9.12.21

“Estamos exhaustos... Estamos seis veces más cansados, más exhaustos... Y ahora aparecen otras curvas. Las personas que, pudiendo hacerlo, no se vacunan... estamos cansados y hastiados de los antivacunas... Estas personas causan indirectamente mucho daño a quienes se han vacunado. No inmunizarse supone un riesgo personal extremadamente alto, una amenaza para los demás porque son potencialmente portadores y transmisores del virus. Y eso facilita las mutaciones y ofrece al virus oportunidades de supervivencia... además los no vacunados nos desprecian... La suya es una actitud de desprecio y arrogancia insoportable... La pandemia es como un puerto de montaña que no se acaba nunca... Una encuesta del Colegio de Médicos reveló que un elevado porcentaje de interpelados estaba dispuesto a abandonar la profesión... ¿Qué significa esta encuesta? Que estamos al límite. Llevamos al pie del cañón mañana, tarde y noche de una forma abnegada y durísima desde hace mucho

“Estamos exhaustos”, declaró el doctor Jordi Mancebo a La Vanguardia el 19 de febrero, en plena tercera ola de la covid y desde la atalaya de las ucis de uno de los centros sanitarios más importantes de Barcelona. Hoy, 289 días después y ya en el inicio de la sexta ola, el director del servicio de medicina intensiva del hospital de Sant Pau denuncia: “Estamos seis veces más cansados, más exhaustos”.

 “Estamos exhaustos”, declaró el doctor Jordi Mancebo a La Vanguardia el 19 de febrero, en plena tercera ola de la covid y desde la atalaya de las ucis de uno de los centros sanitarios más importantes de Barcelona. Hoy, 289 días después y ya en el inicio de la sexta ola, el director del servicio de medicina intensiva del hospital de Sant Pau denuncia: “Estamos seis veces más cansados, más exhaustos”.

Cansados y hastiados de los antivacunas. Él ya ha recibido la tercera dosis. Aficionado al ciclismo, ha vuelto a coger la bici los fines de semana, después de un parón obligado porque en junio lo operaron de una hernia discal. La pandemia, dice, “es como un puerto de montaña que no se acaba nunca.  Llegas a una curva y te encuentras otra rampa del 20%. Y así una vez y otra y otra y... El cansancio crece y las piernas se vuelven de madera ”.

 Y ahora aparecen otras curvas . Las personas que, pudiendo hacerlo, no se vacunan. “Estas personas causan indirectamente mucho daño a quienes se han vacunado. No inmunizarse supone, además de un riesgo personal extremadamente alto, una amenaza para los demás porque son potencialmente portadores y transmisores del virus. Y eso facilita las mutaciones y ofrece al virus oportunidades de supervivencia”.

Y el problema no está solo en los países desarrollados. Sobre todo, en el Tercer Mundo, donde las vacunas desembarcan a cuentagotas. “Los remedios no llegan a zonas en guerra, con hambrunas. A los países pobres, en definitiva. Esas personas contribuirán indirectamente, y no por su culpa, a avivar el fuego. Nos tendríamos que preguntar si lo estamos haciendo bien con nuestros hermanos pobres”.

 Pocas voces son tan contundentes a la hora de calificar a los antivacunas. No es, dice, un problema de egoísmo. “La suya es una actitud de desprecio y arrogancia insoportable. No se quieren vacunar porque no creen en las vacunas, en contra de todos los criterios científicos. No creen, como si habláramos de una religión. Pero sus objeciones, que no se basan en datos científicos, nos desprecian y nos ponen en peligro”.

¿Y qué pasa cuando el médico se enfrenta a un paciente antivacunas? “Nada, absolutamente nada. Para nosotros no es un paciente antivacunas. Es un paciente. Uno más. Nada de reproches ni rencores. Como mucho, yo me he llegado a preguntar si la hospitalización le servirá para reflexionar. Ojalá. Creo, y espero que nadie se ofenda, que si son medianamente inteligentes reconocerán que lo suyo ha sido un error”.

 Desde que comenzó la pandemia al menos 24.149 personas han fallecido por coronavirus en Catalunya (...)

Entre esas más de 24.000 víctimas del coronavirus hay amigos y colegas del doctor Mancebo, “pero ¿quién no ha perdido a un ser querido, a un conocido?”. La pandemia no solo ha tenido “un impacto sanitario, sino también social y económico. Los negacionistas, que –repito– no se basan en criterios científicos, se tendrían que preguntar a qué conduce su insolidaridad”.

 Los profesionales que combaten en primera línea contra el coronavirus reconocen que cada vez están más cansados. “Se nos exige desde hace prácticamente dos años un trabajo muy intenso y que ha puesto de relieve la falta de recursos humanos especializados, tanto de médicos como de enfermeras, después de dos lustros continuados de recortes en sanidad. No hay bastantes especialistas. Y los que hay están sobresaturados”.

Un dato refleja el estrés del sector. Una encuesta del Colegio de Médicos reveló que un elevado porcentaje de interpelados estaba dispuesto a abandonar la profesión, “y esta profesión es esencialmente vocacional. ¿Qué significa esta encuesta? Que estamos al límite. Llevamos al pie del cañón mañana, tarde y noche de una forma abnegada y durísima desde hace mucho”.

 “Ni ahora ni antes la vacuna tiene una efectividad del 100%. Hay personas con enfermedades que están en alto riesgo porque las vacunas son en su caso menos eficaces. Las dolencias que arrastran impiden que sus defensas funcionen adecuadamente. Pero incluso las personas sanas y vacunadas han de ser prudentes en sus actitudes y comportamientos”.

 “El virus siempre puede hallar un agujero por el que colarse e infectarnos si no estamos al tanto. Por eso es tan importante insistir en medidas de higiene básicas. Mascarillas, lugares bien ventilados, lavado de manos. Tenemos ante nosotros un horizonte muy incierto. Mutaciones, nuevas cepas. La pandemia ha ido siempre por delante de nosotros. ¿Qué pasará? No tengo una bola de cristal. Pero hemos de ser prudentes”. (...)

Los aplausos de las ocho de la tarde ya quedaron atrás. “La carga de trabajo es insoportable. Estamos cada vez más cansados, pero no solo aquí, que lo estamos y mucho, sino en todas las áreas de medicina intensiva, en todos los ambulatorios, en todos los hospitales, grandes y pequeños. Se nos ha exigido darlo todo y lo hemos dado. Así en la primera, la segunda, la tercera, la cuarta, en la quinta ola”.

“Ahora estamos en la sexta. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo? Es lógico pensar que si el peso recae siempre sobre los mismos, acabará pasando algo. Ya llevamos mucho tiempo así, más que suficiente para que el Gobierno planifique una estrategia, aunque no se ve nada tangible. Se han habilitado, eso sí, más camas, pero sin recursos humanos especializados. Es como si se hubieran comprado aviones sin pilotos. ¿Quién los hará volar?”."                    (Diego Marchena, La Vanguardia, 04/12/21)

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