"(...) En tres semanas, 1.000 puestos de trabajo desaparecerán carbonizados. Su
defensa, un combate que estalla contra el calendario y este asalto se
pelea contra el insomnio. (...)
Mañana hay mani y huelga general en la Mariña. Son las 2.51 de madrugada
y los trabajadores se aferran a la fábrica y los locales del Comité de
Empresa de Alcoa, la única, la última fábrica de aluminio primario de España, a kilómetro y medio de San Cibrao. (...)
"No, esto no es sólo un empleo. Esto no es un supermercado que cierra y
quedan otros 200 abiertos. Esta fábrica son tapas de yogur, blísteres
para medicamentos, aviones, llantas de camiones, envases de pintalabios,
latas de refrescos", dice Rubén Balseiro Otero, de 41 años, mecánico. Aquí todos se saben los números. Hay que entenderlos.
Alcoa Aluminio Español son 534 trabajadores que se van al paro.
El 85% de una plantilla de 633. Recuerden ese porcentaje, es importante.
Hay más. Es todavía más sangre. Son otros 500 trabajadores de empresas
auxiliares que se van con ellos. Esos mil trabajadores al agujero del
paro representan el 10% de la población activa de la Mariña Lucense y
son, además, los que tienen los sueldos más fijos y más altos -una media
de 1.600 euros al mes-, el pilar de la comarca de la Mariña, el 30% de
su Producto Interno Bruto.
-Esto es como un dominó, cae Alcoa y cae detrás toda la Mariña— sentencia Rubén. (...)
- ¿Tú sabes quién era el conde de Fenosa?— pregunta.
[Pedro Barrié de la Maza
fue nombrado conde de Fenosa por el dictador Francisco Franco en 1955.
En 1943 había creado Unión Fenosa y tenía el monopolio de la
electricidad en Galicia. En líneas muy resumidas era una "de las
eléctricas"]
Y se responde.
-Pues era un tipo que necesitaba vender electricidad. Y para eso se creó una fábrica de aluminio, para que él hiciera millones.
En el aluminio, todo pasa por la electricidad.
De la electrólisis a las facturas. Alcoa Aluminio Español son 250.000
toneladas anuales de aluminio y supone el dos por ciento del consumo
nacional de electricidad.
No lo pillo a la primera. Me está midiendo. Zan, de 42 años, mira con escepticismo. [En su interior piensa: Este periodista no se entera de nada, y es verdad, nunca he leído ni sabido de aluminio](...)
El tema es
complejo. Es de los que va recogiendo trozos de papel por la mesa y
explica al ritmo de un bolígrafo que traza siglas, círculos, líneas,
flechas y cuadrados. Cuando empecé a entender ya había estallado el día.
Pero sólo para cubrirse de nubes y paraguas. De ese verdegrisoscuro
que en Galicia orbaya hasta en verano.
No se detuvo en
esto. Me detengo yo porque amerita inciso. [Zan, te dije que al llegar a
casa haría los deberes] Al inicio de la guerra civil, en Galicia había
dos eléctricas. La del conde de Fenosa y Electra Popular Coruñesa,
propiedad de José Miñones, que además era diputado republicano. A
Miñones lo fusilaron. Requisaron su empresa. Se la entregaron al conde.
Ya sólo quedaba una. Cuando el mercado no funciona a gusto de quien
manda, se interviene el mercado. A cualquier precio. Con el dinero de
verdad no se juega. No se ha jugado nunca. Fin del inciso.
Esta industria
nació en 1958 con el nombre de Inespal (Industrial Española del
Aluminio) Entre sus funcionalidades, la de consumir mucha, muchísima
electricidad en un mercado de la electricidad controlado por actores con
mucho poder. Llegó a emplear a 4.500 personas. Pasaron las décadas.
Los
últimos gobiernos socialistas de la era Felipe González
comenzaron un proceso de privatización que culminó en 1998 con su venta a
una empresa estadounidense, Alcoa. Aquel fue uno de los últimos
coletazos de la primera reconversión industrial. De las 11 fábricas
originales en 2014 ya sólo quedaban tres. Es la economía, estúpido,
dicen algunos. Una en Coruña, otra en Avilés y esta, en Lugo.
En 2018 Alcoa vendió Coruña y Avilés
a una empresa suiza. Fondos, las llaman ahora. Empresas que compran,
limpian de empleo, trocean con programas de apoyo público de nombre y
casuísticas cada vez más complejos para romper fronteras y vender de
nuevo rápido y con buena plusvalía los esqueletos de lo que habían
comprado.
Ya sólo queda
Lugo, donde se fracciona la empresa en dos una vez más. Alúmina y
Aluminio. Alcoa Aluminio, la que ahora va a cerrar, carga, además, con
633 trabajadores y un puerto anclado en su lista de activos. Zan explica
con tiro largo y a futuro. Por ese puerto entra el mineral que se funde
en las cubas de las que sale el aluminio. Por ese puerto puede entrar
dentro de un tiempo el aluminio fabricado en otro país donde la
electricidad cueste menos, donde los salarios sean menores, donde no
haya que cumplir criterios para descarbonizar la economía y respetar el
medioambiente.
La explicación de
Zan enfada a cualquiera: "Compraron un sistema productivo para
desmantelarlo, quedarse con el puerto y seguir metiendo el material en
España a través de empresas que producen más lejos, fuera del radar, más
barato, peor, contaminando más. La ecología del avestruz, corro y meto la cabeza en un agujero para no ver lo que sucede a mi alrededor"
Para gestionar ese
puerto una vez cerrada la empresa, pura operatividad, sólo hace falta
quedarse con el 15% de los trabajadores. Hay que despedir al 85%.
Además, cuando se trata de empresas privadas que han recibido
multimillonarias inyecciones de dinero público -en este caso hasta 36
millones de euros sólo para mantener el empleo, según ha explicado el
propio presidente del Gobierno- existe una cláusula que las exime de
devolver esas ayudas en caso de catástrofe laboral. Definamos catástrofe
laboral como prescindir del 85% de la plantilla. Todo tiene un porqué.
Sobre todo, las paradojas. El despido colectivo que se hará
efectivo en unas semanas anula la devolución de 36 millones de euros de
las arcas públicas cobrados para evitar esos mismos despidos.
Si ese cheque parece generoso, aún queda por explicar el mayor de todos.
La industria del aluminio se define a través de una palabra rara: hiperelecrointensiva.
Consume muchísima electricidad. La electricidad supone hasta el 45% de
su coste de producción. La electricidad es cara por una serie de
factores. Inmersos como estamos en un proceso de transición ecológica,
incorpora el precio de la descarbonización, de la modificación de los
combustibles con los que se produce.
Pero no sólo. También es cara
porque las eléctricas tienen un gran poder de negociación a la hora de
vender su producto. Es sabido que por sus consejos de administración han
pasado decenas de exministros y los expresidentes José María Aznar
y Felipe González. Las eléctricas, como hizo en su día el conde de
Fenosa, saben de buenos negocios y de los movimientos políticos que los
garantizan.
Y Zan responde con
su lectura de macroeconomía y estrategia. "No puedes competir si pagas
un CO2 muy alto en la factura de la electricidad. España deja meter
aluminio de países que no cumplen los estándares internacionales, por
eso la Unión Europea ideó las compensaciones por gases de efecto
invernadero. Esas ayudas consisten en disminuir las diferencias de
precio entre nosotros y otros países para que no deslocalicen la
empresas. Yo, gran consumidor, acuerdo contigo, gran productor, y pacto
contigo lo que te voy a comprar. Tú te comprometes a darme una cantidad
de electricidad producida de determinada manera.
Te garantizo un consumo
continuado a diez años y me haces un precio. Esa garantía de consumo y
precio es el aval con el que voy al banco a pedir dinero para pagarlo.
El Estado no está defendiendo que se cumplan esos acuerdos. Porque no se
toca el negocio de las eléctricas. Sube el precio de la
electricidad y la decisión política española es no inyectar dinero para
rebajarlo. El resto de Europa está pagando menos por la electricidad que
España y la industria española se hunde".
El precio de la
electricidad lo regula el Gobierno. Del precio que se marca, las
eléctricas extraen su beneficio. Con la electricidad más cara, más
beneficio para las eléctricas y menos competitividad para el
aluminio. Con la electricidad más barata, menos beneficio para las
eléctricas y más competitividad para el aluminio. De ahí que la clave
para la superviviencia de esta fábrica esté en la aprobación de un
estatuto electrointensivo: un precio de la electricidad que permita la
supervivencia del aluminio.
Zan lo explica
así: "Pasa lo mismo que con las becas. Tú tienes un dinero a repartir.
Contra más becas des, más pequeña es cada una. El Gobierno español
decide la cantidad de dinero público que dedica a mantener el precio de
la electricidad. Si ese dinero se inyecta en unas pocas empresas,
digamos 100, las que más electricidad consumen, hay más dinero a
repartir y baja el precio del aluminio. Si ese dinero se inyecta en
muchas empresas, digamos 600, toca mucho menos a repartir para las que
consumen desproporcionadamente mucho más, el aluminio, por ejemplo. Sube
el precio del aluminio.
El aluminio deja de ser competitivo y la
electricidad da más beneficios. Se condena al aluminio al cierre
mientras las eléctricas siguen vendiendo su producto, electricidad, con beneficios
asegurados en un mercado regulado por el Gobierno. Si el precio de la
electricidad en España se sitúa por encima de la media europea, como
está sucediendo, el aluminio no puede competir, nosotros nos hundimos y
ese exceso de precio es una subvención multimillonaria indirecta del
Gobierno al negocio de las eléctricas".
El gobierno que
toma esa decisión, política, de distribución de recursos entre las
eléctricas y el aluminio está en Madrid y es un gobierno de coalición
entre el Partido Socialista Obrero Español y Podemos.
"Te apuesto lo que
quieras a que Teresa Ribera, la ministra de Transición Energética acaba
sentada en el Consejo de Administración de las eléctricas. No sería la
primera ni la última, ellos sí que saben asegurarse el futuro".
Zan saca el móvil. Para ellos, esta es la historia de una traición política. El eterno donde dije digo, digo Diego que
va repitiendo una y otra vez con tono cada vez más agrio mientras busca
dos vídeos. Uno del presidente Pedro Sánchez, del Partido Socialista y
otro de Yolanda Díaz, la ministra de Trabajo, de Podemos. [Al Partido
Popular lo dan todos por perdido desde antes de empezar] (...)
Como siempre,
duele más el golpe de quienes sienten, sentían al menos, más próximos.
Es el caso de Yolanda Díaz. Ni está ni se la espera en las
movilizaciones actuales. Galicia vota en unos días. Ni está ni se la
espera en la campaña electoral de la Mariña Lucense.
"No se atreverá a venir, ya sabe ella por qué", dice Zan, sentado ante una foto en blanco y negro de Marcelino Camacho,
fundador de Comisiones Obreras. "Ella le dice al PSOE cómo son las
cosas y tres meses después se encuentra gobernando con ellos. Una cosa
es meterse tras una pancarta y otra es venir aquí y solucionar un
problema".
Me revuelvo. Es incómodo de escuchar.
"Tú mételo como
quieras, pero cuenta la verdad", me reta. "A ver si te dejan poner
esto", espeta. Y sigue: "Nos está cerrando el gobierno del PSOE y
Podemos y ellos siguen con la matraca del Partido Popular. Además, nos
van a aplicar la reforma laboral del Partido Popular y ya". Se
enciende y acelera. "A cambio de entrar en el gobierno, Podemos accedió a
que el PSOE esté haciendo una segunda reconversión industrial, la
definitiva, es indignante".
Me revuelvo más aún. Dejo el bolígrafo sobre la libreta ante la siguiente frase. La repito. La ratifica. La escribo.
"No vale decir que el país se está llenando de fascistas y luego arrojar a la gente a sus brazos. Luego dicen que suben los de Vox. Lo raro es que no suban más".
Hay frases que son
incómodas hasta de escribir. Miro a mi alrededor. Callan. Todos estamos
incómodos. Zan pide la intervención, la nacionalización de una
industria estratégica. Al menos una intervención temporal. "Hasta que el
marco energético sea estable. Hasta que sepamos el coste real de la
electricidad para los grandes consumidores, con tiempo para buscar el
mejor plan de viabilidad y un nuevo comprador. O que se la quede el
Estado si es rentable. Que el Estado se quede con parte del accionariado
y pueda controlar las decisiones estratégicas".
(...) búsquedas en
Google de una confirmación. La del nombre de la ministra que dijo que no
se podía intervenir Alcoa porque "no estamos en una economía
estatalizada, no estamos en un régimen comunista". Fue Magdalena Valerio, entonces, hace apenas medio año, sentada en el mismo Ministerio de Trabajo en el que ahora se sienta Yolanda Díaz.
-Que se lo pregunten a Bankia o a las cajas si se puede estatalizar una empresa— sentencia Zan. (...)" (Alberto Arce, Público, 03/07/20)
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