"El problema de fondo no es subir o bajar impuestos, sino acabar de una vez por todas con la austeridad fiscal. (...)
Lo más lamentable es que muchos responsables de la cosa pública aún siguen sin enterarse de lo básico. Los gobiernos no son ni familias ni empresas. Tienen el monopolio de crear dinero.
El entorno actual permite aplicar otras políticas alternativas que no
se están utilizando.
Los países que disponen de soberanía monetaria,
tipo de cambio flotante, y emiten deuda soberana en su moneda pueden
dedicar las políticas fiscal y monetaria a garantizar que el gasto
doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo.
Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. Muchos ni se enteran.
Nos llevan engañando demasiado tiempo, pero quienes así actúan, y se
jactan de ello, aún no se han enterado de que otros, desde el Golfo de
Malaca, les han robado la cartera, de manera que la principal fuerza económica, tecnológica y financiera del mundo ya no es occidental.
Pronto no lo será ni tan siquiera militarmente.
Todo un ejemplo de
reversión a la media histórica. Las bases teóricas que han sustentando
la política económica de las últimas cuatro décadas son un cuento de
fantasía, mejor dicho, seamos concisos, son un tocomocho, una auténtica 'fake news'.
En nuestra querida España el Totalitarismo Invertido en el que vivimos
intenta defenderse como gato panza arriba con tal de mantener el
statu-quo. Pero su tiempo también se ha agotado.
Si analizamos el balance del Eurosistema se observa cómo ha aumentado su
tamaño de 4,7 billones de euros a finales de 2019 a los 6,2 billones.
Sin embargo, la sorpresa se detecta en su composición. La mayoría del
incremento de su activo, en más 900.000 millones de Euros, ha sido
préstamos al sistema bancario para evitar problemas de liquidez e
insolvencia del mismo.
Arrastramos las malas
decisiones económicas de la Gran Recesión, donde no se limpió el balance
del sistema bancario a costa de acreedores, con las
consiguientes quitas de deuda. Por el contrario, la financiación en
mercado secundario a los gobiernos se incrementó en una cuantía que
apenas llega a los 500.000 millones, insuficiente teniendo en cuenta el
destrozo económico que se ha producido. Detrás de ello los temores a que
Bruselas acabe exigiendo duros ajustes fiscales en los años venideros.
Europa sigue trabajando, erróneamente, en el marco de la
austeridad fiscal. Y esto empieza a ser un serio problema. La
imaginación política es muy escasa y asume el actual paradigma fracasado
por encima de todo.
Mientras desde las formaciones conservadoras se intenta persuadir al público de la necesidad de austeridad
después de que la crisis disminuya; desde las formaciones de izquierda
se contrarresta estas propuestas, pero dentro del marco ortodoxo, vía
aumentos de impuestos. El problema de fondo es otro, se debe abandonar
la austeridad fiscal. El gobierno no es ni se comporta como una familia o
como una empresa.
Las propuestas desde la derecha incluyen la transferencia de los costes de la covid-19 a los pensionistas y a los trabajadores, vía devaluación salarial,
retraso de los aumentos del salario mínimo, y recorte del gasto. Estos
recortes colocarían gratuitamente la carga financiera sobre los hombros
más débiles y nos comprometerían a otro ciclo de austeridad destructiva
en el futuro.
La izquierda contrarresta estas propuestas, pero sólo
dentro del marco ortodoxo. Se admite que es necesario reembolsar el
déficit, pero que su coste debe ser asumido por los más ricos, como
parte de una reducción general de la desigualdad. Esto sólo busca
reorientar la austeridad, en lugar de rechazarla por innecesaria. Al
vincular su demanda de mejores servicios públicos con su deseo de hacer
frente a la desigualdad, se corre el riesgo de no lograr ninguna de las
dos cosas.
El papel de los impuestos
Una
descripción operativa del sistema monetario actual es fundamental.
Comprender que los préstamos crean depósitos (que a su vez crean
reservas, es decir, dinero endógenamente) es un punto de partida mucho
más realista que el punto de vista general de que los depósitos crean
préstamos. Por ejemplo, conocer que el gasto público crea reservas y
reduce los tipos de interés es vital para entender el mercado de bonos
de Japón. Por lo tanto, primero es el gasto y, después, el ahorro.
En este sentido los gobiernos deciden lo que gastan y seguidamente
determinan qué parte del flujo de renta y riqueza generada por los
sectores privados se retira del sistema vía impuestos. En definitiva,
los contribuyentes no financian nada. Tras decidir primero lo que gastan
y, después, el nivel de impuestos, la diferencia nos indicará el nivel
de emisión de deuda.
La Teoría Monetaria Moderna (TMM)
desde su inicio ha reconocido que el dinero de hoy en día y lo que se
llaman recursos reales -bienes y servicios- son dos cosas diferentes, y
que el dinero está necesariamente disponible para el gobierno según su
voluntad -sin coste o límite- desde el momento que los bancos centrales crean depósitos con pulsar teclas de ordenador.
Además, los límites del gasto total radican en la disponibilidad de
recursos que se ofrecen a la venta, y el gasto más allá de esos límites
se pone de manifiesto en el aumento de los precios (incluidos los
salarios), lo que comúnmente se denomina inflación. La TMM debería
convertirse en el nuevo consenso.
Bajo este planteamiento conviene que queden bien claras
ciertas aseveraciones. Las obligaciones tributarias crean vendedores de
bienes y servicios que desean la moneda del gobierno a cambio. Esto
permite que el gobierno se provea a sí mismo mediante el gasto de su
moneda, que de otro modo no tendría valor. El gobierno y sus agentes son
la única fuente de los fondos necesarios para pagar los impuestos. Los
bancos centrales son agentes del gobierno; pueden crear saldos de
cuentas -dinero- con sólo pulsar una tecla.
Las monedas de hoy en día son los créditos fiscales que exigen los gobiernos para el pago de impuestos.
La deuda pública ya es "el dinero" -los saldos de cuenta en el Banco
Central gastados por el gobierno que aún no han sido utilizados para
pagar impuestos-, y lo que se llama "pago de la deuda pública" no es más
que el desplazamiento de esos saldos entre cuentas en el Banco
Central. La capacidad de pago del gobierno no es un problema. Es
enteramente una cuestión de voluntad de pagar.
Los
impuestos sí que pueden tener dos funciones usualmente olvidadas:
limitar el poder económico de ciertos grupos de presión (esto Frank Delano Rooslvelt
lo entendió perfectamente); y orientar el modelo productivo, donde, a
diferencia de lo que ocurre hoy en día, se debería castigar fiscalmente a
los extractores de renta mientras se favorece la actividad productiva.
Las grandes corporaciones en las cuatro últimas décadas han acumulado
poder, además de extraernos rentas. ¡Blanco y en botella!" (Juan Laborda, Vox Populi, 09/07/20)
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