"El empleo tiene que ser la vara de medir de la bondad
de todas las cosas relacionadas con la economía, ya sean las políticas,
las empresas o la I+D. El empleo confiere a las personas la dignidad y
el reconocimiento que buscamos en la vida. Cuando las personas están en
condiciones de trabajar, no quieren ser ayudadas con una renta, quieren
un empleo. (....)
Afortunadamente, los gobiernos se han enfrentado a esta crisis con políticas adecuadas. En el caso de España, la decisión de utilizar los ertes para mantener los salarios y el vínculo laboral ha
evitado que hoy tengamos 5 millones más de desempleados. Esta
“nacionalización” de los salarios es un novedoso compromiso público con
el empleo.
Cierre de la economía
La pregunta es por qué ahora ha sido posible. Seguramente porque, a
diferencia de las anteriores, esta recesión ha sido provocada de forma
deliberada por los gobiernos. Deliberada, pero no arbitraria, ya que se ha cerrado la economía para proteger un bien superior: la vida y la salud de los ciudadanos, amenazadas por el contagio de la covid-19.
Ahora, a corto plazo, el reto es preservar ese empleo. Hay que
lograr que la apertura gradual de las actividades económicas no lleve,
por un lado, a que las empresas se vean obligadas a transformar los
ertes en eres, destruyendo empleo ni, por otro, a mantener empleo que no es sostenible sin el apoyo público. No será fácil.
Hay que aprovechar el clima de solidaridad que trae
el coronavirus para extender ese compromiso público a todas las personas
que, deseando trabajar, no encuentran empleo.
El instrumento adecuado podría ser la creación de un “Fondo
nacional para el pleno empleo” que financie la creación de empleo con
salarios equivalentes al salario mínimo. La financiación del fondo se
haría con recursos del estado (en parte, nuevos y en parte procedentes de los fondos dedicados a políticas activas de empleo, de escasa eficacia) y de la Unión Europea (el
nuevo fondo para el desempleo). La gestión debe ser descentralizada,
desde las comunidades, las ciudades y las pequeñas localidades.
En cada territorio o localidad donde existan desempleados de larga
duración, el sector privado, el sector público y el sector social
presentarían, de forma competitiva, iniciativas en las que el criterio
de selección sería su capacidad para crear empleo estable. Además, se
tendría en cuenta el logro de los objetivos de desarrollo sostenible
establecidos por las autoridades nacionales y europeas. Los resultados se someterían a evaluación. En muchos casos, esos proyectos podrían ser elegibles para ser financiados por el nuevo programa de recuperación europeo.
Otra ventaja de estefondo para el pleno empleo es que permitirá
llevar el empleo a los lugares donde vive la gente, y no a la inversa,
como han intentado hacer las políticas de empleo de las últimas décadas.
Políticas que han tenido escasos beneficios, pero sí grandes costos, en términos de desarraigo de las personas y de despoblación del territorio y pequeñas ciudades.
En la medida en que reduciría los elevados niveles actuales de
desempleo estructural, y aumentaría el empleo de recursos de los
territorios ahora no utilizados, el fondo permitiría aumentar el crecimiento potencial de la economía. Los resultados de este crecimiento, en términos de ingresos públicos, permitirían cubrir buena parte de los costes.
El desempleo no es una fatalidad inevitable de la economía de mercado. Tampoco, como algunos piensan, producto de la indolencia de las personas desempleadas. Es el resultado de la falta de mecanismos adecuados para hacer efectivo el derecho al empleo.
¿Cómo hemos garantizado el derecho a la sanidad, la educación o
las pensiones? Creando mecanismos públicos dotados de recursos
financieros y organizativos: Sistema Nacional de Educación, Sistema
Nacional de Salud, Seguridad Social. De la misma forma, el Fondo
Nacional para el Pleno Empleo sería el instrumento para dotar de
contenido real al derecho al empleo." (Antón Costas, El Periódico, 22/05/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario