11.8.21

España uno de los destinos elegidos por la UE en su plan de reindustrialización para industria manufacturera y de bienes de equipo. Desde producción de semiconductores a la producción de Paracetamol...

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 España uno de los destinos elegidos por la UE en su plan de reindustrialización para industria manufacturera y de bienes de equipo. Desde producción de semiconductores a la producción de Paracetamol.

2- Solo hacía falta penalizar a todos los que animaron a la deslocalización empresarial en finales de 90 y principios del 2000 con el grave perjuicio que ha causado para la UE desde entonces. El "mercado proveerá" decían los inútiles.

En Mayo del 2020 la UE no recibía Paracetamol ni de China, ni de India, ni de Bangladesh. Ahora la UE con graves problemas con los semiconductores. El Pseodoliberalismo de "libre mercado" que con un funcionamiento eficiente provoca desabastecimiento a la mínima. 

11:28 a. m. · 9 ago. 2021
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 "Fabricar en China es cada vez más caro y las empresas españolas reaccionan llevándose las fábricas a Vietnam, Marruecos… o España.

 Desde que la globalización es globalización, el flujo de trasvase de producción ha sido masivo y con origen en los países desarrollados, y destino los países en vías de desarrollo, principalmente China, India, y algún otro destino asiático.

Éste ha sido un auto-destructivo proceso para Occidente, cuyas consecuencias seguimos pagando a día de hoy, en Socioeconomías donde ha calado hondo el sentimiento anti-sistema. Este sentimiento con tintes ideológicos corre como la pólvora entre aquellos que perdieron su empleo, o aquellos que vieron degenerar su otrora acomodada posición económica. El auge de populistas y autócratas ha venido auspiciado por esa sensación de hondo descontento popular, y ha sido además potenciada con tóxica propaganda cuan glutamato de restaurante barato.

 Pero ahora las tornas cambian, y la producción que antes se iba ávida de márgenes brutales, y buscando obtenerlos sin que nadie le ponga ninguna legislación delante de los balances, ahora vuelve despavorida, buscando desesperadamente un hueco en suelo nacional. Lo interesante ya no es la tendencia, que en algún momento tenía que revertir, sino que lo más importante son las razones, y a qué nos puede llevar de imponerse dicha tendencia incipiente como flujo masivo de “vuelta a casa”.

 La guerra de comercial de Trump dió el pistoletazo de salida a una deslocalizacion desde China hacia terceros países, y entonces el trasvase pretendía eludir un pago de los aranceles impuestos a los chinos. Para ello buenos eran otros destinos asiáticos alternativos que ofrecían igualmente mano de obra barata, legislaciones medioambientales apenas existentes, y derechos laborales propios de un corto de Faenino y Cansado. Ya entonces, uno de los destinos favoritos del sudeste asiático era un Vietnam que sigue de moda hoy en día para absorber parte de la fabricación que va huyendo de China.

 Pero tras aquella tendencia, que si bien sigue su curso y de plena actualidad, hay que decir que el último “berrido” en el arte de marear la perdiz de la producción de un lado al otro del globo es ahora otro. La tendencia actual es radicalmente diferente a las vistas hasta el momento, de hecho supone el camino diametralmente opuesto al emprendido hace dos décadas, y ahora la relocalización de producción hacia los países desarrollados sí que es ya tendencia, y aunque no es todavía masiva ni predominante, sí que supone un giro de 180 grados, habiendo experimentado un significativo crecimiento en unos pocos trimestres.

 En el plano más internacional, se observa esta tendencia en muchos de los sectores industriales de la mayoría de los países desarrollados. Y ya no es sólo que para ciertos componentes estratégicos de las cadenas de aprovisionamiento más críticas se esté empezando a mirar si el proveedor es nacional (o más bien, del área socioeconómica propia), y por tanto menos expuesto a contextos internacionales. 

No, no es sólo eso, sino que es que ya hay un tercio de los encuestados por encuestas de renombre en el sector industrial que hablan abiertamente de que han iniciado o van a iniciar nuevos procesos de relocalización, muchas veces de sus cadenas de producción al completo. Y como les decía, la gran diferencia es que este tipo de decisiones era totalmente marginal hace tan sólo unos trimestres, por no decir prácticamente inexistente.

¿Y qué hay de ese pequeño país que a veces tan a menudo se queda rezagado en ciertas tendencias, y que sólo las adopta cuando no le queda otra? Sí, hablando de esa España a veces numantinamente innovadora a pesar del escaso apoyo institucional, a veces dejada al extremo sin que sus agentes socioeconómicos quieran ver lo vital de innovar, hay que decir que en esto nos hemos subido al carro desde los primeros charcos en el camino.

 Y es que no son pocas las empresas españolas que, al igual que sus compañeros más internacionales, están optando ya por hacer planes tangibles para relocalizar producción fuera de China, y en unos cuantos casos de vuelta a la propia España

Pero esto es fácil que pueda ser sólo la punta del iceberg, y la tendencia, en parte auspiciada por la propia Europa también para los suministros críticos, podría ser mucho más general, y aparte de los titulares ya públicos con nombre propio, también se pueden contar infinidad de cadenas de aprovisionamiento de empresas españolas de renombre que poco a poco van emprendiendo o planificando emprender el camino de vuelta a casa, aunque ahora se puedan estar limitando a empezar tan sólo por lo más fácil y directo.

 Serían los habitualmente denominados “quick-wins”, que a menudo revelan la existencia de una incipiente tendencia de fondo. Pero lo cierto es que, además, en esta relocalización en concreto se puede decir que España ha sido incluso pionera, puesto que la extrema gravedad de la crisis inmobiliaria en nuestro país y su larguísima estela hizo que la ecuación de salarios nacionales depauperados inclinase antes la balanza hacia el lado de la relocalización en nuestro país.

 Esto ocurriría al ser comparados esos bajos salarios post-subprime españoles con el gran y constante auge de los salarios chinos e indios. Así, la actual tendencia generalizada internacionalmente, sólo debería reforzar esa tendencia que ya se viera en España desde antes y de forma más intensa que en otros países desarrollados, que se han mantenido durante más tiempo siendo comparativamente muy caros en salarios.

 Y es que en estas decisiones corporativas ahora se conjugan dos factores muy poderosos. Por un lado está el escenario económico, con unos salarios chinos que siguen desde hace años una imparable tendencia al alza, que no puede ser compensada devaluando bélicamente el Yuan, y que así va erosionando esos jugosos márgenes deslocalizadores cocinados al wok. Lo mismo ocurre con el ineludible peaje del coste del transporte marítimo, con una explosión alcista del precio de transporte de un contenedor; eso en el optimista caso de que consigas uno, porque está la cosa que arde, y lo más probable es que un fabricante tenga que esperar su turno de transporte durante semanas. 

Tras el incremento brutal de los costes asociados a un flete internacional, destinos como Marruecos se convirtieron en una alternativa deslocalizadora para empresas españolas (y europeas), si bien ahora la tensión al rojo vivo de las relaciones europeas con el reino alauita está haciendo que muchos gestores hayan dejado de barajar Marruecos como destino fabril alternativo a China.

Por último, entre los principales desencadenantes de la huida manufacturera desde China, también está el tema de la legislación, y en especial de la medioambiental. Ya les analizamos en su día cómo, aunque llegó imperdonablemente tarde, China por fin ya se ha unido con determinación a la causa medioambiental, y en especial contra el cambio climático (y a favor del control de la mortífera contaminación rampante en sus megalópolis de cielos polutamente grises). 

 Y ya no es sólo China estrictamente como mero productor, porque en el propio sector del transporte marítimo se avecinan todavía muchos más cambios, según ya les explicamos en un monográfico reciente exponiendo su actual posición de principal caballo de batalla para paliar la catástrofe climática. Si es que a estas alturas todavía estamos a tiempo de paliar ese desastre, el marítimo se trata de un sector económico doblemente clave para la dependientemente exportadora China. 

 Pero el segundo factor que les decía que ahora afecta a Occidente para relocalizar producción a suelo patrio, por difícil que parezca, es si cabe todavía más importante que el económico. El segundo factor es el miedo, ese miedo que afecta a todo humano, sea obrero, jefe de grupo, o Presidente. Y es que, a raíz de la pandemia, las empresas (y los ciudadanos en general) han tomado conciencia de que el Coronavirus ha causado muchos más estragos de lo debido, y ello ha sido como consecuencia de que nos hemos vuelto hiper-dependientes de otros países, como por ejemplo hemos padecido con unos suministros sanitarios chinos que llegaban con cuentagotas

Éstos además se convirtieron en un arma geoestratégica, que la propaganda no dudó en aprovechar para vender en un momento crítico la idealizada imagen de magnanimidad china en países como la asolada Italia.

El dato a tener en cuenta es que hace tan sólo un par de décadas Europa era autosuficiente en estos y en muchos otros suministros críticos y esenciales. Y eso por no hablar de otro gran factor geoestratégico del siglo XXI, esa todopoderosa tecnología en la que también nos estamos volviendo hiper-dependientes, y que los chinos tampoco dudan en instrumentalizar como arma bélica para tratar de conquistarnos e imponernos su represivo sistema socioeconómico: recuerden lo que les ha pasado y cómo están en Hong-Kong.(...)"                ( ,  El blog salmón, 03/08/21)

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