"Yolanda Díaz y la nueva "izquierda" española.
La ministra de Trabajo tiene el índice de aprobación más alto de todos los políticos españoles y se le apunta como futura primera ministra.
Poco más de media década después de que Podemos provocara un terremoto político en España, un nuevo fenómeno de izquierdas ha llegado con Yolanda Díaz.
La ministra de Trabajo se ha disparado al cultivar una marca personal alejada de los partidos políticos existentes, lo que la ha convertido en una candidata muy atractiva para convertirse en la primera mujer presidenta del Gobierno del país.
Las encuestas muestran que Díaz, que también ocupa uno de los tres puestos de vicepresidenta del Gobierno, tiene el mejor índice de aprobación de todos los líderes políticos nacionales, ligeramente por delante del presidente socialista Pedro Sánchez.
"Soy una mujer de la costa atlántica", dijo Díaz, que procede de la región noroccidental de Galicia, a POLITICO. "Los que somos de la costa solemos ser más abiertos, pero también es cierto que Galicia es una tierra de calma y de gente cuidadosa y también que lo más importante de la política para nosotros es el diálogo. Esto es muy cierto para mí, es algo que uso todos los días".
Díaz, de 50 años, es una abogada laboralista que se dio a conocer en el ala gallega de Izquierda Unida (IU), liderada por los comunistas, antes de conseguir un escaño en el Congreso de los Diputados.
En 2020, fue nombrada miembro del Gabinete de Sánchez, una de las cinco ministras que representan a Unidos Podemos (UP), el socio menor de la nueva coalición. Sin embargo, Díaz es independiente: Está afiliada al Partido Comunista de España, pero sólo, dice, en homenaje a su padre, un dirigente sindical que fue encarcelado durante la dictadura franquista.
"No tengo partido, no soy militante, pero vengo de esa cultura de gente que trajo la democracia a este país", dice. "Soy una mujer progresista y creo que mis políticas son socialdemócratas".
Su perfil había ido aumentando a lo largo de la pandemia debido a su estrecha participación en el plan de permisos del gobierno y en el aumento del salario mínimo a principios de este año. Los focos se centraron en ella en mayo, cuando el fundador y líder de UP, Pablo Iglesias, renunció a la política nacional y declaró a su amiga Díaz como candidata ideal para UP en las próximas elecciones generales.
Sin embargo, Díaz mantiene las distancias con el partido de izquierda dura de Iglesias, que ha ido perdiendo votantes desde su fulgurante éxito inicial.
"Tiene una imagen de pactadora, una imagen nada conflictiva, agradable y simpática que contrasta con la imagen clásica de Podemos y de Pablo Iglesias", afirma Pablo Simón, politólogo de la Universidad Carlos III de Madrid. "Ella sabe que es un activo electoral, mientras que Podemos es un obstáculo para su popularidad".
Esa conciencia quedó clara en noviembre, cuando Díaz encabezó un grupo de mujeres líderes de la izquierda -la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la vicepresidenta regional valenciana, Mónica Oltra, y Fátima Hamed Hossain, de la Asamblea Municipal de Ceuta, pero nadie de Podemos- al presentar una nueva iniciativa llamada Otras Políticas (un juego de palabras que significa tanto "otras políticas" como "otras políticas").
Díaz insiste en que el proyecto, aún bastante vago, busca recoger las opiniones de los votantes de todo el país más que establecer una plataforma electoral. Pero ha alimentado las especulaciones de que la ministra de Trabajo se está preparando para presentarse como candidata a la presidencia del Gobierno con una candidatura amplia y no contaminada por los partidos existentes.
"Siempre he trabajado en diferentes partidos y he participado en fusiones políticas con gente muy diversa. Siempre he dicho que el éxito está en las combinaciones", dijo.
Rubén Pérez, que trabajó directamente a las órdenes de Díaz cuando ésta dirigía el ala gallega de IU, dijo que su disposición a formar alianzas fue crucial.
"Rompimos un tabú que había existido, no sólo en Galicia, sino en toda España: Un partido de ámbito nacional como IU se aliaba no sólo con los nacionalistas [gallegos] sino con los que querían la independencia", dijo. "Uno de los grandes problemas de la izquierda española en el pasado han sido las tensiones internas de los partidos. Ella ha sido capaz de mirar más allá y ver el panorama general".
El 11 de diciembre, visitó al Papa Francisco en el Vaticano, un movimiento que se considera que amplía el atractivo electoral de Díaz, que no practica ninguna religión, en un país donde la izquierda ha tenido a menudo una relación difícil con la Iglesia Católica.
Pero en una España polarizada, no todo el mundo cree en su imagen moderada.
Pedro J. Rodríguez, director del portal de noticias de derechas El Español, advirtió que el país "no se merece el terrible destino que supondría tener como presidenta del Gobierno a una comunista como Yolanda Díaz, por muy simpática, amable y flexible que sea".
"Pero cuando la máquina electoral se ponga en marcha", añadió, "veremos cómo lo hace. Porque ahora mismo su partido es hipotético, todavía no existe".
Iván Redondo, que hasta hace poco era un alto asesor del primer ministro Sánchez, cree que Díaz es una auténtica fuerza política que pronto podría hacer sombra a su antiguo jefe.
"Yolanda Díaz tiene muchas posibilidades de convertirse en la primera mujer presidenta del Gobierno de España", señaló. "Y no se equivoquen: Cuanto más dure esta legislatura, más posibilidades tendrá".
"No estoy pensando en eso", dijo Díaz cuando se le preguntó si tenía previsto presentarse a las próximas elecciones generales, previstas para 2023 pero que podrían llegar antes. Sin embargo, una vez que la reforma laboral quede atrás, podría empezar a parecerse mucho más a una candidata electoral."
(Guy Hedgecoe , POLITICO, 23/12/21; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)
"(...) Las hipérboles políticas del año que termina han sido Isabel Díaz Ayuso y Yolanda Díaz.
Ellas han rejuvenecido la querella entre la derecha y la izquierda. Han opacado a sus respectivos superiores políticos y proyectado sus liderazgos antitéticos.
El jueves fue el día de Yolanda Díaz. Los tiempos permitieron que su principal objetivo como ministra llegase unas pocas horas después de un error mayúsculo de Pedro Sánchez con la reimposición de la mascarilla al aire libre. La ministra de Trabajo ha abrochado finalmente el acuerdo para la reforma laboral. En las últimas semanas ha desaparecido la idea de que se trataba de una derogación de esa reforma, no así la sensación de que el menos interesado en el acuerdo era la patronal CEOE, a la que la derecha ya ha colgado la etiqueta de traidora y criptocomunista.
La principal victoria de la ministra ha sido, sin embargo, conseguir salir indemne de la trampa que a mediados de octubre le planteó Pedro Sánchez con la colaboración de Nadia Calviño. Díaz desactivó el marco de que la reforma era demasiado osada, simplemente porque nadie creyó nunca que lo fuera.(...)
La reforma de Díaz será positiva para las personas con contratos temporales encadenados de manera fraudulenta —se calcula que 1,5 millones de personas— y perjudicará a las empresas que quieran imponer un salario por debajo de las condiciones estándar. (...)
Hace tiempo que la responsabilidad de esa ruptura en la correlación tener un trabajo y tener seguridad en la vida no corresponde al ministerio de Trabajo —en ningún lugar de Europa— si no al de Economía. No hay que subestimar, sin embargo, la carga de emoción y convicción que despliega la ministra de Trabajo, que ha sido capaz de espantar la idea de que su cartera es una de las superfluas o folclóricas de cualquier Gobierno — más aún después del desgajamiento de la Seguridad Social aprobado en el pacto de Gobierno de 2019— y, a través de los ERTE, presentarla como más importante de lo que ha sido en los últimos 40 años. (...)
En un año, la reforma puede ser la acreditación electoral de una líder que no cuenta con una organización detrás y sí con su baraka, su carisma. Una cosa sin la otra no suelen funcionar del todo, pero esa es otra historia.
(...) la penúltima semana ha sido francamente buena para Díaz. Los datos de diciembre del CIS muestran que la política gallega puede seducir al espacio de Más País y tiene campo para correr entre los votantes del PSOE. Más importante desde el punto de vista táctico ha sido la sustitución que ha tenido lugar en el Ministerio de Universidades.
El prestigioso, pero inadvertido como ministro de Unidas Podemos, Manuel Castells ha cedido el paso a Joan Subirats, un referente intelectual de los Comunes, con capacidad para participar en el diseño de un programa socialdemócrata solvente. Es el enlace que faltaba con el proyecto de Ada Colau, que hoy aparece como el principal apoyo de Díaz en la búsqueda de un cuarto político-organizativo propio.
Si la presidenta de la Comunidad de Madrid es hoy el hype que arrastra y deja sin energía a la población que se considera o es considerada de izquierdas —esa categoría resbaladiza que sigue funcionando a fin de cuentas—, la ministra de Trabajo ha emergido en el último medio año como campo gravitatorio alternativo al de Díaz Ayuso. Como una buena hipérbole de nuestros días, Yolanda Díaz tiene la capacidad de aumentar con cada gesto su número de genuinos creyentes, que confrontan a sus aun minoritarios haters en el campo inagotable y casi siempre vacío de la “ilusión”.(...)" (Pablo Elorduy, El Salto, 25/12/21)
No hay comentarios:
Publicar un comentario