A pesar de la catastrófica gestión de la pandemia, de la situación económica, del paro extremo, de la incompetencia en la gestión de las ayudas por covid, de la permanente falta de decencia con todo y todas, Trump ha sido capaz de mantener y aumentar su base en un contexto de gran movilización. Extremar y degradar el discurso hasta el límite ha generado grandes réditos para el GOP (Grand Old Party), especialmente en zonas rurales que concentran votantes de menor nivel educativo.
Segundo, hay un creciente solapamiento entre la polarización ideológica y la polarización espacial.
La distribución de preferencias deja muy poco margen para la construcción de coaliciones que incluyan a ambos grupos. La tensión entre las zonas urbanas y suburbanas, donde se concentran muchos votantes demócratas, y las zonas rurales donde se dispersa el pilar fundamental del voto republicano es un fenómeno transversal y hace depender los resultados de marginales muy pequeños. (...)
Como consecuencia, el trumpismo como forma de hacer política se normaliza y consolida unas diferencias estructurales entre demócratas y republicanos que se manifiestan tanto entre estados como dentro de cada estado. Estas diferencias hacen muy difícil avanzar en el desarrollo de políticas que hagan frente a problemas cada vez más urgentes.
El enquistamiento de la polarización, y su efecto negativo tanto en la capacidad de control político como en la capacidad de producir soluciones, tiene importantes consecuencias institucionales. Los poderes del Estado ya no son un elemento de cohesión sino una pieza de caza a beneficio de parte. Y una parte del espectro político está dispuesta a torcer las normas, formales e informales, hasta el límite. Lo acabamos de ver con la nominación exprés de Amy C. Barrett para el Tribunal Supremo y lo hemos padecido durante el proceso electoral. (...)
Pero sería un error concluir que una eventual victoria de Biden supondría una reafirmación de las glorias de los ‘founding fathers’ o un fortalecimiento de su capacidad para gestionar conflictos. El país seguirá dividido entre dos campos irreconciliables y sin capacidad real para crear puentes entre ellos, en parte por las limitaciones que imponen diseños políticos que benefician a una minoría cada vez más extrema.
El electoral college es una institución de marcado sesgo esclavista, establecida para proteger la influencia de las élites políticas del estado de Virginia (James Madison o Thomas Jefferson, entre otros) y ahí sigue, condicionando la elección de uno de los poderes del Estado en 2020. Gracias a este y otros muchos legados institucionales, una historia de vote suppression militante por parte de las élites de gran parte del país, las mismas que en 2013 consiguieron que el Supremo anulase importantes preceptos de la Voting Rights Act!, y una cambiante geografía económica y política, la democracia en América ha sido siempre un enfermo crónico. Y aquí seguirá, ni muerta ni sencilla." (Pablo Beramendi, CTXT, 05/11/20)
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