"(...) Se cumple un año de la semana en la que todo cambió, entre el 9 y el 16 de marzo, cuando la magnitud de la epidemia en España se hizo absolutamente evidente.
Es una historia todavía incompleta, aunque suficiente, creo, para sacar tres conclusiones:
(1) en España falló el protocolo de detección de febrero, que limitaba los test a personas venidas del extranjero e impidió ver la transmisión local que ya existía;
(2) los sistemas de vigilancia epidemiológica fueron lentos y se vieron superados muy rápido, quizás porque eran estructuras minúsculas; y
(3) la comunicación de emergencias —del CCAES que dirige Fernando Simón—, en lugar de elegir la precaución, optó por una excesiva tranquilidad (...)
6 de marzo. Se conocen tres muertes en España y es evidente que hay casos ocultos. Como cuenta EL PAÍS, ninguno de los tres fallecidos había salido al extranjero, lo que indica que el patógeno lleva cuatro semanas circulando sin ser detectado: “Estas muertes apuntan a que el virus llegó antes de lo pensado”, dice Antoni Trilla, jefe de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic. “Lo que vemos ahora son los casos más graves de las infecciones ocurridas hace varias semanas. ¿Cuántas fueron? Por ahora no lo sabemos. ¿Cuándo empezaron? Tampoco”.
- Por estimaciones posteriores, como esta del grupo de Biología Computacional y Sistemas Complejos de la UPC,
ahora sabemos que en ese momento, alrededor del 6 de marzo, podía haber
200.000 y 500.000 personas infectadas en España. Se conocían 300 o 400
casos. (...)
8 de marzo. El día antes de la manifestación del 8M la tranquilidad sigue dominando. El director del CCAES incluso sugiere una mejoría: "Podemos reducir la sospecha de transmisión comunitaria descontrolada. No quiere decir que no exista. Todavía está ese riesgo… Pero lo cierto es que en general la situación no ha variado nada respecto a ayer e incluso en algunas zonas el número de casos que podían darnos una sospecha de transmisión comunitaria se han reducido, con lo cual poco a poco se van aclarando los mapas de riesgo".
- Los casos en Europa ya parecían crecer exponencialmente; en España había brotes, fallecidos y casos de varias semanas. Es posible que no diese tiempo a procesar todo. Recuerdo que esos días todo ocurría deprisa en mi entorno, en el periódico y mis conversaciones, ¿quizás pasaba lo mismo en centros de decisión?
- El mensaje oficial todavía es de calma: “Tenemos en España 441 casos. La palabra avalancha me parece excesiva. Tratar de magnificar algo con palabras”, dice ese día Simón.
- La OMS tampoco sirve siempre de referente, como recordaba este viernes María Ramírez: "[La directora de Salud Pública de ese organismo], en una entrevista publicada el 10 de marzo (¡el 10 de marzo!) dejaba frases que hoy chocan (‘quizá estaría bien bajar un poco el tono de sensacionalismo al contar las cosas’, ‘debemos seguir enfocados en la contención’) y hacía un alegato contra la extensión de los test […]: ‘La lógica es que si el virus está y no está dando síntomas, ¿por qué habría que hacer ese tipo de exámenes?’, decía."
Lunes 9 de marzo. Los casos suben (en los informes de RENAVE pasan de 251 a 999 en cuatro días) y la situación empieza a moverse. A medio día, desde Sanidad reconocen que “obviamente" hay algún tipo de transmisión comunitaria y hablan de “incrementos importantes de casos” en Madrid y País Vasco. El tono ha cambiado, aunque siguen los gestos de normalidad.
- Simón arranca la rueda de prensa hablando del Ébola, del fin de la epidemia en el Congo, y riñendo a la prensa por no prestarle atención: “Una noticia que ha pasado muy desapercibida [...] Me ha dado la sensación de que estaba poco reflejada en los medios". Hablando del coronavirus, matiza: “Hemos tenido un incremento de casos que en principio parece importante, pero que lo cierto es que proporcionalmente sigue la línea hasta ahora".
Martes 10 de marzo. Todo se precipita: la alerta se eleva por boca del ministro de Sanidad y el presidente del Gobierno. La noche del lunes comparece Salvador Illa para anunciar medidas duras en Madrid y País Vasco y endurece el discurso: habla de “zonas de alta transmisión” y dice que están “trabajando para huir del escenario de Italia”. Ese martes llegan noticias de hospitales desbordados. Por la noche comparece Pedro Sánchez y confirma el giro anunciando “semanas difíciles”.
Miércoles 11 de marzo. Italia ordena el cierre de todos los negocios y la OMS declara la pandemia global. El máximo responsable del organismo empieza su discurso con un toque de atención: “Estamos muy preocupados por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, y por los alarmantes niveles de inacción”.
- Las dudas se van disolviendo: “El virus está transmitiéndose entre la población [...] Es posible que no podamos evitar un millón de infecciones, pero debemos evitar que ocurran de forma masiva en las próximas semanas“, escriben los especialistas Miguel Hernán y Santiago Moreno en EL PAÍS.
- Simón, que no había comparecido el día anterior, arranca la rueda del miércoles diciendo: “Estamos en una situación un poco diferente a la de hace un par de días”. Han pasado solo 48 horas, pero su anterior comparecencia parece de otro universo.
Dos días después se anuncia el estado de alarma, en la noche del viernes 13. Al día siguiente se ordena un confinamiento decisivo en todo el territorio nacional, que servirá para cortar los contagios y evitará miles de víctimas. Pero la primera explosión ya se ha producido. Los infectados rondan el millón, y subirán hasta doblarse antes de verano. Se contarán 45.000 fallecidos." (Kiko Llaneras, El País, 13/03/21)
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