25.5.20

101.942 madrileños, en las colas del hambre de la capital. Más de 50 asociaciones vecinales dan de comer en una red paralela a la de los servicios sociales del Ayuntamiento

"Las llamadas colas del hambre son cada vez más habituales en nuestras calles, a la puerta de nuestras casas. 

Menos de dos meses después de decretado el estado de alarma, algo más de 100.000 madrileños comen gracias a las ayudas de los servicios sociales y de las redes vecinales de los 21 distritos. Ver a gente soportar el tiempo muerto en fila para obtener leche, arroz, galletas, patatas… es algo que hasta ahora veíamos en el telediario. El peso del estigma y la vergüenza en el Madrid de 2020 es solo superado por el eco del estómago vacío.

Un vídeo grabado el sábado con decenas de personas en hilera para recoger bolsas de comida ha levantado ampollas al hacerse viral. “Señores, esto no es Venezuela”, narra el autor de las imágenes en Aluche.

 La asociación de vecinos de ese barrio del distrito de Latina ofrece estos días alimentos a unas 3.200 personas. Es una de las decenas de redes ciudadanas que reparten comida a familias golpeadas por la pandemia en la capital sin pasar por los canales municipales. A raíz de la polémica del vídeo se ha sabido que al menos son 101.942 las personas reciben estos días alimentos en la ciudad de Madrid.

Por un lado, 81.677 pertenecientes a 30.043 familias que coordinan los servicios sociales del Consistorio. Por otro, a 20.265 de 5.828 familias les llega por grupos ajenos a la administración, según un balance elaborado desde el 15 de marzo hasta el 30 de abril por la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM). “Se agradece el altruismo pero esto lo debe liderar Servicios Sociales”, afirma el delegado del área de Familias, Igualdad y Bienestar Social, Pepe Aniorte, al tiempo que les pide a estas asociaciones los datos de las familias a las que entregan ayuda.

La FRAVM ha recopilado datos de 58 redes vecinales –otras tres no han ofrecido los suyos- con más de 6.000 voluntarios que distribuyen comida en los 21 distritos. La mayoría de lo que distribuyen llega a través de particulares, pequeño comercio y empresas o donaciones económicas, pues muchas cuentan ya con una cuenta corriente en la que se pueden realizar ingresos. 

Solo el 16% de esas redes cuenta entre sus ayudas con parte de productos facilitados por la junta de distrito correspondiente. Por eso, la FRAVM pide una gran intervención social de la administración municipal y la apertura de cocinas solidarias en los distritos como ya se ha hecho con la de la escuela de hostelería de la Casa de Campo o con la de Santa Eugenia.

Las familias destinatarias afrontan en muchos casos por vez primera la necesidad de tener que recibir comida, según la federación regional. “Nadie duda de que la capital necesita una intervención pública de gran calado para atender las necesidades básicas de su población”, recoge el informe. Destacan además que la crisis social de la pandemia ha reorientado la labor de la mayoría de esas asociaciones, que ahora se centran en paliar la emergencia alimentaria. Las aulas de informática o yoga son ocupadas ahora por la harina o los macarrones.

“Esto es una realidad totalmente nueva que ha venido con la crisis”, reconoce Pepe Aniorte. Detrás de esa nueva y cruda realidad aparece una maquinaria institucional que no ha reaccionado todo lo bien y rápido que algunos desean. “Hay un funcionamiento desigual entre unas juntas municipales y otras”, se queja Quique Villalobos, presidente de la FRAVM. 

Muchas veces, explica, son las asociaciones vecinales las que derivan familias a servicios sociales y otras son los propios servicios sociales los que mandan familias a estas redes vecinales “cuando no dan abasto”. Añade que las mesas de coordinación prometidas por el Ayuntamiento en los 21 distritos para resolver esos problemas todavía no están funcionando. “Eso de momento no ha llegado”.  (...)"                (Luis de Vega, El País, 13/05/20)

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