"Trump, el hombre desatado (...) A mí me sorprende que Trump sorprenda: ese prototipo de ególatra grotesco exhibe una sinceridad pavorosa, es transparente.
Sin menospreciar el apoyo de un partido republicano, que no desea la democracia sino una república oligárquica y que dejará caer a su candidato en cuanto huela a muerto, Trump es un hombre psicológicamente negado para trabajar por un bien colectivo.
No puede gobernar pensando un prójimo porque, sencillamente, no lo ve. Solo está dotado para ejercer un poder absoluto, rodeado de una corte de pelotas que asuman sin rechistar sus insensateces.
Ni tan siquiera como empresario levantó
mucho el vuelo, aunque hubiera un público dispuesto a creerse su papel
de triunfador en un show televisivo. (...)" (Elvira Lindo, El País, 08/11/20)
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