"(...) En caso de crisis económica, de ralentizaciones no deseadas o de
sobrevenidas tensiones sociales de origen económico, una de las
soluciones empleadas ha consistido históricamente en una drástica “redistribución” de la riqueza:
quitar al rico, al que tenía posibles o a una minoría pudiente, para
darle al pobre teniendo en cuenta la propensión de este a, lógicamente,
aumentar el consumo y por ende la actividad económica. (...)
Pero han existido métodos menos brutales, como crear más moneda para repartirla. (...)
Pero más allá surge otra visión: la de emitir moneda legal sin recurrir a la depreciación monetaria.
Y encontramos varios antecedentes interesantes: en los Estados Unidos
tenemos las teorías del crédito o la libre e ilimitada acuñación de
monedas de plata, lo que se dio en llamar “bi-metalismo” o en Alemania,
durante los años 30 del siglo XX, los célebres “fondos Mepho” o pagarés
inter-empresas metalúrgicas no detectables por los aliados después de
los años 20 y que sirvió para pagar el rearme alemán de manera discreta.
Todo siempre dentro de un contexto favorable (en grado mayor o menor) a
lo que Jacques Rueff calificó de “inflación dirigida”,
que llega a su punto teórico máximo en el concepto (que se aplicó) del
PNBPE (Producto Nacional Bruto potencial de Pleno Empleo) del profesor
Walter Heller. Resumiendo: que la cuestión es inyectar dinero, para,
finalmente, hacer de ello un “contra ciclo” (se inyecta en la Masa
Monetaria “gasolina” para el crecimiento).
El problema pronto surgió,
sin embargo, con el monopolio bancario, concedido por el poder y que
transforma los circuitos bancarios en un circuito único (por cierto hoy
con pingües beneficios por la diferencia practicada entre los intereses
pagados al BCE y los exigidos por la Banca privada a empresas y
particulares). De ahí la actual necesidad de cambiar los canales
utilizables para vehicular el flujo monetario. Y prácticamente nadie se atrevió (ni se atreve aún hoy) a discutir el monopolio bancario, salvo Francia...
Sin
remontarnos a teorías y experiencias calificadas, en su día, por el
propio Karl Marx de ejemplos de “socialismo utópico”, se puede recurrir,
cómo no, a ese intento de rebasar capitalismo y comunismo que en
definitiva fue el Gaullismo. Célebre es la afirmación del General de que
“en ningún caso van los parquets a dictar la política de Francia”.
En
otras palabras, las finanzas han de ser atadas en corto aún cuando se
las proteja. Tropezamos así con la propuesta de Jean Marcel Jeanneney, ministro de Asuntos Sociales e Industria de De Gaulle.
Intervencionista, proteccionista y partidario de la “reflación” (es
decir, una deflación a la inversa). Sus ideas están siendo hoy
recuperadas por la teoría de la “moneda helicóptero” o del “dron
monetario1”.
La
receta es sencilla: dar dinero a las personas directamente a su cuenta
bancaria y no a través de los créditos bancarios clásicos: entregar 140€ al mes a cada adulto de más de 15 años durante 1 año,
forzando una capacidad de gasto inmediato en la economía real. Con el
siguiente resultado: un crecimiento extraordinario para Francia del
orden de 4 puntos del PIB en un año según calculó Jeanneney. Y sin
generar deuda excedentaria excepto en las cuentas del Banco Central,
proveedor propuesto del crédito a fondo perdido.
En definitiva, las ideas de Jeanneney2, serían: que el buen uso de la emisión de moneda en las actuales circunstancias es indispensable
si se desea sacar a la economía de la anemia y siempre que se
establezcan controles, como recurrir a la emisión de moneda, ex-nihilo,
por los Bancos Centrales (no se trata de que sean los Gobiernos quienes
creen ese excedente de moneda, pues abusarían de ello), de manera que se
dote a las familias de un poder de compra suplementario que no
encarecería los costes de producción de los productos (como hacen, por
ejemplo, los salarios) y que, al no tener que ser devuelto, permitiría
aumentar la demanda de bienes sin tener que restringirla a continuación.
Esta situación podría darse con estas condiciones:
- Una capacidad de producción excedentaria (la hay)
- Una inflación baja (es el caso)
- Una balanza de pagos excedentaria (se cumple, incluso en el caso español)
- Unos Bancos Centrales independientes (lo son, al menos en teoría)
¿Cómo desarrollar estas medidas?
Mediante el ingreso en cartilla de ahorros o cuenta bancaria, a todos y
cada uno de los residentes en el país y por igual de una suma entonces
equivalente a 150 o 300 euros.
¿Cuáles serían sus efectos? Para un país de 60 millones de habitantes se inyectarían 3 millones de euros
(en el caso Francés, un poco menos del 2% del PIB) que aumentaría el
consumo, sobre todo de bienes manufacturados, lo que aumentaría la
inversión y por ello, de nuevo, la demanda. Reduciría los costes
unitarios de las empresas (dada la existencia de costes fijos), no
dispararía los salarios (dado que hay bastante paro), e incrementaría
los ingresos fiscales (vía IVA e impuestos sobre los beneficios de las
sociedades).
Pero, concluía Jeannenay, “si la Unión Europea no resiste a las presiones librecambistas, es utópico esperar que los estados miembros puedan desarrollar una política inspirada socialmente.
La aceptación del librecambio mundial, les conducirá inexorablemente a
un descenso de los salarios, de los trabajadores sin cualificación y
para aliviar las cargas soportadas por las empresas, a una fuerte
reducción de las prestaciones sociales”.
Y ahora que el libre cambio y la mundialización están claramente en
entredicho y se hará necesaria una recuperación “post-coronavirus” sería el momento de aplicar esta modalidad de “quantitative easing” o “expansión cuantitativa”.
Solo que sin pasar por los créditos de los bancos privados; y
privilegiando el mercado europeo interior -sino los mercados
nacionales-.
1 Ver
de Jezabel Couppey - Sovbeyran y otros, defensores todos del vuelo
virtuoso, del “Dron Monetario”, en el artículo de Emanuel Levy “La
monnaie hélicoptère, la solution tombée du ciel”, Marianne, París,
20/02/2020.
2 Contenidas
en “Pour un nouveau protectionnisme” y “Écoute la France qui gronde”
(Paris, 1970 y 1996), que pude resumir en 1996, ayudado por las manos
mismas del autor (ver el Viejo Topo, “Elogios” - BRNA 1998)." (Jorge Verstrynge, Cuarto Poder, 11/04/20)
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