28.6.21

Las propuestas de Ximo Puig para Pedro Sánchez: seguir el camino opuesto a Podemos... abandonar lo identitario y conformar una comunidad de intereses en el corredor mediterráneo que permita multiplicar la actividad económica de la zona... sería el punto de partida del afianzamiento del PSOE, ganando votos en Cataluña, Andalucía y Valencia, y desde ahí, entenderse con toda la periferia

 "(...) 3. La España de Juan Roig

Durante la anterior crisis, Juan Roig reunió a su equipo para trasladarle una idea clara acerca de cuáles eran los riesgos del momento. Afirmó algo parecido a lo siguiente: a nuestra empresa le va bien, pero vivimos en un ático; si el edificio comienza a sufrir problemas y se deteriora, nosotros caeremos con él, por lo que debemos poner de nuestra parte para cerrar las grietas.(...) El problema de las élites españolas era que tenían otra perspectiva: creían que, como iban a cambiarse de edificio, no debían preocuparse por las reparaciones.

Es cierto que Roig es un empresario atípico, ya que tiene las manos mucho más libres que los directivos de las empresas del Ibex. La estructura de propiedad de su compañía le permite contar con todo el poder, con lo que la presión de los accionistas es mínima o inexistente. Su firma, además, está anclada en el territorio, por lo que esa huida al exterior tan típica es difícilmente realizable, y depende de la venta de bienes, lo que requiere de infraestructuras adecuadas y de una población con dinero suficiente para gastar. 

No se trata, pues, de la validez del modelo Mercadona, de si su compañía hace bien o mal las cosas, sino de constatar que la perspectiva de Roig, su capacidad de acción y sus intereses son muy distintos de los de la gran mayoría de las élites nacionales.

Entre otras cosas, porque entiende la necesidad de contextos robustos. Roig piensa en términos nacionales, no solo regionales. Es uno de los principales impulsores del corredor mediterráneo como eje y arranque de una España diferente. 

 Con esa iniciativa, no se trata solo de establecer vínculos entre Valencia y Cataluña, abiertos a Baleares y Aragón, sino de conectar Algeciras con Girona y desde ahí proyectarse a Europa. Pero la idea va más allá, porque trata de dar cuerpo a otro diseño de nuestro país, de conseguir la coexistencia da la España radial con la circular, también mediante la puesta en marcha de otras iniciativas, como el corredor cantábrico.

En el pasado mes de diciembre, Ximo Puig visitó el Circle de Economía catalán con una propuesta, la creación de una mancomunidad de intereses entre la Comunidad Valenciana y Cataluña, a la que nombró con una expresión llamativa, la "". Puig y Roig coinciden en este objetivo, y se han entendido bien en muchos asuntos, más allá de las divergencias políticas que puedan mantener. 

La propuesta que lanzó Puig en Barcelona, y con éxito entre el empresariado, según Enric Juliana, fue dejar de lado las reivindicaciones territoriales y conformar una comunidad de intereses que les permitiera multiplicar la actividad económica de la zona. Era una idea doblemente útil, ya que permitía centrarse en el futuro económico y ofrecía un camino de salida del 'procés' para las élites catalanas. Y es una visión que podría verse favorecida por un peso fuerte de Illa en la política barcelonesa.

En un sentido, la propuesta de Puig (y de Roig y de los empresarios valencianos) viene bien, más allá del pragmatismo político, ya que subraya la necesidad de cambiar el rumbo económico de España. Que la Comunidad Valenciana, el estereotipo del ladrillo y el pelotazo, se dirija hacia un papel mayor en el terreno de la logística y la tecnología tiene mucho de simbólico.

 Es necesaria una transformación que no pase por destruir lo existente, sino por potenciar lo que hay, incluido el turismo, y por abrir nuevas áreas de actividad; hace falta salir de la y . Este tipo de construcción periférica permitiría a sus territorios encontrar nuevas oportunidades, así como crear redes que activaran diferentes regiones y el conjunto de España. Y, además, podría impulsar los en estos momentos, el logístico, el tecnológico y el energético.

4. La partida de ajedrez

En el sentido político, también podría implicar un viraje profundo, porque facilitaría, más que nuevas alianzas, un cambio de eje. La experiencia de Ximo Puig en la Comunidad Valenciana y esa idea circular de España podrían ser el punto de partida del afianzamiento del PSOE, ya que podría ganar peso en Cataluña y entenderse con el empresariado cansado del 'procés', y relanzaría a los socialistas andaluces con la propuesta del corredor mediterráneo, a lo que sumaría su presencia actual en Valencia.

Por así decir, el PSOE seguiría el camino opuesto a Unidas Podemos. Iglesias, con su insistencia en asuntos identitarios, favorece el voto de los partidos de las izquierdas independentistas en el Congreso (Bildu, ERC, BNG), pero lleva su formación a perder cada vez más apoyo en esos territorios; afianza el Gobierno y se desangra electoralmente al mismo tiempo. 

El PSOE, mediante la propuesta expresada por Puig, la de conexión de intereses, estaría en disposición de ganar votos en Cataluña, Andalucía y Valencia, y desde ahí, de entenderse con las élites económicas de toda la periferia española (empezando por la vasca), lo que le permitiría pactar en Madrid con partidos de diferente orientación ideológica, al relegar lo identitario y colaborar desde los intereses. Y desde una perspectiva, no lo olvidemos, que entronca con los planes europeos para la recuperación y que apuesta por una reconversión de España.

Estamos en la época del coronavirus, y los problemas que España tiene que afrontar son muy importantes, empezando por el fundamental, el sanitario. La UE vivirá tiempos de cambio, aunque no sabemos todavía en qué dirección y qué consecuencias tendrán para España. La recuperación económica va a ser muy incierta y complicada, y todo apunta a que tendrá lugar en términos muy desiguales. Todos estos factores hacen difícil anticipar el futuro con precisión, siquiera mínima, pero la partida de ajedrez política ya se está jugando.

 Y, desde luego, la económica, entre las élites españolas y sus diferentes visiones de nuestro país, y no solo para ver quiénes se llevan los fondos de recuperación. Lo que está por concretarse es cómo terminarán afectándonos tales pugnas, y hasta qué punto los caminos de salida irán en beneficio del común de los españoles o si, como de costumbre, marcharán en la dirección de ponernos las cosas todavía más difíciles."                              (Esteban Hernández, El Confidencial, 21/01/21)

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