"Acabamos 2021 con un acuerdo sobre la reforma laboral entre el Gobierno de España, los sindicatos y las organizaciones empresariales después de nueve largos meses de negociaciones dirigidas por el Ministerio de Trabajo y Economía Social. El resultado es una nueva legislación laboral que tiene como objetivos fundamentales afrontar las dos principales anomalías del mercado de trabajo español: la temporalidad y la precariedad asociada.
No se entiende esta reforma sin la mención al diálogo social, que había venido dando frutos durante la pandemia en forma de políticas de protección social como los ERTEs, la subida del salario mínimo interprofesional, la herramienta de igualdad retributiva o la Ley Rider. Aquél no debe ser juzgado por fetichismos ideológicos, sino por sus resultados concretos. La reforma laboral es así el culmen de esa serie de políticas laborales, que reequilibra la relación entre el trabajo y el capital, y, al mismo tiempo, un punto de partida más sólido para abrir nuevos horizontes y seguir conquistando derechos. (...)
En la derecha, PP y Vox se han opuesto enérgicamente entre acusaciones de entreguismo al jefe de la patronal, mientras que Ciudadanos se ha movido de forma más inteligente, viendo una oportunidad para sacar cabeza a nivel mediático.
En la izquierda, se ha puesto el foco insistentemente en algunos elementos no abordados de la contrarreforma laboral del PP, como el altamente simbólico de la indemnización por despido improcedente de 45 días, a pesar de no recogerse en el programa de gobierno. También, especialmente desde el nacionalismo vasco –PNV y Bildu, impulsados por ELA y LAB–, se reclama la primacía del convenio autonómico sobre el estatal. (...)
La reforma, que aún debe superar una ardua negociación y el trámite parlamentario para ser aprobada, supone un cambio de tendencia respecto de las políticas laborales de las últimas cuatro décadas, al menos por dos motivos. En primer lugar, en materia de contratación hay que retrotraerse a los años ochenta de la “modernización” socialista para comprender la magnitud del cambio. Es entonces cuando se impone el modelo de la precariedad que arrastramos hasta hoy: la generalización de los contratos temporales en sustitución de los indefinidos como mejor antídoto frente al desempleo y la idea de que era mejor un mal empleo que no tener ninguno.
Ahora, por el contrario, la presunción de que el contrato será indefinido, la limitación de las modalidades de contratación disponibles y el refuerzo de la inspección de trabajo ponen las bases de un modelo basado en la protección social. En segundo lugar, la recuperación de la centralidad de la negociación colectiva, la de la ultraactividad de los convenios, eliminada unilateralmente por la contrarreforma laboral del PP en 2012, y la derogación de la prevalencia del convenio de empresa sobre el de sector en materia salarial suponen una victoria de las organizaciones sindicales, a las cuales rehabilita como representantes renovados y útiles del mundo del trabajo.
Con ello se acaba con las dos palancas que activaron la política de devaluación salarial puesta en marcha por el Gobierno de Rajoy durante la anterior crisis y se abre la vía para una política de rentas basada en la prosperidad compartida, dotando a los sindicatos de una vía a través de la cual canalizar la conflictividad laboral requerida para equilibrar la balanza.
Este cambio de paradigma laboral se inscribe en una gestión política y
económica de la pandemia radicalmente diferente a la vuelta de tuerca
neoliberal que se dio en la crisis financiera de 2008. Las políticas de
austeridad y de recortes en bienes y servicios públicos para “calmar” a
los mercados financieros, y una devaluación interna vía costes laborales
para aumentar las exportaciones han dejado paso durante la crisis del
coronavirus a una flexibilización de reglas fiscales europeas para
generar deuda cuasi mancomunada –los fondos Next Generation– y,
además de realizar inversiones sociales masivas para rescatar a
trabajadores y empresas, y avanzar en la transformación de la economía
de la UE en clave social, verde y digital. (...)" (Mario Ríos / Rodrigo Amírola, CTXT, 9/01/2022)
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