8.6.21

Errejón: la covid-19 ha restablecido la idea de comunidad... Nadie se salva solo, tenga el dinero que tenga. Por eso ha regresado la centralidad del Estado como instancia de regulación social y de protección... El cambio de paradigma es, en síntesis, incorporar los mejores principios del tiempo de la excepción a la cotidianidad, para hacer la vida más segura, menos angustiosa, más vivible...

 "La pandemia ha tenido consecuencias devastadoras en términos sanitarios, sociales y económicos. También ha supuesto modificaciones en nuestra imaginación política: aquello de lo que discutimos y en los términos que discutimos, nuestras prioridades, lo que parece posible que antes no lo era.

(...) la lucha contra el virus ha introducido cambios sustanciales en nuestras percepciones cotidianas, en nuestra cultura política y en el sentido común de época. (...)

Algunos de esos cambios tienen un potencial desarrollo muy prometedor para el avance de las ideas igualitaristas y de las políticas de profundización democrática. Y otros, como en el caso del cada vez mayor peso de la preocupación por el cambio climático y nuestro planeta, son simplemente la condición de posibilidad de que tengamos futuro.

 Una de las novedades más relevantes es que el año y medio de lucha contra la covid-19 ha restablecido la idea de comunidad: se ha hecho evidente para los ojos de cualquiera que la sociedad no es sólo una suma de individuos que persiguen sus intereses particulares o sobreviven como pueden. (...)

Nadie se salva solo, tenga el dinero que tenga. Por eso la única forma de enfrentar el virus ha sido actuando en tanto que comunidad. (...)

Es más, en la lucha contra la covid-19 ha reaparecido la idea del bien común, tanto tiempo marginada por el neoliberalismo y su moral del "sálvese quien pueda": la sociedad, en tanto que comunidad, tiene objetivos más importantes que la suma de intereses particulares, objetivos que deben ser protegidos. (...)

Es cierto que, como en toda situación de cesura histórica, las nuevas ideas tienen siempre un desarrollo potencial de avance y otro de retroceso. Efectivamente el reverso del retorno de la comunidad es una mayor comprensión social a las restricciones de derechos y libertades. Es tarea de los demócratas dar el combate intelectual para desarrollar al máximo los "núcleos de buen sentido" mientras neutralizan los de posible recorrido involucionista. 

En cualquier caso, si existe el bien común y debe ser preservado en momentos de desafíos excepcionales, entonces necesitamos instituciones con la fuerza y la eficacia suficientes  para hacerles frente. No es extraño así que este tiempo haya regresado la centralidad del Estado como instancia de regulación social, de protección y de planificación que se anticipe a los retos que vienen.

(...)  hace falta un estado estratega que pueda planificar, que no se guíe por el retorno inmediato de beneficios ni por la ley del menor coste, que anteponga los grandes objetivos decididos democráticamente por la sociedad a la que debe servir.

 La lucha contra la covid-19 ha hecho evidente que cuando los poderes privados dudaban, esperaban, hacían cálculos o se encontraban en el desorden, sólo el Estado ha comparecido: para cuidar la salud pública con las restricciones de movilidad, para ordenar qué derechos primaban sobre otros en un momento crítico, para decidir qué sectores eran esenciales e incluso reorientar la producción en otros, para ayudar a las empresas o financiar la investigación de la vacuna, cómprasela masivamente y administrarla a la población siguiendo criterios no mercantiles, de bien común y utilidad pública.

 Por supuesto, la centralidad del Estado no significa necesariamente políticas más justas o un reequilibrio de las relaciones de poder entre grupos sociales que comience a revertir la dinámica oligárquica de las últimas décadas. Puede ser simplemente un papel de árbitro temporal o para momentos de estabilidad, o de facilitador al servicio de los intereses de unos pocos. Sin embargo, su renovada presencia y centralidad abre grandes posibilidades para discutir lo que antes no era discutible y para una ofensiva que lleve esa lógica hasta sus últimas consecuencias.

Hemos descubierto que nuestros cuerpos son frágiles, que nuestra sociedad es frágil y que nuestro planeta es frágil. Y frente a esa fragilidad cada vez más gente entiende que la única opción de poder llevar vidas libres y seguras es la de reconstruir el contrato social y ambiental precisamente de acuerdo con los valores y las prácticas que en los momentos excepcionales nos han salvado: la empatía, la comunidad, los servicios públicos, la capacidad de gobernar nuestro futuro en lugar de dejarlo al capricho de los elementos y el comportamiento "libre" de los mercados. 

El cambio de paradigma es, en síntesis, incorporar los mejores principios del tiempo de la excepción a la cotidianidad, para hacer la vida más segura, menos angustiosa, más vivible. (...)"        

(Íñigo Errejón . Diputado en el Congreso por Más País, Javier Padilla . Diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid, Público, 04/06/21)

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