"Rafael Poch-de-Feliu fue veinte años corresponsal en Moscú y Pekín, además de otros nueve en Berlín y en Europa del Este. Es uno de los periodistas españoles que más conoce la geopolítica de Rusia y su entorno. Con él repasamos el conflicto de Ucrania, los antecedentes, las intenciones y estrategias de todos los actores y las posibles perspectivas.
El periodista Rafael Poch-de-Feliu, autor del libro Entender la Rusia de Putin. De la humillación al restablecimiento"
(Akal), nos recuerda en esta entrevista que Estados Unidos, primera
potencia militar mundial y responsable de más de la mitad del gasto
global en armas, lleva años rodeando militarmente a Rusia y China y a
eso le llama "defensa". Respecto a la crisis de Ucrania considera que el
interés de Washington por mantener su dominio político-militar en
Europa y la estupidez estratégica de la Unión Europea, nos lleva
derechos a una situación peligrosa perfectamente previsible.
En su
opinión, la paradoja es que la OTAN existe hoy para afrontar los riesgos
creados por su existencia y su ampliación al Este. Por último afirma
que la actual crisis se resolvería con un compromiso internacional para
que entre Rusia y la UE hubiera un espacio militarmente neutral.
—
Llevamos meses escuchando que es inminente una invasión rusa de
Ucrania, la última vez el 28 de enero, cuando Biden dijo que podría ser
en febrero. Por otro lado, Josep Borrell, alto representante de
Exteriores de la UE, habla del momento más peligroso desde la Guerra
Fría. ¿Qué piensas?
—
Lo más curioso es que los principales afectados por la amenaza, los
ucranianos, juegan el asunto a la baja, tanto el Presidente como su
ministro de Defensa, y dicen que no hay un peligro inminente…No
tengo claro dos cosas.
Primero, que si no hay una respuesta suficiente,
es decir si no se satisfacen algunos de los puntos que los rusos han
planteado en los documentos enviados a Estados Unidos y la OTAN, habrá
una respuesta "técnico-militar" de Moscú. Eso lo ha dicho Putin y si no
lo hace perdería la cara.
Podemos
especular sobre qué significará eso en concreto y aquí hay varios
escenarios posibles. Desde imitar lo que hacen periódicamente los
americanos lanzando misiles exactos contra infraestructuras militares
ucranianas y equipar con armas modernas a los rebeldes del Este de
Ucrania, hasta crear nuevas situaciones militares utilizando a países
adversarios de Estados Unidos en su patio trasero
como Nicaragua, Venezuela y Cuba. Creo que será algo claro y efectivo,
de lo contrario todo parecería una comedia. Sea cual sea la respuesta,
contiene riesgos enormes, en primer lugar para Rusia.
Segunda:
Rusia ha acompañado la presentación/divulgación de los documentos para
un acuerdo que satisfaga sus intereses de seguridad, poniendo tropas en
su frontera. ¿Por qué? Porque sin eso no le habrían hecho ni caso. Hay
que comprender que nada de lo que está contenido en esos documentos es
nuevo. Moscú lleva pidiéndolo desde hace años, y en algunos casos,
décadas, sin obtener el menor resultado. La actual "amenaza" es lo que
cambia las cosas. Es un recurso de negociación.
—
La principal queja de Rusia es que una integración de Ucrania en la
OTAN supondría tener al lado de su casa misiles enemigos, el argumento
de la OTAN es que Ucrania es un país soberano y es libre de integrarse o
no en la OTAN. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
—
Claro que Ucrania tiene derecho a solicitar su ingreso en la OTAN y que
ésta tiene derecho a admitir a quien quiera, pero es que no se trata de
derechos. El derecho no disuelve las leyes más básicas que presiden
esta situación.
En 1962, Cuba tenía derecho a pedir a Moscú misiles nucleares para disuadir a Estados Unidos
de nuevos desembarcos como el de bahía cochinos y la URSS tenía derecho
a desplegarlos en respuesta a los que a ella misma le amenazaban desde
Turquía, ¿verdad? De la mano del derecho íbamos derechos, y nunca mejor
dicho, a una guerra nuclear, así que se dio marcha atrás.
Ahora se trata de lo mismo: la OTAN
ha ido demasiado lejos. El interés de Washington por mantener su
dominio político-militar en Europa y la estupidez estratégica de la
Unión Europea, nos lleva derechos a una situación peligrosa
perfectamente previsible. Pero, ¿son capaces de reconocer el error y dar
marcha atrás? Lo dudo. En los últimos treinta años han creado un enredo
fenomenal sobre el que muchos advertíamos. La OTAN existe hoy para
afrontar los riesgos creados por su existencia y su ampliación al Este.
—
Parece que EEUU y la OTAN han rechazado las propuestas de Rusia y
ofrecen un diálogo en base a tres ejes: el regreso a las oficinas en
Moscú y Bruselas; restablecer los canales de comunicación para fomentar
la transparencia y rebajar las tensiones; y un nuevo acuerdo de armas
que reduzca los riesgos de un choque nuclear, químico, cibernético o
biológico. ¿Qué opinas del rechazo y de la propuesta de EEUU y OTAN?
—
Estamos en el inicio de una partida que puede ser larga. Parece que
Biden está dispuesto a restablecer de alguna manera el acuerdo sobre
misiles nucleares “tácticos” (de corto alcance) del que Trump se retiró
unilateralmente para tener más holgura en el cerco militar contra China
en Asia Oriental, y que ve posibilidades de negociar en materia de
sistemas antimisiles (ABM). Lavrov ha dicho que la respuesta de
Washington solo afecta a "cuestiones secundarias y en
la Duma rusa, que es una correa de transmisión del Kremlin, se propone
armar mejor a los rebeldes del Donbás". Habrá que observar los
siguientes pasos…
Lo
que hay que entender es que la primera potencia militar mundial,
responsable de más de la mitad del gasto global en armas lleva años
rodeando militarmente a dos potencias, Rusia y China. A eso se le llama
"defensa". Cuando Rusia (3% del gasto militar global), o China (13%),
reaccionan respondiendo a ese cerco con medidas junto a sus fronteras, en el caso de Rusia movilizando tropas en su territorio,
eso es "amenaza". Hay que estar muy intoxicado por una ingestión
desmesurada de medios de comunicación occidentales, para tragarse esa
bola, ¿verdad?.
—
¿Cuál es tu opinión sobre la postura europea? Si es que se puede hablar
de una postura europea, porque España envía fragatas mientras Macron
negocia por su cuenta con el presidente ruso y los empresarios italianos
se reúnen con Putin para hablar del precio del gas.
—
La estrategia de Estados Unidos por lo menos defiende intereses
nacionales claros: para no mermar su potencia mundial deben seguir
teniendo bien controlada la situación en Europa. Para ello mantiene la
tensión con Rusia, algo muy fácil de conseguir en determinados países
del Este y repúblicas exsoviéticas, e intentan ganarse a las potencias
del Oeste del continente para su política de sanciones, embargos y
contención militar contra China. Esto último es más complicado, porque
China es el principal socio comercial de la UE.
Teniendo
en cuenta el mundo en el que vivimos, los serios problemas del
calentamiento global, de desigualdad, de explosión demográfica y de
proliferación de recursos de destrucción masiva, esa estrategia es una
pérdida de tiempo que obstaculiza y retrasa la integración internacional
que necesitamos, como humanidad, para el siglo XXI. Es una lógica
criminal, pero hay lógica.
En
el caso europeo no hay nada de eso. Es mera estupidez estratégica.
Primero tiraron a la basura la idea de Gorbachov de "casa común europea"
de Lisboa a Vladivostok y los preceptos de una seguridad continental
integrada de la Carta de París de noviembre de 1990, según los cuales la
seguridad de unos no puede obtenerse a costa de la de otros, sino que
es indivisible.
Traicionaron
los pactos de la reunificación alemana en el sentido de que la OTAN no
se movería "ni una pulgada" hacia el Este y prefirieron ampliar ese
bloque militar. Es decir, engañaron a Rusia. Recuerdo perfectamente la
discusión que tuvimos con Javier Solana en el hotel Oktiabr de Moscú
cuando con su sonrisa jesuítica decía que la ampliación "no va contra
Rusia". ¡Se nos presentaba a los corresponsales que trabajábamos allá
como si fuese el presidente de una ONG…!
Ahora
la actual crisis se resolvería con un compromiso internacional para que
entre Rusia y la UE hubiera un espacio militarmente neutral (eso lo
defiende hasta Henry Kissinger) y un continente desnuclearizado. El 90%
de los europeos votarían a favor de eso con las dos manos.
Nuestros
atlantistas afirman que eso acabaría con la soberanía de países como
las repúblicas bálticas, Polonia, Ucrania etc. Hablan de un "nuevo
Yalta" (Borrell). Pero en Europa ya tuvimos países neutrales como
Austria y Finlandia, perfectamente democráticos y soberanos en plena
guerra fría, cuando Moscú era mucho más poderosa que hoy. Ucrania, que
es un país mixto y con el corazón partido en muchas cuestiones, es el
país perfecto para un acuerdo en esa línea: un pacto de neutralidad
arbitrado y garantizado por la ONU que impida toda perspectiva de
convertirla en satélite de uno u otro.
Algo
así podría ser el principio de la emancipación europea en materia de
política exterior y de seguridad, y esa es, precisamente, la verdadera
dificultad porque a Estados Unidos no le interesa.
—
Mientras se mantiene la tensión, se están produciendo amenazas de
sanciones económicas. ¿De qué modo pueden afectar unas sanciones
económicas y comerciales a Rusia y también a la UE y su suministro de
gas?
—
Las sanciones serán muy malas para todos, pero en diferente medida. Las
consecuencias serán mucho peores para Rusia que para la UE, y mucho
peores para la UE que para Estados Unidos. Pero si son lo que se apunta,
todos se resentirán, lo cual será un factor de mayor escalada. Que
Occidente haya sustituido la diplomacia por la política de fuerza,
porque las sanciones son eso una guerra por otros medios, es muy
peligroso.
—
Se habla y escribe mucho sobre el origen de este Gobierno ucraniano y
su modo de llegar al poder, ¿cuál es tu opinión de aquellas revueltas
(Euromaidán) que derrocaron al anterior Gobierno más cercano a Rusia y
la llegada del Gobierno actual?
El Maidán tuvo varios componentes.
Uno era claramente nacional-popular y antioligárquico. El Gobierno
oligárquico de Ucrania no quiso romper con Rusia, tal como le propuso la
UE en su proyecto de acuerdo: solo con nosotros. Como el grueso del
comercio ucraniano era con Rusia, el Gobierno no accedió. Eso excitó la
protesta y sobre ella actuaron las potencias occidentales.
Los
enfermos estrategas de los servicios de inteligencia de Estados Unidos,
obsesionados con dañar a Rusia, aprovecharon la oportunidad y la
dirigieron. Por eso digo que fue una mezcla de movimiento popular y
operación de cambio de régimen. Para imponerse, ese cambio precisó
violencia. La extrema derecha ucraniana puso ahí la infantería. Momento
clave fue el tiroteo de decenas de manifestantes en Kiev.
Hay muchos
indicios de que aquella masacre fue obra de las fuerzas locales y
occidentales que animaban el cambio de régimen.
Donde
el nacionalismo ucraniano antirruso no tenía base social, el nuevo
régimen se impuso con violencia. En Odesa se aplastó la protesta popular
con otra masacre en la casa de los sindicatos con una cincuentena de
muertos. Asistí a todo eso, tanto en Kiev como en Odesa. En otras
regiones de Ucrania el miedo, la debilidad de la protesta o la pasividad
de los disconformes con lo que sucedía, decidió la situación.
—
Desde Occidente se acusa a Putin de adoptar una clara política
expansionista en Georgia, Crimea o en las autoproclamadas Repúblicas
Populares de Donetsk y Lugansk. ¿Cuál es tu opinión?
—
Todo el proceso del año 2014 fue muy complicado y dramático. El
nacionalismo ucraniano era exclusivista y antirruso únicamente en las
regiones occidentales del país. Ese nacionalismo es el que hoy se ha
impuesto al conjunto del país. La lógica de la consolidación nacional de
Ucrania exige, al igual que en otras repúblicas exsoviéticas, pintar de
negro todo lo ruso y soviético pese a que para millones de ciudadanos
forma parte de la propia biografía. Stalin era georgiano y entre los
dirigentes soviéticos más ortodoxos y conservadores, destacaban los
ucranianos, cuyo primer presidente, Leonid Kravchuk, apoyó el golpe de
estado contra Gorbachov de agosto de 1991... Está también la herencia
del pasado.
Las
hambrunas creadas por la colectivización estalinista mataron a varios
millones de campesinos en Kazajistán, Ucrania y Rusia, pero ahora se
presenta, tanto en Kazajistán como en Ucrania, como "genocidios
nacionales" a cargo de "los rusos". Los resistentes al poder soviético
reciben el título de héroes, pese a que en Ucrania, por ejemplo, muchos
se pusieron al lado de Hitler y tuvieron un papel primordial en la
matanza de judíos. La glorificación de los colaboracionistas nazis es
indecente y el Parlamento Europeo ha contribuido a ello.
Todo
esto es lamentable y hay toda una dolorosa lógica histórica y política
nacional que lo fomenta y propicia. El resultado es sumamente delicado
porque, tanto en Ucrania como en Kazajistán, hay mucha población, rusa o
no, que no comparte ese sentir.
Por
otro lado, el nacionalismo ruso, frecuentemente con aspectos de extrema
derecha, es la ideología que rige en Moscú y tiende a mantener el
dominio sobre las antiguas repúblicas de su imperio. Desde esa
mentalidad, Ucrania no es una nación, sino una especie de prolongación
de Rusia, un invento. Es llamativo el desprecio y la chulería con las
que muchos de los medios de comunicación oficiales rusos se refieren a
lo ucraniano.
Además,
el Kremlin teme la aparición de cualquier movimiento popular en Rusia,
donde la situación está bien lejos de la estabilidad. Aquí está servido
el choque de trenes y hay una responsabilidad compartida, pero lo
determinante es el gran juego geopolítico y en eso las cosas están muy
claras. La potencialidad explosiva de todo eso era bien conocida. Había
que manejarla con sumo cuidado.
El crimen de la UE de 2013, con la canciller Merkel llevando el timón, fue, precisamente, excluir a Rusia del acuerdo con Ucrania.
Aquello fue un incentivo para la guerra civil. Naturalmente, los
americanos explotaron esa mina con saña… El resultado final fue un nuevo
Gobierno ucraniano, corrupto y oligárquico pero de obediencia
occidental. En última instancia en Ucrania los intereses geopolíticos
han podido mucho más que los movimientos populares que han sido
secuestrados por ellos. Por lo menos de momento." (Entrevista a Rafael Poch, Pascual Serrano, Sputnik, 01/02/22)
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