"(...) No es
una cuestión de solidaridad (constructo político de dudosa existencia
en la UE), sino una cuestión de eficiencia técnica: es óptimo (en
términos de salvar vidas y reducir impacto económico) que el coste de la
herramienta de contención sea mutualizado.
Plan en dos fases
Por lo anterior es deseable separar las
dos fases de la pandemia, primero contención que requiere de
mutualización del coste, y luego reconstrucción que puede ser acometida
por los Estados Miembros sin necesidad de mutualizar deuda. Esta
separación permite maximizar los recursos en ambas fases y focalizar la
negociación política en la fase de reconstrucción, que es donde más
recursos se necesitarán a medio plazo.
Por otro lado, en el contexto
europeo, es óptimo diferenciar ambas fases porque ambas necesitan
recursos diferentes y la financiación de los mismos requiere de
instrumentos diferentes. En la primera fase, la de contención, las
medidas necesarias son transferencias a los agentes afectados que
compensen la pérdida de rentas. En la segunda, la de reconstrucción los
países necesitan financiación de inversiones.
La primera fase necesita mecanismos de
mutualización del coste y se puede y debe hacer mediante mecanismos
europeos. Los fallos de diseño de la eurozona (ausencia de un banco
central que actúe como prestamista de última instancia, ausencia de
mecanismos que repartan los shocks mediante trasferencias de rentas)
hacen que se tenga que buscar una solución funcional dentro del
entramado institucional existente. Una solución podría ser la siguiente:
- Los países afectados emiten bonos a perpetuidad e interés cero
- El ESM compra esos bonos en el mercado primario mediante la herramienta existente (Instrumento de apoyo en el mercado primario, artículo 17 del ESM)
- El ESM financia esa compra mediante la emisión de bonos a perpetuidad e interés cero
- El BCE compra a través del LRTO esos bonos guardándolos en su balance a perpetuidad hasta su desaparición
Esta solución técnica de urgencia no
implica transferencias de rentas entre estados, no genera endeudamiento
individual, no tendría asociado riesgo moral y permitiría internalizar
los costes de la contención (ver en Ayala (2020) los detalles).
La segunda fase, la de la reconstrucción,
se pretende que sea una epopeya europea con fondos de reconstrucción
financiados por el conjunto de la UE. Europa en realidad nunca se ha
reconstruido con fondos europeos, ni en la primera, ni en la segunda
guerra mundial. Han sido los estados miembros los que han financiado la
construcción. Ni siquiera el Plan Marshal movilizó muchos recursos ni
durante mucho tiempo, su impacto fue mayor en la reconstrucción de
mercados y sistemas de pago y compensación destruidos durante la guerra
que en la cantidad de transferencias realizadas de recursos realizadas
desde EEUU a los países europeos.
La presente ocasión por tanto es
diferente en al menos un aspecto, el plan de reconstrucción se puede
hacer desde Europa y para Europa, una diferencia sustancial respecto al
plan Marshal, que fue reflejo de la política exterior de EEUU (Barnes,
1984). Europa tiene en esta ocasión las instituciones creadas y aunque
los estados nación europeos saldrán de esta crisis económica y
socialmente afectados, el nivel de andamiaje institucional es muy
superior al de 1945.
La
reconstrucción debería ser nacional, esto es, planes de reconstrucción
generados en los parlamentos nacionales -que son los que tienen control
democrático- y específicos al modelo político económico de cada país
miembro. Antes de la crisis el mundo se enfrentaba a desafíos como la
crisis climática o la digitalización. Esos desafíos que permanecen
ocultos, doblados sobre los pliegues que ha producido la pandemia, y se
irán desplegando a su finalización. Se sumarán por tanto a la tarea de
reconstruir la devastación de la pandemia.
Por ello han de ser los
procesos democráticos de los estados miembros los que decidan cómo
enfrentarlos y qué soluciones introducir, no las instituciones europeas.
Para ello será necesario modificar los tratados para que las reglas
fiscales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento no vuelvan nunca a
entrar en vigor tal y cómo estaban y que el BCE actúe como un verdadero
Banco Central comprando deuda en mercados primarios. En caso contrario,
habrá que cuestionarse seriamente el proceso de integración europeo."
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