28.10.20

Vox ha sido el partido claramente perdedor de la moción... pero con una situación social, muy proclive a la inestabilidad, y más si la crisis nos golpea con más fuerza el año próximo, le queda mucho para desaparecer

 (...)  Vox ha sido el partido claramente perdedor de la moción. Y en momentos como este, con las crisis que viven Trump o Bolsonaro, con el descenso en el voto de Salvini y con las extremas derechas europeas en retroceso durante el coronavirus, parece que ese lado político va a ir perdiendo fuerza y apoyo, como si anunciara su dilución. 

Y ahí un triunfo de Biden, nos dicen, ayudaría mucho, ya que resolvería dos problemas de un golpe: habría una mayor simpatía por el multilateralismo y se daría la puntilla a las extremas derechas.

Pero, una vez más, conviene no confundir los pronósticos con los deseos. Nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, pero si echamos un vistazo al exterior, el panorama no es bueno

En primer lugar, por la situación social, muy proclive a la inestabilidad, y más si la crisis nos golpea con más fuerza el año próximo.

En segundo lugar, porque el programa de Trump, en lo referido al fortalecimiento nacional, va a perdurar y puede impregnar a países europeos. 

Tercero, porque el cambio en EEUU afectará a la UE de diversos modos: no olvidemos que las extremas derechas europeas, igual que el grupo de Visegrado, tienden a ser escépticas con la UE y cercanas a EEUU, como hemos visto en la moción de censura. 

Estos movimientos le vienen bien a la estrategia estadounidense para ganar poder: una UE débil tiene mucha menos fuerza en la negociación comercial y una UE dividida puede oponerse con menos convicción a los intereses estratégicos de EEUU.

La España pro EEUU y euroescéptica

Este posicionamiento no es nuevo en la derecha española. Recordemos la foto de las Azores, porque fue un momento muy llamativo. La decisión de invadir Irak, tomada unilateralmente por EEUU, fue secundada rápidamente por el Reino Unido, y de manera sorprendente por Aznar. Dejando de lado el fondo del asunto, la imagen fue significativa porque implicaba la separación de España de sus socios de esos instantes, Alemania y Francia, y de la misma UE, para situarse al lado de EEUU en una aventura improbable. 

Aquel neoconservadurismo de Bush Jr. impregnó nuestro país de una manera muy intensa, en forma y fondo, y no solo como una mera decisión coyuntural. Y lo hizo para no marcharse, porque el Partido Popular estuvo inmerso en él de una forma contundente durante mucho tiempo. De ese partido, intelectualmente liderado por FAES, ha surgido Abascal, y de ahí ha nacido Vox, que no es más que la continuación intensificada de aquellas posiciones.

Vox no hace más que seguir esa ideología, en cuanto a visión de la sociedad y en cuanto a alineamiento internacional. No es extraño que se signifique de una manera tan expresa en contra de China, ni que recoja los modos y formas de Trump y de los suyos, ni que tenga un programa de gobierno plenamente anclado en esa visión ideológica. 

Ese es el mundo del que forma parte y el que intenta implantar en España. Por eso insistía ayer Abascal en que los aplausos a la intervención de Casado le sonaban a la orquesta del Titanic, que tocaba mientras el barco se hundía.

Repasemos: crisis económica, tendencia hacia la digitalización, deuda elevada, tensiones sociales, tentaciones de fortalecerse por el lado nacional e intereses geoestratégicos. No sé el futuro que le espera a Vox tras el desastre de su moción de censura, pero juraría que a este tipo de visiones ideológicas les queda mucho para desaparecer, y más cuando las tensiones sociales suelen intentar manejarse desde regímenes más autoritarios que sofoquen el descontento. (...)"                 (Esteban Hernández, El Confidencial, 23/10/20)

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