9.11.20

La gestión desigual de la crisis sanitaria pone a prueba el Estado autonómico 40 años después de su creación. “No puedes llevar un estadillo al día, hoy te abren el confinamiento perimetral de tres municipios y mañana te cierran cuatro... Justo tenía que llevar un cargamento a Chinchón y anuncian que lo cierran. Ya no sabes ni qué papel llevar encima. Esto es un sindiós”... “Es obvio que hay una utilización política de la pandemia”

 "Como en la primera ola, los chats de camioneros vuelven a ser un hervidero. En marzo y abril, en el momento más crítico de la pandemia, se avisaban de los contadísimos oasis, en la inmensidad de unas carreteras prácticamente vacías, donde podían comer caliente o ir al baño. Medio año después, las necesidades más básicas están cubiertas. Ya no son un lujo asiático. Pero ha surgido un problema imprevisto: la diferente aplicación en cada comunidad autónoma del estado de alarma. 

Un paraguas legal a la carta que hoy cumple dos semanas. “Bienvenidos a la cogobernanza”, ironiza el señor García, dueño de una flotilla de tráilers especializada en el transporte de material de construcción que opera por el centro del país. “Las normas cambian de un día para otro, es más difícil que sacarse un máster de esos. No sabes a qué atenerte. Por si no tuviéramos ya suficiente”, porfía.

La diferente reacción de los territorios para combatir al virus, cada cual con sus cierres perimetrales y toques de queda, o sectores como la hostelería directamente cerrados cuando una semana antes rebosaban, es la comidilla generalizada. Mientras, las comunidades se adentran en una fase nueva e incierta. Tras más de 40 años de traspasos de competencias, en los que España se descentralizó en un modelo que muchos consideran federal salvo por el nombre, la coordinación ante la covid se ha convertido en el gran reto del Estado autonómico. 

Barones territoriales y ministros del pasado y del presente coinciden en que la falta de lealtad institucional de algunos presidentes autonómicos entorpece la lucha contra un enemigo microscópico que, en función de dónde se viva o trabaje, trastoca las previsiones de hasta el más organizado.         

“No puedes llevar un estadillo al día, hoy te abren el confinamiento perimetral de tres municipios y mañana te cierran cuatro... Justo tenía que llevar un cargamento a Chinchón y anuncian que lo cierran. Ya no sabes ni qué papel llevar encima. Esto es un sindiós”   

Pese a tener un 40% menos de ingresos, haber reducido su plantilla de 51 a 35 trabajadores y sobrevivir con una decena de camiones varados, se considera afortunado.

Filosofía equivocada

“En la dinámica de construcción del Estado de las autonomías ha habido tal vez una sensación de que todo consistía en descentralizar. Pero como en todo Estado federal tiene que haber una capacidad de coordinación, de supervisión, de ordenación central. Yo creo que esa parte no ha funcionado con suficiente corrección”, reflexiona el jurista Tomás de la Quadra-Salcedo. 

“Esos son los mecanismos que hay que mejorar, porque hay como una especie de filosofía de que cualquier cosa que se coordine supone una limitación, una especie de ataque a las competencias. Pero, si algo desborda un territorio, ya no es competente para regularlo. Lo estamos viendo en la pandemia”.

(...) Ahora las dificultades son otras, como la funcionalidad de la conferencia de presidentes. “Los mecanismos de coordinación y de cooperación no se han desarrollado lo suficiente. Y luego está la falta de lealtad institucional, sobre todo por parte de territorios con partidos nacionalistas. Un problema que se da también de manera coyuntural en partidos nacionales que intentan sacar un rédito electoral”, observa. (...)

Es lo mismo que opinan en privado otros barones contemporáneos del PSOE. “Hay quienes en vez de gobernar para todos los ciudadanos de su territorio lo hacen para una parte”, alerta un veterano. “Es obvio que hay una utilización política de la pandemia”, sentencia otro líder territorial con galones, que destaca por otra parte que Vox, es decir la extrema derecha, entró hace dos años en las instituciones. “Su efecto es evidente.

 También influye la importancia de los nacionalistas, creciente desde los noventa, para aprobar los Presupuestos”. A falta de Quim Torra, inhabilitado en septiembre como president de Cataluña por un delito de desobediencia, todas las miradas se concentran en Madrid. Su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, apuesta personal de Pablo Casado, ha hecho del pulso con el Gobierno su tarjeta de presentación.

 (...)  Juan Carlos Rodríguez Ibarra, un histórico del PSOE y del Estado de las autonomías. "(...) mucha gente empieza a dudar del Estado autonómico porque no ven lealtad institucional ni responsabilidad en sus presidentes. ¡Resulta que lo que hacen es alinearse con sus partidos! En el PP el más libre es Feijóo porque tiene su propio peso político. No le ha puesto Casado”, prosigue el presidente de Extremadura de 1983 a 2007. (...)

“Lo que falla son ciertos mecanismos de control y una lealtad institucional que depende del funcionamiento de los partidos. No del entramado estructural que tenemos. Si los partidos no miran por el interés general, a la estructura territorial le pasa factura”, comparte el socialista Joan Lerma, presidente de la Comunidad Valenciana de 1982 a 1995 y último ministro de Administraciones Públicas de Felipe González. (...)              (José Marcos, El País, 08/11/20)

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