11.5.20

¿Cómo es posible que haya menos déficit público y menos deuda pública aumentando el gasto con el ingreso mínimo vital? Porque permite una garantía de rentas a personas que por su bajo nivel de ingresos dedican un porcentaje elevadísimo al consumo, hasta el 92%. Eso redunda en más tributos y más demanda agregada... ese tipo de gastos hace que la economía funcione... un programa de trabajo mínimo garantizado completaria el bazuca público para la reconstrucción. Es el 'Horizonte País' de IU

"Carlos Sánchez Mato (Madrid, 1970) es responsable de políticas económicas de IU y profesor de Economía en la Complutense, tras su paso por la política institucional (...) Ha coordinado un documento llamado "Horizonte País" en el que se hacen 400 propuestas de reconstrucción económica y social para aportar al espacio político de Unidas Podemos y abrir el debate del "día después" de la crisis sanitaria abierta por el coronavirus.

(...) Han elaborado un escenario hipotético de no intervención pública más allá de lo ya aprobado, y analizan cómo sería la caída de la economía sin medidas de acompañamiento adicionales, ¿es peor que el ya previsto por el Gobierno en el plan que ha enviado a Bruselas?

Hasta el 30 de abril se han tomado medidas cuantificadas en 25.000 millones de euros, que son históricas en cuanto a su magnitud, pero también insuficientes para poder superar una postemergencia sanitaria que va a tener enormes dificultades adicionales.

Ese escenario de no intervención más que hasta el punto al que se ha llegado actualmente nos lleva a déficit que van a suponer más deuda pública hasta llegar hasta el hasta el 117% del PIB, incluso alcanzando en 2020 el 119%. Y además manteniendo una situación desde el punto de vista social y desde el punto de vista de tasa de desempleo que no son asumibles para la población española.

¿La aprobación del salario mínimo vital puede venir a paliar estos problemas al menos parcialmente?

Entendemos que cabe una intervención muchísimo más contundente, en este caso 155.000 millones de euros adicionales de gasto e inversión que incluyen un ingreso mínimo vital que triplica el cuantificado por el ministro Escrivá (3.000 millones de euros). Y en absoluto consideramos que 3.000 millones no sirvan para nada. Pero para que la economía pueda no solamente crecer, sino crecer de otra manera, necesitamos un impulso descomunal, como nunca se ha producido hasta ahora.

En este caso, ir a medidas de poco calado tiene un efecto contraproducente. Los que defienden medidas más limitadas asustan a la ciudadanía con el déficit y la deuda. El gasto y la inversión pública genera a corto y medio plazo menos déficit público y menos deuda. 

¿Cómo es posible que haya menos déficit público y menos deuda pública aumentando el gasto por ejemplo en esta medida del ingreso mínimo vital?

Entre otras cosas porque permite una garantía de rentas a personas que por su bajo nivel de ingresos dedican un porcentaje elevadísimo al consumo, hasta el 92%, según el Banco de España. Eso redunda en más tributos y más demanda agregada. Es decir, que la gente dedica más dinero a comprar alimentos, pagar alquiler, ese tipo de gastos redundan en que la economía funcione de una manera más ágil.

Su plan fiscal propone nuevos impuestos como la llamada Tasa COVID o está más centrado en otros como la recuperación de mínimos en Patrimonio y Sucesiones?

No planteamos un nuevo impuesto a las grandes fortunas, lo que llaman algunos tasa COVID. Lo que decimos es que hace falta un impuesto sobre el patrimonio en condiciones. Dada la experiencia que ha habido, que sea estatal, aunque los fondos se transfieran a las comunidades autónomas. Para evitar que haya quienes utilicen la exención o la bonificación para despojar de poder al impuesto. Ahora mismo tiene un pago efectivo del 0,17% del patrimonio gravado, proponemos elevarlo al 1,5%. Eso son 9.000 millones adicionales.

Y en el impuesto sobre Sucesiones igual. Cuidado, que no se asuste nadie, estamos hablando de la gente que hereda, además de la vivienda habitual, un millón de euros de patrimonio. El 95% de los ciudadanos de este país no están en esa situación.

Tampoco ponemos un impuesto a la banca nuevo, ya hay uno, el impuesto a los depósitos. Trataron de dejarlo al 0% y cuando hubo cabreo de las CCAA lo subieron al 0,03%. Y nosotros estamos planteando el 1% que tendrían que pagar los bancos, para recuperar en parte el rescate bancario y para que el Fondo de Garantía de Depósitos esté suficientemente dotado.  

Hay otra figura tributaria que tampoco sería nueva porque ya está en formalización, el impuesto sobre las transacciones financieras. El gobierno actual, del cual formamos parte, se ha quedado muy corto porque solamente grava unas pocas acciones de las que cotizan en bolsa. Nosotros planteamos que también la renta fija, no la deuda pública, tribute, y también los derivados, el 0,3%. Eso sería hasta 15.000 millones de euros, suponiendo incluso que los derivados se desplomaran y los especuladores los usaran menos. Entre prohibirlos, que es lo que debería ocurrir, y gravarlos, aquí elegimos gravarlos.

Otra de las medidas que proponen en el documento es el trabajo mínimo garantizado. ¿Cómo se podría articular una medida de este tipo?

Entendemos que el Estado tiene que ser el empleador de última instancia, igual que el Banco Central Europeo tiene que ser el financiador de última instancia de los estados. Hay muchos trabajos que no son rentables para la iniciativa privada y son esenciales para la sociedad. Por ejemplo, el tema de los cuidados. 

Estamos hablando de una media de retribuciones por empleo de 20.000 euros brutos. Hacemos propuesta en este caso que supone un coste neto ligeramente superior al 1,1% del PIB, empleando a un millón de personas, que pueden ser los parados de larga duración. No se trata de sustituir la iniciativa privada, sino atender a necesidades que no son cubiertas y que no van a estarlo nunca si dependen de la obtención de beneficios. 

Todo esto es lo que ahora mismo está diciendo Angela Merkel. Lo que pasa es que ella habla de impulso público para beneficiar a las élites y nosotros de un impulso público para beneficiar al común. La utilización de la bazuca pública no la pone en duda ahora mismo casi ni Abascal. El problema no es que no quieran la intervención de lo público, lo que pasa es que la quieren dirigir a socializar las pérdidas. 

Nosotros decimos que hay que utilizarlo para darle un giro de timón radical a la economía. ¿Y por qué? Porque entendemos que ya sabemos a lo que nos enfrentamos. Y si viene otra pandemia de este virus o de otro en el futuro, si seguimos el camino que esas élites tienen pensado para la postcrisis, nos encontraremos de nuevo desarmados. "                

(Entrevista a Carlos Sánchez Mato, responsable de políticas económicas de IU y profesor de Economía en la Complutense, Marina E. Torreblanca, eldiario.es, 10/05/20)

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