"Con los políticos discutiendo si pueden celebrar juntas las Navidades 10 personas o dos grupos de 5 convivientes o uno de 6 o qué es un «allegado», uno diría que no hay ningún otro problema más urgente.
Se están utilizando reuniones de políticos para discutir si los aperitivos de Navidad deberían estar en platos individuales para mantener una distancia de seguridad e higiene.
Y con los políticos tan despistados con el interesante debate de si el toque de queda debe empezar media hora antes o después, es difícil que la gente no esté también despistada sobre cuáles son los temas más importantes.
Hay que dejar a un lado un rato los turrones y el debate sobre si los niños cuentan como comensales o no, para empezar a hablar del tema realmente importante: que estamos en una pandemia brutal que amenaza a toda la humanidad.
Las miles de personas que mueren cada día son, para la sociedad y los medios de comunicación, números. Pero no, no son números. Son o eran personas con vidas, sueños, planes, amores, amigos y familia. Familiares que ahora están desbordados por el dolor.
A familiares y amigos de los miles y miles de muertos, se les ha arrancado un trozo de vida para siempre. Para algunos es como el fin de su vida. Están vivos pero se sienten muertos con la desaparición repentina de su ser querido, sí, ese número.
Y los miles de personas que sienten que no pueden tirar para delante por la culpa que sienten por haber contagiado a un familiar que ha fallecido. A todas esas personas que viven intentando no ahogarse en su pena, háblales del «Black Friday» y de si pueden reunirse 6 ó 10 para Navidad.
A los temas irrelevantes y superficiales que están en las portadas y las reuniones, se añade una falsa sensación de que ya podemos olvidarnos del sufrimiento y de las reglas de seguridad de la pandemia porque se está haciendo progreso en la fabricación de las vacunas.
Las reglas de seguridad impuestas por los gobiernos no funcionan. Las calles están totalmente desbordadas en las ciudades por aglomeraciones que no solo no denuncian los políticos sino que mienten sobre ellas. Hay alcaldes que que cambian la fecha de las fotos que sacan la policía de las calles abarrotadas.
Estamos tan seducidos por las lucecitas y por los mitos de la familia feliz que no nos damos cuenta de que, mientras inauguran hospitales vacíos hay, en la mayoría de los hospitales, plantas vacías.
Dejar a un lado la pública para hacer más negocios con el ladrillo.
¿Quién tiene la valentía de cuestionar la celebración de estas fiestas, con sus aglomeraciones tan bienvenidas por la economía y sus reuniones de varias personas en un espacio cerrado como son los hogares?
¿Pensamos que son tiempos de brindar entre tanta muerte y sufrimiento?" (Clara Valverde Gefaell, Kaos en la red, 09/12/20)
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