"(...) Hay actualmente un gran debate en los principales medios de información del continente europeo sobre por qué hoy uno de los mayores problemas existentes en el control de la pandemia de COVID-19 es la escasez de vacunas contra tal enfermedad.
Y, paradójicamente, este gran debate es de los temas más silenciados por los medios españoles. Una de las razones de este silencio ensordecedor parece ser que tal déficit de vacunas muestra claramente la incompatibilidad del modus operandi económico y empresarial actualmente dominante en el mundo occidental con la urgente y necesaria vacunación de la población mundial. Veamos los datos.
Hoy, el dominio a nivel global de los sectores farmacéuticos privados responsables de la producción y distribución de estas vacunas anti COVID-19 (cuyo objetivo principal es la optimización de sus beneficios empresariales, que están alcanzando dimensiones sin precedentes) y su lucha para defender las patentes de sus fórmulas para producirlas (que han sido altamente subsidiadas con fondos públicos) son responsables de que no haya vacunas suficientes para todo el mundo.
De ahí se deriva la propuesta hecha por gran número de asociaciones científicas de profesionales de salud pública, de suspender las patentes mientras dure la pandemia permitiendo a muchísimos países fabricarlas y no tener que estar esperando durante años (aproximadamente hasta 2024) a que les lleguen las vacunas monopolizadas por tales empresas farmacéuticas, tal y como se prevé que ocurra de mantenerse las patentes.
Ni que decir tiene que las empresas productoras de las principales vacunas señalan que son las únicas capaces de producirlas y distribuirlas, alegando que son ellas las que tienen el conocimiento, las materias primas y los medios de transporte necesarios. Ahora bien, cada uno de tales argumentos ha sido respondido con evidencia y claridad por instituciones y asociaciones, demostrando su falsedad.
En realidad, la mayoría del conocimiento científico básico sobre el cual tales vacunas se han desarrollado ha sido financiado con dinero público como he señalado y mostrado en artículos anteriores ("Por qué la Unión Europea tiene un grave problema de falta de vacunas", Público, 10.03.21; "Sabemos cómo controlar la pandemia, pero los dogmas neoliberales dificultan hacerlo", Público, 25.02.21; "Cómo los dogmas neoliberales están obstaculizando la resolución de la pandemia", Público, 03.02.21).
Esto ha sido reconocido incluso por el director general de la International Federation of Pharmaceutical Manufacturers and Associations, Thomas Cueni, que escribió en un reciente artículo publicado en The New York Times el 10.12.20, "Es cierto que sin los fondos públicos de agencias como la US Biomedical Advanced Research and Development Authority o el Ministerio de Educación e Investigación del gobierno federal alemán, las multinacionales farmacéuticas podrían no haber desarrollado las vacunas contra el COVID-19 tal como lo han hecho".
Es más, han sido los gobiernos los que, como compradores de las vacunas, eliminaron cualquier riesgo de falta de demanda del producto, habiéndose alcanzado, con el COVID-19, el mayor número de infecciones que jamás haya habido en un año por cualquier otra enfermedad infecciosa: 121.319.246 personas.
Otro argumento utilizado es la escasez de materias primas, que limita las posibilidades de expansión de su producción. Médicos Sin Fronteras ha documentado la falta de credibilidad de este argumento, siendo prueba de ello el propio comportamiento de los tres productores más importantes de las vacunas COVID-19, que han aumentado espectacularmente su producción en respuesta al crecimiento tan notable de la demanda. Y un tanto igual en cuanto a la ausencia del equipamiento de transporte que, incluso Pfizer, ha admitido que puede reducirse y simplificarse significativamente, habiéndose desarrollado un sistema de mantenimiento y refrigeración mucho más sencillo.
El control de la pandemia en los países desarrollados requiere, para ser eficaz, que se controle también a nivel mundial. La aparición constante de variantes del coronavirus muestra la gran urgencia de la solidaridad internacional, permitiendo a los países que tengan la capacidad y recursos para fabricar tales vacunas (y otros elementos necesarios) que lo hagan.
Los costos de las vacunas en tiempos de pandemia no deberían estar condicionadas por las leyes del mercado ni por los intereses particulares de lucro. Dar el poder a corporaciones privadas de determinar los destinos de las poblaciones, secuestra a la humanidad a los designios particulares de tales empresas. En una guerra mundial contra el virus (que está ganando este último), no se puede dejar la producción y distribución del armamento (vacunas y otro material), en manos del afán de lucro y de las leyes del mercado.
Este debate ha llegado ya al Parlamento Europeo, sin que los medios españoles hayan prácticamente informado sobre ello. 115 eurodiputados y eurodiputadas han propuesto a la Comisión Europea y a los Estados miembros del ADPIC (el Acuerdo sobre los aspectos de los Derechos de la Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio) que en la reunión del Consejo General de la Organización Mundial del Comercio apoyen la medida que permita a todos los países producir vacunas mediante su propia industria farmacéutica, acabando con la actual monopolización de su producción por parte de un número reducido de empresas farmacéuticas (establecidas en el mundo occidental, en general, y en EEUU y la Unión Europea, en particular) que se sirven de la propiedad privada de los medios de producción de tales vacunas para impedir su difusión.
Sin lugar a duda, la suspensión de estas patentes no reduciría la producción de vacunas en EEUU y en la UE, sino que la aumentaría tanto en esta parte del mundo como en el resto, sin ningún perjuicio para las poblaciones en los países desarrollados (que también tienen, por cierto, gran escasez de vacunas).
Esta suspensión del copyright durante la duración de la pandemia permitiría que muchas empresas manufactureras, tanto en EEUU como en la UE, así como en otros países desarrollaos y en vías de desarrollo pudieran producir y distribuir estas vacunas. Esta propuesta ha sido liderada por de los partidos que integran la Izquierda Europea (GUE/NGL) y apoyada por los partidos verdes (The Greens/EFA) y un amplio abanico de parlamentarios progresistas de otras sensibilidades políticas, incluyendo partidos socialistas.
No apoyando tal medida encontramos, ya sea absteniéndose o votando en contra, a partidos de centroderecha (liberales), derecha (conservadores) y ultraderecha que anteponen la defensa de los beneficios empresariales a la vida de las clases populares de sus propios países y de los países en vías de desarrollo. Este debate, que debería estar en la primera página de los rotativos, no aparece ni en la última. (...)"
(Vicenç Navarro , profesor de Health & Public Policy en The School of Public Health y en The Johns Hopkins University, Público, 22/03/21)
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