17.11.20

Recuperando (desde la izquierda) el valor del Turismo

 "(...) El verdadero valor del turismo debe medirse por su capacidad para contribuir a un ecosistema económico equilibrado, en torno a una oferta territorial muy elaborada, en linea con las propuestas de los nuevos Sistemas Regionales de Innovación.  Se trata de conseguir una nueva competitividad basada en los incrementos de productividad agregados por un efecto de amalgamamiento de iniciativas multisectoriales y multidisciplinares diversas, publicas y privadas. Lo vemos enseguida.

 El turismo como músculo imprescindible del desarrollo equilibrado

Para empezar, el turismo es un aliado esencial de la produccion agroalimentaria local y un facilitador del reequilibrio de la estructura productiva: de un lado, porque reactiva los mercados de cercanía. La demanda que aportan los millones de personas desplazadas permite acortar la cadena de distribución y multiplicar hasta por 4 el valor retenido en los territorios productores. De otro, porque esa demanda agregada es más sofisticada que la local y ofrece una oportunidad única para revalorizar las materias primas locales -agrícolas, ganaderas, pesqueras –  y facilitar las industrias de transformación.

 Esa cualidad es válida también para comarcas costeras. Conil de la Frontera, uno de los emblemas turísticos de Cadiz, perteneciente a la comarca de la Janda muy maltratada históricamente por el desempleo estructural, puede servir de ejemplo que huye del monocultivo y utiliza el turismo como fuente de desarrollo equilibrado.  

El impulso a la ganadería (volcada en la recuperación de la raza Retinta y el queso Payoyo), la pesca (con 80 barcos identificados con la pesca artesanal del atún rojo de almadraba) o a la agricultura ( con 500 agricultores agrupados en la Cooperativa de las Virtudes y especializada en productos hortofrutícolas ) es la expresión de una retención de valor añadido que se prolonga con una oferta gastronómica enriquecida desde esas materias primas revalorizadas. El turismo es allí el desencadenante del valor añadido.   

Los nuevos Sistemas regionales de innovación.

Esa forma de trabajar va en la línea propugnada por las nuevos Plataformas Regionales de Innovación que pretende el desarrollo de nuevas oportunidades territoriales desde una relectura de los factores clave de una comunidad.

Aunque esas iniciativas se suelen identificar con sectores de alta tecnología (con ejemplos como Pocatiére en Quebec o Lahtí en Finlandia) incorporan una nueva conceptualización de los motores de desarrollo que empieza a extenderse a sectores asociadas a las industrias del ocio y la cultura, en los que el turismo se integra. La plataforma de arte y alimentación en la Toscana italiana o la plataforma de innovación culinaria Gladmat (Noruega) son ejemplos en ese sentido.

En España, La Rioja ha encontrado sus señas de identidad en la fusión de activos muy diferentes, (la industria del vino, el turismo cultural asociado al Camino de Santiago, la lengua castellana y vasca en San Millan de la Cogolla) y ha sabido construir, desde ellos, un asidero moderno que permita resaltar sus especificidades singulares.

Euskadi aporta desde el Basque Culinary Center otra de las iniciativas más innovadoras. Impulsada desde la Universidad del Grupo Mondragón, una cooperativa de gran tradición industrial, integra actores muy diversos: de un lado grandes chefs que le dan una dimensión internacional; de otro, AZTI, un centro tecnológico de innovación marítima y alimentaria; por último, empresas sectoriales que le conectan con la más diversa realidad productiva incluida, la que aporta la cooperativa andaluza COVAP, -otra gran experiencia de economía social, por cierto-.

Son experiencias que parten de la evidencia que lo tangible y lo intangible se fusionan en la nueva economía: el vino es industria pero se revaloriza cuando se asocia a la gastronomía y al ocio; el turismo es servicios pero aumenta su valor cuando se apoya en la cultura. Esa fusión genera entornos estratégicos en los que no siempre la manufactura es el principal elemento tractor.

 El turismo no es, en absoluto, “un sector económico de bajo valor” sino un músculo imprescindible del desarrollo equilibrado. Y, como tal, debe formar parte esencial de cualquier hoja de ruta progresista que pretenda una mejor distribución territorial de la riqueza con un menor impacto ambiental."                (Ignacio Muro, Economistas frente a la crisis, 24/10/20)

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