17.11.21

Luego de ver lo difícil que ha sido para los gobiernos lograr que sus ciudadanos simplemente usen cubrebocas en las tiendas o se vacunen para protegerse, proteger a sus vecinos y sus abuelos de enfermarse o morir por la COVID-19, ¿cómo vamos a lograr que las grandes mayorías trabajen juntas a nivel global y hagan los necesarios sacrificios en sus estilos de vida para amortiguar los efectos cada vez más destructivos del calentamiento global (para los cuales existen tratamientos, pero no vacunas)? Eso exige una respuesta realista... este es un buen momento para comenzar a rezar

 "Tras haber estado en la mayoría de las cumbres climáticas desde la de Bali en 2007, puedo asegurarles que esta tuvo una sensación muy diferente. Me asombraron la energía de todos los jóvenes en las calles —quienes exigían que estuviéramos a la altura del desafío del calentamiento global— y algunas de las nuevas e increíbles soluciones tecnológicas y de mercado propuestas por innovadores e inversores.

 Esto no fue como en los viejos tiempos, donde todos esperaban los acuerdos alcanzados por el sacerdocio de los diplomáticos del clima, reunidos a puerta cerrada. Aquí la mayoría estuvo involucrada activamente en las conversaciones, y eso me anima.

Pero en mi opinión, hubo una pregunta que acechó cada promesa que surgía de esta cumbre: luego de ver lo difícil que ha sido para los gobiernos lograr que sus ciudadanos simplemente usen cubrebocas en las tiendas o se vacunen para protegerse, proteger a sus vecinos y sus abuelos de enfermarse o morir por la COVID-19, ¿cómo vamos a lograr que las grandes mayorías trabajen juntas a nivel global y hagan los necesarios sacrificios en sus estilos de vida para amortiguar los efectos cada vez más destructivos del calentamiento global (para los cuales existen tratamientos, pero no vacunas)? Eso es pensamiento mágico y exige una respuesta realista.

 A continuación, presento mis notas, que produjeron esas emociones encontradas:

Por primera vez, sentí que los delegados adultos dentro de las salas de conferencia les tenían más miedo a los jóvenes en las calles que a sus colegas o la prensa.

Claramente, internet y las redes sociales empoderan de gran manera a los jóvenes, quienes a diario manifestaron ese poder en Glasgow para increpar a los negociadores adultos, quienes sin duda no quieren ser criticados, responsabilizados, humillados o tildados de “líderes bla, bla, bla”, o “blablíderes” que solo están para el “bla, bla, bla”, como sugieren los carteles que se vieron por todo Glasgow. Momentos previos al inicio de un panel del que formaba parte, me advirtieron que, si manifestantes jóvenes interrumpían la sesión, simplemente los dejara hablar.

 La generación Z —todos aquellos nacidos entre 1997 y 2012 y que crecieron como nativos digitales— es en la actualidad la cohorte de población más grande del mundo, con 2500 millones de personas, y su presencia en la cumbre era palpable.

Ellos saben que ya no existe el “más tarde”, que ese “más tarde” será demasiado tarde y que mantener nuestro rumbo usual podría calentar el planeta a finales de siglo a niveles en los que ningún Homo sapiens ha vivido jamás.

 “Estos jóvenes no quieren simplemente comprar tus productos o votar por ti. Quieren realizar acciones contigo”, alegó Molly Voss Fannon, directora ejecutiva del Museo para las Naciones Unidas — UN Live, una organización independiente cuya labor es ayudar a las personas de todo el mundo a descubrir y ejercer su propio poder. (...)

Buenas noticias, generación Z: ganaron el debate sobre el cambio climático. Gracias por eso. El discurso de tanto los gobiernos como de las empresas ahora gira en torno a: “lo entendemos. Estamos trabajando en ello”. ¿Las malas noticias? Todavía existe una enorme brecha entre lo que los científicos advierten que se necesita para reducir de inmediato el uso de carbón, petróleo y el gas que impulsan el calentamiento global y lo que los gobiernos y empresas —y sí, el ciudadano promedio— están dispuestos a hacer si se llega a un punto de “calentamiento o alimento”.

Como señalan los expertos en energía, nunca es buena idea quitarse el cinturón hasta que los tirantes estén bien ajustados. Los gobiernos no dejarán de utilizar combustibles fósiles sucios hasta que haya suficiente energía limpia para remplazarlos. Y eso llevará más tiempo o requerirá sacrificios mucho mayores de los que se discutieron en cualquier nivel en la cumbre.

Lee esto, extraído del sitio web de CNBC el 3 de noviembre, y llora: “El suministro global de energías renovables crecerá 35 gigavatios de 2021 a 2022, pero el crecimiento de la demanda mundial llegará a 100 gigavatios durante el mismo periodo […] Los países tendrán que utilizar las fuentes tradicionales de combustible para satisfacer el resto de la demanda […] Ese déficit seguirá aumentando a medida que las economías reabran y se reanuden los viajes”, lo que provocará “fuertes incrementos en los precios del gas natural, el carbón y la electricidad”.

 Debemos dejar de engañarnos a nosotros mismos de que podemos tenerlo todo, de que podemos tomar medidas idiotas como cerrar plantas nucleares en Alemania que proporcionaron enormes cantidades de energía limpia, solo para mostrar cuán ecológicos somos, y luego ignorar el hecho de que, sin suficientes energías renovables disponibles, Alemania está ahora volviendo a quemar carbón sucio. Este pavoneo moral es contraproducente.

 La energía es un problema de escala. Requiere de una TRANSICIÓN, y eso significa una transición de combustibles fósiles a combustibles más limpios —como el gas natural a la energía nuclear—, luego a la energía eólica y solar y, con el tiempo, a fuentes que todavía ni existen. Aquellos que proponen ignorar esa transición generan el riesgo de producir una enorme reacción negativa contra todo el movimiento ecológico este invierno, si las personas no logran calentar sus hogares u operar sus fábricas.

No, pero este es un buen momento para comenzar a rezar. Oremos para que las tecnologías más la inteligencia artificial puedan cerrar la brecha entre lo que los Homo sapiens de hoy están realmente dispuestos a hacer para mitigar el cambio climático y lo que en realidad se necesita. Y oremos para que el Homo sapiens comience a comprender que preservar nuestro futuro requerirá casi con toda certeza de algunos sacrificios. Porque justo ahora, sin sacrificios, nuestra única esperanza es diseñar e implementar tecnologías que les permitan a las personas ordinarias hacer cosas extraordinarias a gran escala. (...)

Felizmente, Gore sigue teniendo muy buen ojo para el futuro. Estuvimos charlando unos minutos en un pasillo y pasó buena parte de ese tiempo contándome con entusiasmo sobre un proyecto de ciencia de datos que está respaldando: Climate TRACE, que usa datos sensoriales de satélites e inteligencia artificial para monitorear las emiciones de dióxido de carbono en tiempo real, especialmente aquellas que los gobiernos y las empresas nunca informan.

Con la cobertura satelital 24/7 de la empresa emergente Planet —cuyos cientos de pequeños satélites toman imágenes de la masa terrestre de la Tierra todos los días en alta resolución— podremos ver a un camión maderero entrar en la selva amazónica y luego contar cada árbol que taladró. O, a la inversa, podremos contar los árboles que se plantan y poner un precio al carbono que cada uno está ahorrando, en lugar de solo un precio a la madera extraída del bosque.

 “La era de la transparencia climática radical está a punto de comenzar”, dijo Andrew Zolli, director de impacto de Planet. Todos —tus clientes, tus competidores, tus empleados y los activistas— sabrán exactamente lo que estás emitiendo con un solo clic. Se trata de un gran cambio. (...)

“Tenemos cada vez más pruebas de que el planeta es más frágil de lo que pensábamos”, dijo Rockström. Así que, aunque sea difícil o imposible, este no es el momento para dejar de intentar eliminar gradualmente los combustibles fósiles y evitar desbordar estos puntos de inflexión.

Dos planetas están conversando entre ellos. Uno parece una hermosa canica azul y el otro una bola sucia y café.

“¿Qué diablos te pasó?”, le pregunta el planeta hermoso al café.

“Tengo Homo sapiens”, respondió el planeta café.

“No te preocupes”, respondió el planeta azul. “No duran mucho”."              (


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