24.11.20

Un nuevo confinamiento nacional arruinaría esa ‘recuperación’. Los demócratas subestimaron la reverberación que este argumento ha tenido entre las clases medias empresariales y los propietarios de tiendas que se enfrentan a su extinción... Una Casa Blanca de Biden-Harris débil y encadenada por los tribunales se enfrentará a una nueva depresión sin el viento del entusiasmo popular a la espalda. ¿Adónde apunta esto salvo a la total destrucción en las elecciones de mitad de mandato de 2022 y a un triunfo de la nueva obscuridad?

 "(...) Al final, fue la economía la que hundió las esperanzas de una victoria aplastante de los demócratas. Fue un error gigantesco convertir las elecciones en un plebiscito sobre la chapucería de Trump en la pandemia sin llevar a cabo un esfuerzo que echase el resto para convencer a los votantes de que una administración de Biden sostendría los ingresos familiares y las pequeñas empresas hasta derrotar al Covid. 

La ley de asistencia de 2,2 billones de dólares aprobada por la Cámara tendría que haber sido la base de una campaña agresiva, pero la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, permitió que el líder de la mayoría en el Senado,  Mitch McConnell, tomara la ley como rehén, y Biden, farfullando a lo largo de dos debates presidenciales, nunca se entregó a una verdadera cruzada por liberarla. Mientras tanto, las cifras del tercer cuatrimestre, por engañosas que fueran, le dieron un empujón inesperado a Trump; eran prueba, afirmaba él, de un brillante futuro por delante. 

Un nuevo confinamiento nacional arruinaría esa ‘recuperación’. Los demócratas subestimaron la reverberación que este argumento ha tenido entre las clases medias empresariales y los propietarios de tiendas que se enfrentan a su extinción o a verse engullidos por Amazon. 

No resultaba tan difícil convencer a propietarios de bares, contratistas de la construcción, gerentes de franquicias, pequeños fabricantes y otros similares de que los cierres eran un mal mayor que medio millón de muertes más causadas por la Covid (se trata, por supuesto, de un fenómeno global: no hay más que ver el papel desempeñado por los propietarios histéricos de pequeños negocios en las protestas violentas en contra de nuevos confinamientos en Europa Occidental).

Por lo que se refiere a los trabajadores, obligados todos los días a elegir entre tener ingresos o salud, a la promesa de Biden de poner la ciencia al frente de la pandemia le dieron fácilmente la vuelta los republicanos como prueba de un apocalipsis económico supervisado por el temido Dr. Fauci. La contrarrespuesta de los demócratas fue débil, debido en parte a que el movimiento sindical tuvo todavía menos protagonismo que en la campaña de 2016. 

La difusión incontrolada del Covid restringió la campaña puerta a puerta en que ha consistido siempre la aportación de los miembros de los sindicatos a las batallas electorales. La campaña de Biden sí que le otorgó un mayor énfasis que Clinton a los derechos de los trabajadores, la negociación colectiva y los 15 dólares de salario mínimo, pero difundió los mismos mensajes vacuos sobre la creación de empleo y el futuro del trabajo. 

‘Millones de empleos en energías verdes’ es una abstracción que fracasa totalmente a la hora de conectar con las circunstancias concretas del Rustbelt [cinturón industrial en torno a los grandes lagos] y las comunidades de los barrios marginados. Los demócratas más convencionales han tenido más de una generación para responder a una sencilla pregunta: ¿qué vais a hacer para incrementar las oportunidades laborales aquí en Erie (o en Warren, Dubuque, Lorraine, Wilkes-Barre y así sucesivamente)? Nunca han ofrecido una respuesta seria.

 Las soluciones concretas entrañarían inversiones públicas orientadas geográficamente, controles sobre la fuga de capitales y la sangría financiera, y, sobre todo, una expansión masiva de empleo público. Y estas son las vías para transitar las cuales la mayoría de los demócratas está demasiado aterrada. (...)

Los Estados Unidos, tal como nos recuerdan los comentaristas a cada hora, están hendido entre dos universos políticos de casi igual tamaño. Pero el poder detesta los empates y está claro que en el mundo actual la evolución se encamina a experimentos diferenciales con oligarquías postfascistas y pseudodemocracias.

 Una Casa Blanca de Biden-Harris débil y encadenada por los tribunales, erigida sobre la traición a los progresistas y subordinada a una clase de multimillonarios donantes de Silicon Valley y Wall Street, se enfrentará a una nueva depresión sin el viento del entusiasmo popular a la espalda. ¿Adónde apunta esto salvo a la total destrucción en las elecciones de mitad de mandato de 2022 y a un triunfo más a fondo de la nueva obscuridad?

The London Review of Books, 6 de noviembre de 2020"             (Mike Davis, Sin Permiso, 15/11/20)

No hay comentarios: