación de la gente; nos conducen hacia un entorno
más agresivo y polarizado, y eso no es bueno para nadie. Aunque es obvio
que, en este momento, ese clima favorece más a la extrema derecha que a
cualquier otra fuerza ideológica.
Y tercero, es absurdo pensar que atacar a Negre o meter por medio a Iker Jiménez con la excusa de un programa emitido hace cinco años
va a impedir que fuerzas radicales se desarrollen en nuestro país. Hay
factores mucho más importantes, que son los que las polémicas por los
bulos suelen oscurecer.
El manual de estilo
El progresismo occidental sigue con su manual de estilo y ni siquiera ahora, en plena pandemia, son capaces de salir de él. Esa
idea de que lo marginal es lo central, de que lo secundario es lo
principal, de que los detalles son más importantes que el conjunto y los
actores más que la obra, es una línea de acción tan viva como agotada.
Creer que en los programas de divertimento se juega la política de
verdad, que los ataques personales son esenciales y que los bulos son el
peligro mayor al que se enfrentan las democracias es un lugar común
hoy, tanto entre el progresismo moderado como entre el radical.
Entre los factores principales que pueden provocar el ascenso de la
extrema derecha en nuestro país no está Negre y mucho menos Iker
Jiménez. Para empezar, si la respuesta que da la UE a esta crisis
provoca un rescate, es decir, nos prestan dinero condicionado, no levantaremos cabeza. Y ese sí que es un escenario propicio para las fuerzas radicales. Si salimos mal de esta situación y el empleo no se recupera,
y si los mercados nos presionan dentro de un año, los tiempos políticos
no van a ser nada fáciles.
Si continuamos en un clima político en el
que todo se personaliza, en el que se criminaliza al contrario y en que
los argumentos no cuentan, en el que la razón desaparece, sí que se
estaría construyendo una vía rápida para la llegada al poder de las
extremas derechas.
Porque, y esto es esencial y suele olvidarse,
para que los bulos penetren tiene que haber descontento, tiene que
existir un contexto que los favorezca, un clima que permita que circulen
y sean creídos; sin él, permanecen en un lugar marginal.
Dos casos: EEUU y Francia
La segunda condición de posibilidad
para que los bulos sean creídos es que existan apoyos que les brinden
la solidez de la que carecen. Para entenderlo mejor, comparemos dos
situaciones. En EEUU, el campo demócrata acusó a Rusia de haber
intervenido con noticias falsas en las elecciones de 2016 con el
propósito de beneficiar a Trump; los bulos, en teoría, se fabricaban en
granjas rusas de 'fake news'.
Pero esto es irreal, porque hoy la producción importa muchísimo menos que la distribución,
cualquiera puede producir contenidos y hay tantos que su destino más
probable es quedar perdidos en lo más profundo del ciberespacio. La
realidad es que las noticias falsas fueron difundidas a través de
Facebook, que es una empresa estadounidense, y repetidas después por una
gran mayoría de medios de comunicación americanos, a las que añadían
desdén y desprecio. Sin esa distribución llevada a cabo por ellos
mismos, las noticias falsas se habrían quedado en la granja donde
nacieron.
El segundo ejemplo tuvo lugar en la semana previa a las
elecciones francesas que enfrentaron a Macron y Le Pen.
En ese momento, se filtraron unos ‘leaks’ que situaban en muy mal lugar
a Macron, ya que atacaban su vida privada y sus finanzas, pero los
medios no se hicieron en absoluto eco de ellos, y por las redes
francesas no circularon más que marginalmente. La diferencia entre un caso y otro estuvo en el apoyo interior que recibieron a la hora de distribuirlos.
De modo que si la extrema derecha crece, no será por Negre ni por los
programas que haga en YouTube, sino porque estamos construyendo una
sociedad con pocas esperanzas económicas, con lazos sociales muy
endebles, con una desigualdad creciente, con un clima muy crispado y con una esfera pública que aumenta la tensión en lugar de rebajarla.
No serán los bulos los que traigan otras opciones políticas, sino los problemas de este sistema.
Entre ellos, y no es menor, está el de los valores que difundimos, el
poco respeto que tenemos a las personas, la dificultad para hablar sobre
las causas en lugar de sobre los personajes, el estar permanentemente
culpando a los demás. Valores a los que, por cierto, programas como
‘Sálvame’ han contribuido.
La dinámica hostil de las tertulias del
corazón pasó a las deportivas, de ahí a las políticas, impregnó a los
partidos, a los medios y las redes, y ahora, cuando salgamos del
confinamiento, nos la encontraremos en la calle. De modo que mala situación económica, valores endebles y un clima hostil. Eso sí que conduce a opciones radicales. Pero nada, seguid con los bulos y con “Jorge Javier parará al fascismo”. (Esteban Hernández, El Confidencial, 26/04/20)
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