1.9.20

Por qué España tiene el peor dato del Covid-19... "falta velocidad” a la hora de cortar de raíz las cadenas de transmisión. No hay anticipación, se llega tarde. Y esto se explica, en parte, por la debilidad del sistema de trazabilidad de los contactos... ¿Cómo puede ser que en septiembre estemos buscando todavía rastreadores? En todo el país debería haber “entre 18.000 y 20.000”

 "Si la primera oleada de coronavirus en el Viejo Continente comenzó castigando con fuerza a Italia, la segunda ha empezado centrando el foco en España. (...)

La semana pasada, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes), Fernando Simón, reconocía “cierto nivel de transmisión comunitaria” en el país. Además, los datos que ofrece diariamente Our World in Data, un proyecto de la Universidad de Oxford, también llevan a pensar que lo que algunos han llamado segunda ola no está del todo controlada. Un ejemplo de ello lo encontramos en el porcentaje de positivos sobre los test realizados. Para la OMS, superar la barrera del 5% es un indicador de cierto descontrol. En el caso de España, se situaba en un 8,4% a fecha de 20 de agosto.  (...)

Sí que lo tiene claro Bengoa, el médico que cimentó las bases de la Osakidetza y que trabajó como asesor de Barack Obama para la reforma sanitaria estadounidense. En su opinión, la clave se encuentra en el mal estado de la “salud pública”, un esquema que es necesario reforzar con urgencia ante la inminente y preocupante llegada del otoño. “Los expertos llevamos desde el mes de abril avisando de la necesidad de potenciar la atención primaria y el rastreo”, especifica el especialista (...)

Para Bengoa, “falta velocidad” a la hora de cortar de raíz las cadenas de transmisión. No hay anticipación, se llega tarde. Y esto se explica, en parte, por la debilidad del sistema de trazabilidad de los contactos. El seguimiento de contagios es fundamental. Y así lo llevan avisando los epidemiólogos por activa y por pasiva desde el inicio de la crisis sanitaria. “¿Cómo puede ser que en septiembre estemos buscando todavía rastreadores?”, se pregunta Bengoa. 

A finales de abril, la OMS y el ECDC aseveraron en un documento que esta práctica era “prioritaria” para “reducir el riesgo de una nueva escalada de contagios al retirar las medidas de distanciamiento social”. Pocos días después, el Ejecutivo de Pedro Sánchez presentaba el Plan para la transición hacia una nueva normalidad. Y en él, los rastreadores eran un pilar fundamental a la hora de ir dibujando la desescalada. Así, de cara a los cambios de fase, los diferentes territorios tenían la obligación de informar al Ministerio de Sanidad del “número de profesionales de los servicios de vigilancia epidemiológica dedicados a la respuesta del covid-19 en relación con el número de casos diarios detectados”.(...)

En ningún momento el departamento dirigido por Salvador Illa ha fijado unas horquillas sobre la cifra de rastreadores que debe tener cada región en función de sus necesidades poblacionales y epidemiológicas. Sin embargo, a nivel internacional sí que se ha apuntado que una tasa óptima podría estar en los 18 profesionales por cada 100.000 habitantes. O lo que es lo mismo, uno por cada 5.500 personas. En Estados como Alemania, han preferido establecer la obligación de contar con un buscador por cada 4.000. En el caso de Italia, el Gobierno aseguraba hace pocas semanas que la “mayoría” de las regiones contaban con uno o más por cada 10.000 habitantes.

 En España, sin embargo, algunas de las comunidades autónomas ni siquiera llegan todavía a ese ratio, que tampoco llega a ajustarse del todo a las recomendaciones internacionales. Madrid, la zona que más preocupa a las autoridades sanitarias actualmente, tiene unos 560. Es, aproximadamente, uno para cada 12.000 habitantes y menos de 10 por cada 100.000. En Navarra, la cifra está en uno por cada 17.200. Otras muchas regiones, no obstante, sí que se ajustan a los estándares recomendados.

“Lo que no se puede es identificar a alguien y que luego, por no tener suficientes rastreadores, no se pueda actuar con los contactos con la suficiente rapidez como para que se confinen o se hagan la prueba”, señala Bengoa, que cree que en todo el país debería haber “entre 18.000 y 20.000” profesionales dedicados a estas labores. En esta cuestión también pone el acento Ángela Domínguez, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública y miembro del Grupo de Investigación de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles de la Universidad de Barcelona. 

En su opinión, la debilidad en este sentido ha podido contribuir al importante incremento de los casos en las últimas semanas. “En cuanto aparecen los casos, hay un problema a la hora de ir cortando cadenas de transmisión si no se puede identificar de manera adecuada a todos los contactos”, apunta.(...)

¿Pruebas suficientes?

Los expertos consultados también identifican otro problema a la hora de cortar a tiempo los contagios: las pruebas. Es cierto que la situación es actualmente muy diferente a la que se vivió en los primeros compases de la pandemia. Por aquel entonces, se buscaba desesperadamente el material necesario. 

A finales de abril, la tasa de PCR se encontraba en unas 20 por cada millar de habitantes, según los datos del Ministerio de Sanidad. Ahora, en 120. Sin embargo, les preocupa que se produzcan tapones en los laboratorios. “Si los resultados tardan muchos días, no se puede actuar en todo ese tiempo, en caso de que sea positivo, para identificar a los contactos”, expone Domínguez. 

En algunos casos, la demora puede incluso llegar a superar la semana. Es un problema que se concentra, sobre todo, en Madrid y Castilla y León. Y la explicación se encuentra en la escasez de los reactivos necesarios. Desde la Asociación Española de Técnicos de Laboratorio (Aetel) lamentan que no se hayan aprovechado las semanas de tregua para hacer almacenaje y que siga habiendo falta de personal para una labor tan necesaria. (...)

El volumen de pruebas realizadas es, por tanto, mayor. Pero, ¿el alcance de las mismas es suficiente para localizar buena parte de los contagios? Para analizar esto, la Universidad de Oxford plantea poner la lupa sobre la cantidad de PCR por caso confirmado. Si la cifra es baja, es poco probable que las pruebas estén siendo lo suficientemente amplias como para localizar todos los casos. La OMS ha señalado en este sentido que una horquilla adecuada debería moverse entre las 10 y las 30 por cada positivo. Dentro de ese rango, España está en la escala más baja. Según Our World in Data, a fecha 20 de agosto eran 11,9. Sólo Croacia y Ucrania tenían peores cifras: 8,7 y 8,6, respectivamente. (...)

Sin embargo, algunos expertos creen que es necesaria una mayor transparencia por parte de las administraciones para poder identificar de forma más rigurosa dónde se encuentran los agujeros que expliquen el preocupante repunte de casos en nuestro país. Esta semana, el jefe de servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla sostenía en una entrevista con el diario El País que es necesario tener indicadores para conocer si está funcionando correctamente el diagnóstico precoz de pacientes con infección o la detección inmediata de los contactos.

 “Sería clave saber, ajustado por población, el número total de pruebas PCR realizadas, las hechas para diagnosticar casos sospechosos de infección y las llevadas a cabo en el rastreo de contactos. También sería primordial saber el tiempo medio de respuesta diagnóstica, es decir, el tiempo transcurrido desde que se produce la consulta del caso índice hasta que se dispone de los resultados de su PCR y los de sus contactos identificados”, apuntaba. Y no estaría mal, añadía, que el ECDC liderase “un cuadro de mandos con indicadores de calidad comunes y obligatorios para todos los Estados”.

Falta de velocidad en los confinamientos

La falta de potencia en el rastreo de contagios no es el único escollo a superar. También está, en opinión de Bengoa, el normativo. “Falta velocidad en los confinamientos”, sostiene el especialista. Durante la primera oleada, en España el encierro fue generalizado tras la declaración del estado de alarma. Ahora, sin mando único, son las diecisiete comunidades autónomas las que se tienen que enfrentar al repunte de casos a través de las medidas que crean pertinentes. 

Sin embargo, deben contar con el aval judicial. Eso puede provocar disparidades entre territorios. Es lo que ha pasado, por ejemplo, con el cierre del ocio nocturno o la prohibición de fumar. La orden acordada entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades fue anulada por la justicia sólo en Madrid y ha sido necesario esperar al Tribunal Superior de Justicia para que echase a andar. (...)

El exdirector de Sistemas de Salud de la OMS cree que en una crisis sanitaria de estas dimensiones no hay tiempo que perder. Y señala que la demora hasta la validación del juez puede provocar que la epidemia “ya esté fuera de control”. En el caso de Italia, donde las competencias en materia sanitaria también están transferidas a las diferentes regiones, el estado de emergencia todavía sigue vigente. Y se ha ampliado, de momento, hasta el próximo 15 de octubre, una decisión que en su momento recibió feroces críticas de la oposición. 

Este escenario permite a las autoridades poner en marcha medidas restrictivas de forma más rápida y sencilla. Sin necesidad de autorizaciones externas. En cuanto se detecta un brote, se impone la cuarentena obligatoria alrededor de un edificio, un centro de trabajo, un barrio, un distrito o un municipio completo en función de la gravedad. Luego se hacen pruebas a todos los afectados y nadie puede abandonar su domicilio hasta que no haya dado negativo en dos exámenes seguidos. Quien se salte la cuarentena, multa de 1.000 euros. Y se puede enfrentar, incluso, a penas de prisión.

¿Un relajamiento de las medidas de seguridad?

Intentando encontrar respuestas, Domínguez se detiene también en la desescalada. “Quizá hubiera sido conveniente ser más precavidos”, reflexiona al otro lado del teléfono. Aunque a “toro pasado”, reconoce, hacer este análisis es demasiado fácil. De todos modos, en su opinión la principal causa que podría explicar este repunte de los datos en suelo español pueda estar en la relajación de las medidas de seguridad durante el verano. Esa es la “hipótesis razonable” –y recalca este término– que baraja también Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). (...)

En su opinión, por tanto, el foco debería ponerse más en el cumplimiento de las medidas de protección –lavado de manos, uso de mascarillas y distancia de seguridad–, la primera muralla en la lucha contra el coronavirus. “No se han usado bien en algunos contextos, algo que coincide con la experiencia personal que muchos podemos tener”, dice. No obstante, señala que esta hipótesis se sostiene sobre “impresiones”. 

Principalmente, porque no hay suficientes datos objetivos que permitan analizar si hechos concretos que se ven diariamente coinciden con la tónica general de todo un país o una comunidad autónoma. “No estaría mal tener sistemas de información para poder monitorizar el cumplimiento de las medidas de protección. Habría que pensar cómo se podría hacer. Se podrían desarrollar, por ejemplo, a partir del número de denuncias siempre que haya la misma vigilancia en cada territorio, se podrían usar las cámaras de las ciudades para comprobar, sin violar la protección de los individuos, si se está usando la mascarilla o si no se está respetando la distancia de seguridad…”, reflexiona.

En relación con el cumplimiento de las medidas de seguridad, el Imperial College London cuenta con un sistema de monitoreo del comportamiento de los ciudadanos basado en encuestas. Y los datos relativos a España no son del todo malos. En nuestro país, un 94% de los preguntados durante la tercera semana de agosto aseguraba llevar la mascarilla puesta fuera de los domicilios, frente al 80% de los italianos, el 75% de los franceses, el 65% de los alemanes o el 57% de los británicos.

 También superamos a todos estos países en el lavado de manos o en la utilización de geles hidroalcohólicos. Exactamente lo mismo pasa cuando miramos el indicador relativo a la asistencia a sitios concurridos. En España, los esquivan siempre el 57% de los encuestados. En Alemania, esa cifra baja hasta el 48%, mientras que en Italia, Reino Unido o Francia el dato se sitúa en el 47%, 46% o 37%, respectivamente. Es decir, en nuestro país se procura mantener más la distancia de seguridad que en otros de nuestro entorno. Incluso se evita mucho más que en todos estos Estados europeos llevar invitados a casa.

Un turismo ligado al ocio nocturno

A pesar de estos datos, es cierto que durante los últimos meses se han visto algunos comportamientos en suelo español bastante preocupantes en época de pandemia. El pasado fin de semana, por ejemplo, la Policía Local desalojaba en Hellín (Albacete) una fiesta con 200 personas en la que reinaba el alcohol y las mascarillas estaban desaparecidas. Una irresponsabilidad que también se produjo hace pocos días en un chiringuito de Torremolinos. 

“Hemos visto imágenes de ocio nocturno semimasivo que no hemos estado viendo en otros países europeos”, continúa Rodríguez Artalejo, que se muestra convencido de que las medidas de seguridad tampoco se están respetando de forma generalizada en las típicas reuniones familiares que se celebran todos los veranos. De hecho, a mediados de agosto, de todos los brotes que se habían detectado en nuestro país, el 34% se habían producido en el ámbito social. Reuniones, fiestas, actividades relacionadas con el ocio… En menor medida, el 21%, se había detectado en ambientes laborales.

Esto podría llegar a explicar, en parte, una diferencia notable entre los países nórdicos y España. (...)

“En Italia tengo la sensación de que la actividad turística está más vinculada a la cultura, mientras que en España está mucho más ligada al ocio nocturno”, continúa. No obstante, algunas especialistas italianas, como la profesora de Microbiología Andrea Crisanti, han llegado a deslizar que el país vecino podría estar detectando menos de lo que debería.

La catedrática de la Universidad de Barcelona añade a todo este cóctel explosivo un último elemento: la ruptura del aislamiento por parte de ciudadanos. De nuevo, no se sabe si esto es algo aislado o generalizado en todo el país. Sin embargo, es un problema que puede estar ahí. De hecho, una encuesta interna de la Generalitat de Cataluña realizada a partir del circuito de rastreo de casos ha puesto en evidencia que un 45% de las personas que han estado en contacto con un positivo por coronavirus no cumplen la cuarentena de forma correcta

 Una cifra que se reduce al 13% cuando hablamos, directamente, de las personas enfermas, es decir, de los potenciales contagiadores. El problema, en la gran mayoría de los casos, se encuentra en la vulnerabilidad. Personas que no pueden dejar de acudir al trabajo porque están sin contrato y no pueden permitirse perder esos ingresos, aquellas que viven en pisos tan pequeños que no les permiten aislarse de la manera más efectiva, otras con familiares a su cargo… Porque si hay algo que nos ha quedado claro en estos casi seis meses de pandemia es que la variable socioeconómica también juega un papel relevante en la expansión del virus."        (Álvaro Sánchez Castrillo, InfoLibre, 31/08/20)

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