"(...) enumerar todos los errores de nuestro modo de vida que
han quedado en evidencia. Algunos son muy evidentes, se han señalado
mucho y no merecen mayor reflexión, pero otros no tanto. Veamos:
Lo público frente a lo privado:
Es evidente que solo el
criterio no mercantilista de la gestión de lo público conlleva el mínimo
de sentido social y humano para enfrentar una pandemia. La búsqueda de
rentabilidad comercial, el ánimo de lucro mediante la especulación y el
recorte de los servicios públicos se ha mostrado incompatible con salvar
a la humanidad.
La eficacia del centralismo:
Supongo que será controvertido, pero mi opinión es que solo un centralismo que escuche y deje participar a todas las voces, pero bajo un mando único, puede lograr redistribuir de forma justa los recursos existentes, planificar de manera eficaz la producción o negociar la adquisición de los recursos que no se tienen y recoger de forma eficiente los datos necesarios para estudiar la evolución de la pandemia. Es evidente que nuestro país no ha sido un ejemplo de ello.
Supongo que será controvertido, pero mi opinión es que solo un centralismo que escuche y deje participar a todas las voces, pero bajo un mando único, puede lograr redistribuir de forma justa los recursos existentes, planificar de manera eficaz la producción o negociar la adquisición de los recursos que no se tienen y recoger de forma eficiente los datos necesarios para estudiar la evolución de la pandemia. Es evidente que nuestro país no ha sido un ejemplo de ello.
La soberanía productiva:
Dos meses después del inicio de la pandemia, España sigue siendo incapaz
de producir en cantidad suficiente mascarillas higiénicas de material
tan barato que apenas cuesten 10 céntimos. Tampoco tenemos ni los
reactivos ni los laboratorios para todos los tests de diagnóstico
necesarios. Las políticas de limitación de precios no son del todo la
solución, porque el problema de fondo es que se trata de productos que
no somos capaces de disponer, como las mascarillas.
Descubrimos que
tampoco contamos con suficientes trabajadores para recoger las cosechas.
También podemos comprobar que nuestro gobierno no dispone de una
soberanía monetaria para enfrentar la crisis económica que se avecina.
La elección de lo que se produce:
Este
asunto tiene relación con el anterior. Nuestras empresas textiles
pueden hacer vestidos de moda para todos los ciudadanos pero no
mascarillas.(...)
Las políticas laborales: Hemos comprobado que
profesionales que, sencillamente, ni veíamos, como un barrendero, una
cajera o un camionero son fundamentales para nuestra supervivencia. En
cambio la ausencia de directivos y altos ejecutivos de empresa durante
la pandemia ha resultado imperceptible en muchos sectores. Pero hay algo
más. Es evidente que hemos necesitado más personal sanitario para
enfrentar esa crisis.
Cuando acabe esto, ¿qué haremos con los sanitarios
que ya no necesitemos? ¿Los despedimos después de aplaudirles todos los
días a las ocho de la tarde? ¿Ya no necesitan comer hasta que venga
otra pandemia? Sólo una sociedad de pleno empleo está legitimada
moralmente para poder decir que ha reconocido el trabajo de sus
profesionales, porque les garantizó su subsistencia con pandemia y sin
pandemia.
Lo importante en la agenda de
actualidad:
Vale la pena recordar por lo que estábamos discutiendo los
ciudadanos, los políticos y los medios antes de la pandemia y observar
su irrelevancia cuando vino el coronavirus. Como siempre sucede en la
vida, las grandes tragedias nos recuerdan lo absurdo de los temas que
hasta entonces nos preocupaban.
Los amigos y no amigos en el mundo:
Recordemos que
nuestros socios prioritarios son los países del resto de la Unión
Europea y Estados Unidos, así como la OTAN. Sin embargo, fueron médicos
cubanos los que atendieron enfermos en media Europa, mascarillas donadas
por China las que llegaron por millones, tropas rusas las que
circularon por Italia con material médico y especialistas.
Mientras
sucedía eso, los países de la UE se peleaban por el dinero del BCE, el
presidente Trump decía que había que inyectarse desinfectante para
curarse y mantenía las sanciones precisamente a los países que nos
estaban ayudando y de la OTAN nadie supo nada, seguía gastando nuestro
dinero no sabemos bien en qué.
No sé cuánto tiempo
recordaremos estas lecciones, en realidad no sé cuánto tiempo tendremos
el coronavirus entre nosotros recordándonoslas, pero algunos deberíamos
hacer lo posible para que nuestra sociedad no las olvide. Ya hemos
observado lo caro que nos está costando." (Pascual Serrano, eldiario.es, 29/04/20)
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