"La declaración del estado de alarma por la pandemia del coronavirus provocó un hundimiento del PIB inédito
en la historia en tiempos de paz. Una buena parte de esta factura la
asumió el sector público al hacerse cargo de las cotizaciones sociales
de las empresas y de las rentas de trabajadores y autónomos.
Sin estas
medidas, la desigualdad entre los trabajadores se
habría disparado a cotas históricas, ya que mientras unos siguieron con
su actividad habitual, otros tuvieron que parar por el cierre económico.
Gracias a estas medidas, el Gobierno evitó que se disparara la desigualdad. Así lo pone de relieve un estudio
realizado por CaixaBank Research analizando la evolución de tres
millones de nóminas de su cartera de clientes. Aunque la muestra pueda
estar algo sesgada, principalmente por la distribución geográfica de la
entidad, es la mayor base de datos de ingresos de los hogares analizada en alta frecuencia.
Además, la información está desagregada para distinguir entre nóminas y
prestaciones públicas, lo que permite hacer un seguimiento de la
evolución del mercado real y de las ayudas del Estado.
Los resultados del análisis muestran que el porcentaje de trabajadores
que hubieran perdido todos sus ingresos entre marzo y abril se habría
disparado por encima del 30% si no hubiese existido la
acción estabilizadora del sector público. En febrero, el porcentaje de
trabajadores sin ingresos se disparó hasta el entorno del 33%, esto es,
uno de cada tres. Este dato muestra la magnitud de destrucción de empleo
que se produjo como consecuencia del cierre económico.
Sin embargo, el sector público actuó como un amortiguador para las familias
gracias, principalmente, a los ERTE (expedientes de regulación temporal
de empleo) y al cese de actividad de los autónomos. Estas dos medidas
evitaron que se multiplicara la desigualdad derivada de la acción del
sector privado. El número de trabajadores sin ingresos (incluye todos
aquellos que no cobraron los ERTE pese a tener derecho a su prestación)
se incrementó hasta el 10%, muy lejos del 30% al que habría llegado sin
la intervención del Estado.
“El papel del sector público, por tanto, está siendo clave para
amortiguar el impacto de la crisis”, explican los investigadores de
CaixaBank. El sector público evitó graves problemas económicos en muchos
hogares, pero no en todos. En torno al 10% de los trabajadores perdió
todos sus ingresos, una situación que contrasta con el porcentaje del 4%
que ocurre en un mes habitual. El Estado fracasó a la hora de proteger a muchos hogares
vulnerables por dos motivos. El primero es que los ERTE generaron
muchos problemas burocráticos que evitaron el pago durante meses. El
segundo es que el retraso en la aprobación de una renta de emergencia, el ingreso mínimo vital, dejó en la cuneta a una parte de la población más necesitada.
En cualquier caso, la acción del sector público logró evitar que se
disparase la brecha entre trabajadores durante los primeros meses del
estado de alarma. El principal indicador que se utiliza para medir la
desigualdad es el índice de Gini. Según los datos de CaixaBank, este
índice subió nada menos que un 25% antes de las
transferencias del sector público. Una cifra inédita de aumento de la
desigualdad, pero que es coherente si se tiene en cuenta que más de tres
millones de trabajadores acabaron en ERTE. “Nunca habíamos observado
variaciones de esta magnitud en un mismo país en un periodo de tiempo
tan breve: en tan solo dos meses aumentó un 25%”, equivalente a la
diferencia de desigualdad existente entre Alemania y EEUU.
La acción estabilizadora de las prestaciones públicas evitó tal aumento
de la desigualdad, aunque no impidió un cierto repunte. En concreto, el
índice de Gini subió en 4 puntos, muy lejos del 25% que
habría subido solo con la acción del mercado laboral. “El índice de
Gini también refleja el importante papel que está jugando el sector
público”, señalan los analistas de CaixaBank. “Cuando tenemos en cuenta
los esquemas de soportes de rentas del sector público, como pueden ser
las prestaciones por desempleo o las que reciben los trabajadores que se
encuentran en un ERTE, el aumento del nivel de desigualdad es también
pronunciado, pero muy inferior” al que habría ocurrido en ausencia de
estas ayudas. (...)" (Javier G. Jorrín, El Confidencial, 30/07/20)
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