"Una de las características de las principales instituciones de la Unión Europea (desde la Comisión Europea al Parlamento Europeo) es que han estado gobernadas durante la mayor parte de su existencia por una mayoría conservadora-liberal ferviente creyente del dogma neoliberal, plenamente comprometida con la existencia y extensión de la globalización mundial de la actividad económica e impulsora de políticas de equilibrio presupuestario a nivel nacional (mediante austeridad de gasto público) sujeto a las reglas del capital financiero dictadas por el Banco Central Europeo.
Estas políticas -como las de austeridad de gasto público- debilitaron los servicios públicos del Estado del Bienestar (como los sanitarios, los de salud pública y los sociales, entre otros) de gran parte de los países de la UE (y, muy en especial, de los del sur de Europa), disminuyendo su capacidad de responder a la pandemia y proteger a la población frente a sus estragos.
La privatización de la sanidad pública, estimulada por sus políticas neoliberales, ha causado un enorme daño a la población, puesto que –predeciblemente- los servicios privados han tenido una eficacia limitada frente a la pandemia.
Otra consecuencia del neoliberalismo del establishment político europeo ha sido el enorme fracaso de la provisión de vacunas en la UE. Para resolver la urgente necesidad de vacunar a la población europea, se siguieron las sacrosantas leyes del mercado, intentando adquirir a buen precio las vacunas a las empresas farmacéuticas que las producen. Un tanto igual había ocurrido antes con la adquisición de mascarillas y ventiladores en el mercado internacional
. El resultado de esta fe en el mercado global para
adquirir las vacunas anti covid-19 ha favorecido claramente a las empresas farmacéuticas productoras
(poseedoras del monopolio del mercado debido al derecho de propiedad
privada, es decir, de las patentes, otorgadas precisamente por los
Estados y por las instituciones reguladoras de los mercados
internacionales) a costa de las poblaciones de los países desarrollados y, especialmente, de los países subdesarrollados que más las necesitan.
Esto se debe a que estas empresas antepusieron el objetivo de optimizar sus beneficios a todo lo demás, respondiendo con celeridad al mejor pagador, incumpliendo incluso el calendario de entrega acordado con compradores como la UE, que creyó que había hecho una buena compra a un buen precio, hasta constatar que había sido descartada al disponer de compradores que ofrecieron mejores precios.
El enorme fracaso que supuso la respuesta neoliberal de la Comisión Europea (y de la mayoría del Parlamento Europeo) a la pandemia ha hecho variar su postura y se ha visto forzada a suspender su fe en el libre mercado, interviniéndolo mediante la prohibición a las industrias farmacéuticas de exportar las vacunas producidas en el territorio de la UE a países que no pertenecen a la UE.
Se ha convertido así al nacionalismo más intervencionista que se opone a que se exporten vacunas producidas en la UE, limitando así las leyes del mercado a sus fronteras. El problema con esta postura es que deja a los Estados como España (que tiene nula producción de vacunas y de otros elementos y materiales imprescindibles para contener la pandemia) en una posición muy débil. (...)
La incoherencia (algunos lo llamarían hipocresía) del discurso del establishment europeo es enorme. Repito que a las poblaciones europeas se les exige, con razón, enormes (insisto, enormes) sacrificios en cuanto a movilidad, confinamientos y otras medidas para intentar contener la pandemia; y esos sacrificios implican también enormes costes económicos.
Nunca antes se había impuesto tanto sacrificio a la población europea (y mundial), y el establishment y los gobiernos europeos intentan justificarlo proclamando que "estamos en guerra contra el virus". ¿Se imagina el lector que en una situación de guerra los Estados tolerarían que las empresas armamentísticas del país dictaran el tipo de producción y los precios de sus productos? Esto nunca ha ocurrido. Lo que se considera el bien común -la supervivencia de la población- se antepone a todo lo demás.
¿Por qué este principio no se aplica ahora? ¿Por qué se anteponen los intereses de las empresas farmacéuticas productoras de las vacunas anti covid-19 eficaces (cuya financiación de la investigación, por cierto, ha sido primordialmente pública, otorgándoseles posteriormente el privilegio de monopolizar la producción a través de las patentes) por encima de los intereses de la población? Es escandaloso que ello se permita y pone en evidencia la hipocresía del establishment europeo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario