19.11.20

¿Qué cabe esperar de Biden? En primer lugar, China será el enemigo a batir... tratará de construir un bloque alternativo a China-Rusia sumando a la UE, a Gran Bretaña, a Australia, Japón y Corea del Sur. El objetivo explícito será reconstruir el Orden Liberal Internaciona. La confrontación será sistemática y a nivel global...

 (...) ¿Qué cabe esperar de la nueva administración? Habrá, seguramente, una reordenación de prioridades donde lo interno y lo internacional se solaparán en función de intereses del momento. Según algunos medios, estaríamos ante un programa económico y social marcadamente de izquierdas que significaría, en la práctica, una enmienda a la totalidad a la política seguida por Trump. Esto ya lo oímos con Clinton y con Obama.

Necesariamente tiene que haber un giro sustancial en el combate contra el virus, importantes inversiones en la sanidad pública y una mayor atención a las enormes desigualdades sociales y territoriales, sin olvidar la cuestión del desempleo que ha crecido mucho con la pandemia.

Los cambios, a mi juicio, vendrán de la política internacional de la nueva administración demócrata. En primer lugar, China será el enemigo a batir, el adversario sistémico (como lo denomina la UE) a contener y derrotar. Para EEUU es una cuestión existencial: no consentirán, repito, la hegemonía del viejo imperio en el hemisferio oriental. 

Hablar de cuestión existencial significa que irán en serio y hasta el final empleando todos sus enormes medios, todas sus capacidades, combinando poder duro y blando, guerras económicas e hibridas, el ciber espacio y la inteligencia artificial. Sin olvidar un asunto no siempre bien subrayado, su desequilibrante superioridad político-militar y geoestratégica. En segundo lugar, la estrategia va a cambiar. Será, por decirlo así, trilateral. 

EEUU sabe que, por sí mismo, no puede ganar esta la guerra y necesita aliados estables. Se trata de construir un bloque alternativo a China-Rusia a nivel mundial sumando a la UE, a Gran Bretaña, a Australia, Japón y Corea del Sur. La condición previa es que, de una y otra forma, los aliados cuenten, sean tomados en consideración e incorporados en las decisiones. Es lo que no supo ver Donald Trump. 

El territorio es favorable y el señor Borrell, disponible. Es más, Pedro Sánchez, discípulo siempre aventajado, habla ya de construir económica y políticamente un espacio transatlántico más allá de Berlín y de París. La UE quiere ser aliada privilegiada a cambio de renunciar a ser un sujeto político autónomo, un actor internacional con intereses propios y definidos; protagonista de un mundo multipolar en construcción. La Unión Europea parte de una alianza estratégica hegemonizada por los EEUU, Esta es la línea de demarcación decisiva que marcará el futuro de nuestro país.

 La OTAN, en tercer lugar, va a ser refundada por enésima vez. Será el eje vertebrador de la estrategia político militar ampliando, aún más, sus zonas de influencia. La llamada Defensa Europea queda así definida: fuerza complementaria y subalterna a la política global de la OTAN; es decir, de EEUU. Por último, en esta estrategia tendrá mucha importancia lo ideológico, la plataforma político-cultural que legitime el discurso de esta nueva etapa que se abre. 

El objetivo explícito será reconstruir el Orden Liberal Internacional frente a las viejas políticas de Donald Trump y el autoritarismo de China y Rusia. La nueva administración retomará viejos temas y viejas consignas en nombre del multilateralismo, el libre comercio y los derechos humanos. La confrontación será sistemática y a nivel global. 

Veremos la exigencia de derechos humanos en Bielorrusia, en Hong Kong, en China, en Rusia. En paralelo, el retorno a los acuerdos de París, a la OMS y, reservas, renegociar los acuerdos con Irán. (...)"                       (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 10/11/20)

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