Daniel Bernabé @diasasaigonados
La soberanía de Ucrania, bien. También en 2013, cuando se depuso al gobierno legítimo mediante un alzamiento armado, con participación de mercenarios y con senadores estadounidenses paseándose desvergonzados entre las barricadas. Maidan empezaba con la M de McCain.
La democracia en Ucrania, bien. También cuando se ilegaliza el Partido Comunista, se persigue a la población rusófona, los nazis campan en las instituciones estatales y en 2014 se quemaron vivas a 50 personas en la casa de los sindicatos de Odessa.
Qué países como Austria no formen parte de la OTAN responde a un equilibrio de fuerzas post II Guerra Mundial. Nadie cree por ello que la soberanía austriaca esté comprometida. No seamos hipócritas pretendiendo que Rusia acepte como normal misiles a 7 minutos de Moscú.
11:23 a. m. · 21 ene. 2022
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"Mijail Gorvachov, quien capitaneó la Unión Soviética durante su descomposición, negoció con la OTAN que esta alianza militar, liderada por EEUU, no se extendería hacia el Este de Europa.
El objetivo era garantizar la seguridad de su entonces país y de la nueva Rusia que estaba por nacer. Pero aquel acuerdo fue verbal, no hay documento que lo sustente y hoy es papel mojado.
Quizás fue un gran error del padre de la Perestroika (y a saber por qué no lo logró). El propio Gorvachov lo ha contado en distintas ocasiones, hasta en sus memorias, y así también lo han corroborado historiadores y conocedores de lo ocurrido aquellos años. Ahora la OTAN considera que cada país es libre de hacer lo que quiera.
En 1997, Borís Yeltsin, con una URSS aniquilada, llegó a nuevos acuerdos con la OTAN; y en 2004 se integraron a la Alianza los países bálticos. Vladimir Putin, ya presidente de Rusia entonces, cedió; pero siempre ha tenido claro que Ucrania es la línea roja que no se va a traspasar. Putin considera a la vecina Ucrania el otro corazón de Rusia (más allá de la propia Rusia bajo el eje de Moscú), nunca renunció a Crimea y, por ejemplo, la ciudad de Dnipro fue sede de la industria armamentística y aeroespacial de la URSS, el escaparate del poderío soviético durante la Guerra Fría. Para rematar, Kiev representa mucho de lo que fue en el pasado la gran Rusia zarista.
"Ni un centímetro hacia el Este nos dijeron en los años 90 y nos engañaron", ha remarcado Putin en medio del nuevo conflicto, al preguntarse: "¿Estamos acaso poniendo misiles junto a las fronteras de EEUU con Canadá y México? Son los Estados Unidos los que han venido con sus misiles a nuestra casa".
Ucrania representa para Putin el "no pasarán". Hoy, Rusia tiene desplegados unos 130.000 soldados en la frontera, mientras soplan vientos de guerra. Recordemos lo acontecido entre 2013 y 2014: las revueltas del Maidan en Kiev, cuando fue derrocado el presidente prorruso Viktor Yanukóvich; la anexión rusa de Crimea y la guerra del Donbass, entre fuerzas separatistas prorrusas apoyadas por Moscú y el Ejército ucraniano. Este conflicto sigue manteniendo bajo máxima presión el oriente de Ucrania.
Seguridad mundial y guerra del gas
Amenazas y amenazas. Esta es la palabra más escuchada en las últimas semanas en medio de un caos geopolítico difícil de comprender si no nos remontamos a la Guerra Fría. Este miércoles, el presidente de EEUU, Joe Biden lanzó la última: si Rusia invade Ucrania, "lo va a lamentar", al mismo tiempo que anunciaba la batería de sanciones que caerán sobre Moscú y que terminarán afectando a la población rusa, pero también a la ucraniana y europea.
Pero no se trata solo de controlar y salvaguardar el territorio, ni tampoco de definir quién es más ruso (dentro de lo que fue la Unión Soviética); hay otro factor clave que ha acrecentado esta crisis: el gas. Actualmente llega desde Rusia el 40% del gas que se consume en Europa (en el caso de los países bálticos y del norte es el 100%).
Estados Unidos comenzó a colocar su gas natural licuado (GNL) en los mercados internacionales hace solo seis años, especialmente en Asia (desde entonces se ha venido convirtiendo en un gran exportador de GNL), pero aprovechando el alboroto en Ucrania (país que aspira a entrar en la OTAN en contra de los deseos e intereses de Rusia), comenzó a desviar a sus barcos metaneros, algunos en plena travesía, hacia el viejo continente. El objetivo es favorecerse de los altos precios que se pagan en Europa y, de paso, calentar el conflicto. Ya lo dijo Donald Trump: "Nuestro gas irá donde tengan los mejores precios". Sí, es la ley del mercado y, ante la reducción de las reservas, en Europa se comienza a comprar gas a los estadounidenses.
cuando el promedio en la
última década ha sido del 66,5%. El propio director de la Agencia
Internacional de la Energía, Fatih Birol, llamó al orden a Rusia por
este hecho, consideró que está estrangulando el mercado. Putin respondió
que Gazprom (el gigante gasístico ruso) ha cumplido sus obligaciones y
achacó la subida de los precios a la decisiones europeas de optar por la
volatilidad de los precios a corto plazo.
Europa, sin orden ni concierto
Y en la cola está Europa, sin una
política de defensa común y como relleno del sándwich. Segura de que es y
será víctima, pocas voces, como el francés Emmanuel Macron, han
propuesto, tarde y mal, que una sola voz hable por Europa en esta
crisis. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Layen,
comentó hace algunos días que esta situación solo se resuelve con la
participación de Europa y propuso el formato de Normandía, el grupo
compuesto por Alemania, Rusia, Ucrania y Francia. El problema es que a
Putin ni le interesa hablar con Europa, sus problemas son con EEUU y la
OTAN. En este complejo puzzle, y en un claro alineamiento con la Alianza
Atlántica, la ministra española de Defensa, Margarita Robles, ha
anunciado el envío de una fragata al Mar Negro.
La posición española contra Rusia es una especie de regresión en nuestra propia historia reciente: el "No a la guerra" por el que apostaron los españoles en 2004 cuando Aznar envió tropas a Irak, en medio de las mentiras de EEUU. Y es que Europa no está en pie de guerra contra nadie, o al menos no debería estarlo.
"Si Europa llegara a enfrentarse militarmente con Rusia cometería un gigantesco error histórico, con gravísimas consecuencias, comenzando por la pérdida de vidas humanas y el desastre económico; y todo para satisfacer intereses de EEUU y la angloesfera". Con este comentario, el experto en Seguridad y Defensa Pedro Baños solicitó en las redes sociales acallar a quienes jalean y aplauden los gritos de guerra.
La guerra es de irresponsables." (Esther Rebollo, Directora adjunta de Público, 20/01/22)
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