29.4.21

Daniel Bernabé: en 2020 se traspasaron unas líneas rojas que no se habían vuelto a cruzar desde 1981... Yo, como otros millones, salimos a la calle en el quinquenio del descontento, el que acabó en 2015. A pesar de que unos ciudadanos se quitaron la vida antes de ser desahuciados, a pesar de las preferentes, a pesar del “¡que se jodan!”, a pesar del “Luis, sé fuerte”... nadie envió nunca una bala por correo

 "(...) Podemos contarnos la historia como queramos, pero en 2020 se traspasaron determinadas líneas rojas que, probablemente, no se habían vuelto a cruzar desde 1981

¿Por quién? Por esa parte del país, ínfima pero poderosa, que entiende la democracia como una molesta pero necesaria cosmética que es susceptible de enmendarse cuando la gente vota mal. No es que las elecciones de Madrid hayan destapado nada, es que son un nuevo acelerón para una escalada para acabar con el Gobierno de coalición progresista y, de paso, situar a la derecha española bajo secuestro del trumpismo de Ayuso y el posfascismo de Vox. 

No es que las amenazas terroristas vía postal sean la expresión de ninguna polarización, sino, más bien, la consecuencia lógica de poner en el punto de mira a unos dirigentes políticos que, bien, mal o regular, realizan su labor gubernativa con la legitimidad que les dieron las urnas de 2019, la que se quiere arrebatar con el miedo, las artimañas judiciales y ese coro de corral de un sistema mediático que perdió el norte de la decencia hace mucho.

Yo, como otros cuantos millones de personas, salimos a la calle en muchas ocasiones en el quinquenio del descontento, aquel que acabó en 2015. 

Razones encontrábamos en los recortes, el paro y la corrupción. En una reforma constitucional que postergaba todo al pago de una deuda que no era más que el opíparo negocio de los buitres financieros norteamericanos. 

A pesar de que hubo episodios de gran tensión y dolor, a pesar de que unos cuantos ciudadanos se quitaron la vida antes de ser desahuciados, a pesar de las cargas policiales desaforadas, a pesar de unas preferentes que estafaron a muchos jubilados, a pesar del “¡que se jodan!” a los parados pronunciado en sede parlamentaria, a pesar del “Luis, sé fuerte”, cuando la desvergüenza viajaba en SMS, a pesar de los pesares nadie envió nunca una bala por correo. 

En vez de eso surgió un nuevo partido y se presentó a las elecciones. Uno que hizo propuestas políticas, como subir el SMI o auditar esa deuda, no que amenazó con ilegalizar por líneas ideológicas o plantar la semilla del racismo para que el pobre odie al miserable. Yo llegué a pensar que, a pesar de todo, España, ese país donde se tiraba de escopeta por un problema de lindes, había avanzado expulsando la violencia de su juego político. 

 Pero no. Esas personas que miden la importancia ciudadana por el tamaño de la cuenta bancaria, y sus secuaces con aspiración a lacayo, parece que se habían reservado un as en la manga. No les bastó con montar una “policía patriótica” para intoxicar con la colaboración de sus cabeceras de referencia, no les bastó con casi partir al PSOE en el putsch de Ferraz, no les fue suficiente con encumbrar a un Rajoy a una última legislatura que acabó presidida por el bolso de Sáenz de Santamaría. 

 Tuvieron que sacar al bicho de la jaula, una que en Europa se cerró con siete llaves en 1945, pero que aquí quedó a la espera, durmiente, a que alguien se decidiera a quitarle el polvo, sacarla de los callejones donde nunca dejó de dar palizas y ponerle un traje chaqueta. No es que en Madrid se decida un Gobierno autonómico, es que se decide frenar esta deriva o darle un empujón que la hará aún más fuerte.(...)"            (Daniel Bernabé, InfoLibre, 28/04/21)

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