"Casado claudica ante Ayuso mientras los barones cuestionan su liderazgo. El líder ofrece a la presidenta cerrar la investigación interna sobre su hermano.
Pablo Casado se enfrenta a sus horas más críticas como líder del PP. Su continuidad al frente del principal partido de la oposición está en riesgo, según relevantes barones del partido que estudian las fórmulas para propiciar que el PP dé paso a otro liderazgo. Consciente del peligro, Casado ha tratado de sortear la grave crisis interna claudicando ante Isabel Díaz Ayuso.
Ha pasado en solo unas horas de acusarla de bordear prácticas delictivas con los contratos de su Gobierno a su hermano a ofrecerle dar por zanjada la investigación interna para lograr un acuerdo. El líder del PP citó a la presidenta madrileña durante tres horas y media el viernes en su despacho, pero no hubo pacto porque Ayuso se negó a defender en un comunicado conjunto que el PP no ordenó espiarla.
El movimiento de Casado profundizó el desasosiego en algunos de los principales dirigentes territoriales, que han dejado de creer en él como líder. “Casado ya no es el futuro del PP”, afirman con contundencia.
El problema de Casado, según estos barones de peso en el PP, es que la gestión de la guerra con Ayuso ha provocado “un divorcio de las bases con la dirección nacional” y ha dejado tocada su imagen de forma definitiva. “Pablo ya no es un activo, es un pasivo”, afirman estos dirigentes territoriales, que tampoco ven en ningún caso a la presidenta madrileña como líder del partido.
“Cuando baje el suflé, ella tampoco va a quedar bien. A corto plazo no puede ser el futuro, esto la deja tambaleante”, afirma un barón. Si los pagos a su hermano son o no un asunto delictivo es algo que se ignora en las baronías, pero a la espera de la decisión de la Fiscalía sí se tiene claro que Ayuso también se ha dejado pelos en la gatera.
La revuelta está en marcha. Los barones están al habla permanentemente y han otorgado el liderazgo a Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia, que ha tomado la iniciativa y ha llamado a muchos de ellos para pedirles su opinión. El primer consenso de los principales líderes territoriales, según las fuentes consultadas, es que Casado tiene que destituir de forma inmediata al secretario general, Teodoro García Egea, como primer paso. “Cada día que pasa sin que entregue la cabeza de Teodoro, la que peligra es la suya”, advierten estas voces. De esta forma, Casado ganaría tiempo como líder del PP, pero “probablemente, no sería suficiente”, avisan.
Las principales baronías del PP, las fuerzas vivas del partido en estos momentos críticos, miran a Feijóo como el próximo líder. “Feijoo es la única opción. Tiene cuatro mayorías absolutas, es un hombre solvente. Es el único que puede liderar cualquier cosa que se pueda hacer”, defiende un barón. “Feijóo es el auténtico líder moral de este partido”, sostiene otro. Todas las miradas se dirigen al presidente gallego, que guarda silencio sin desvelar sus intenciones. Algunos dirigentes que han hablado con él en las últimas horas afirman que le ven “dispuesto” a dar un paso adelante. (...)
El presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, el otro barón con más ascendencia en el PP, no tiene ninguna intención de postularse para presidir el partido, según fuentes próximas.La magnitud del giro de Casado demuestra que es consciente de su situación de fragilidad. (...)
Ambos negociaron hasta tres versiones de un comunicado conjunto, pero
Ayuso se negó al final a suscribirlo porque Génova quería que figurara
que ella confía en que el partido no ha tratado de investigarla
contactando con detectives. Ayuso lo rechaza porque piensa que el
intento de espionaje es cierto. “¡No paran de salir testimonios!”,
claman en su entorno. (...)
La marcha atrás de Casado todavía indignó más a algunos barones. “Ha quedado tan desprestigiado... ¿actúa como un fiscal contra Ayuso y luego pelillos a la mar? ¡Pero qué espectáculo es este!”, clamaba uno. El líder se movió en la dirección que le había pedido Núñez Feijóo, un pacto político con la presidenta de Madrid. Con ese acuerdo y la destitución de García Egea las aguas podrían calmarse temporalmente, explican las fuentes consultadas en los territorios, pero Casado no ha logrado pactar con la presidenta de Madrid incluso a pesar de su volantazo renunciando a acusarla de prácticas casi delictivas en los contratos de su hermano.
El líder cuenta con la ventaja de que la revuelta interna no es nada sencilla, sobre todo porque Casado, como transmiten fuentes de su entorno, no tiene ninguna intención de dimitir. Se baraja una reunión de los presidentes territoriales con Casado para pedirle un paso atrás, porque la opción de forzar un congreso extraordinario es muy complicada, ya que requiere sumar dos tercios de los miembros de la junta directiva nacional, repleta de casadistas. Otra posibilidad es esperar al congreso nacional, previsto para julio, y pactar una sucesión ordenada, pero eso también requeriría el consenso de Casado. Génova, por su parte, cree que los barones no se atreverán a un golpe de Estado. La sensación es de caos total mientras el ambiente se caldea. (...)" (Elsa García Blas, El País, 20/02/22)
"(...) El domingo, día 20, todos los medios de comunicación se hacen eco de la reunión “secreta” de tres horas que el viernes celebraron Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso.
El encuentro no selló la paz. Al contrario, apuntó que Ayuso sale tocada, pero que, claramente, el lado más débil del envite es Casado.
Tras el encuentro aumentan las voces sobre una posible sustitución en la cabeza del partido a través de un congreso extraordinario. Es ya un coro el que pide que sea Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Comunidad autónoma gallega quien, con sus cuatro mayorías absolutas, tome las riendas del PP. (...)
Los presidentes autonómicos, empezando por Feijóo (gallego), pero siguiendo por el andaluz (Moreno Bonilla) o el murciano (López Miras), hijo de un golpe de mano que liquidó a C’s y se quedó con parte de Vox, trabajan ya para descabezar a los capitanes en Génova. Casado se resistirá, pero es solo cuestión de tiempo como ha demostrado su precipitado cierre, sin contrapartidas, del expediente contra Díaz Ayuso. (...)" ( Carlos Girbau , Sin Permiso, 20/02/2022)
"(...) ¿Quién puede salvar al PP?
Algunas miradas se posan en Feijóo que, en palabras de un diputado del PP, "nos libraría de Casado, de Ayuso y de Vox, si eso es aún posible". Pero el presidente de la Xunta de Galicia, que se ha posicionado a favor de la presidenta madrileña, la que tiene poder, votos y la mayoría de la prensa conservadora, ya frenó una vez su desembarco en Génova por algunas sospechas muy fundadas sobre los dosieres que manejaba su entonces rival en el liderazgo del partido, la exvicepresidenta y mandamás del CNI, Soraya Sáenz de Santamaría.
Estas informaciones en poder de la mano derecha de Rajoy en el Gobierno darían cuenta más detallada de lo que se conocía ya sobre las amistades pasadas de Feijóo con narcos condenados o con empresarios imputados en la macro operación Pokémon de corrupción en Galicia.
Hoy, no obstante, parece difícil que alguien que no sea Feijóo, al que
avalan cuatro mayorías absolutas y la marginalidad de la ultraderecha en
su territorio (hoy, un valor, porque a eso hemos llegado con Vox),
pueda sacar al PP del agujero en el que está metido. O, más bien, en el
que le han metido la mediocridad más absoluta, la corrupción más
sangrante y la falta de escrúpulos más imperiosa." (Ana Pardo de Vera, Público, 17/02/22)
"(...) La salida de las elecciones de Castilla y León ha devuelto el instinto autodestructivo al Partido Popular, que lleva mucho tiempo instalado en el error estratégico permanente.
Los resultados de Mañueco encendieron las alarmas, porque al minuto siguiente Díaz Ayuso estaba llamando a las puertas de Génova y reclamando el congreso madrileño, lo que se interpretó como un paso más en la intención de la presidenta de Madrid de derribar al actual líder. De modo que se actuó como casi siempre: ya que no hemos podido parar al enemigo externo, vamos a parar al interno.
La pinza Ayuso-Vox
Si se piensa en frío, el PP solo ha podido disparar esta guerra por una mala interpretación de los resultados castellanos. Ha ganado las elecciones con 32 procuradores, mientras que su rival en la derecha, Vox, ha conseguido 13, lo que supone una distancia considerable. La foto que arroja CyL, que es bastante representativa del momento político español, era favorable a los populares: si el PP asentaba su electorado y Vox crecía, era posible llegar a la Moncloa frente a una izquierda en la que el PSOE no mantenía su voto y Podemos caía en picado. Lo lógico, en términos estratégicos, hubiera sido aceptar la radiografía que le devolvieron los votantes, entender el resultado y obrar en consecuencia.
Salvo que, además de combatir a Vox, con la convocatoria anticipada de elecciones se aspirase, como ayer subrayaba Zarzalejos, a frenar en seco las aspiraciones de Ayuso. Un buen resultado solo podría ser aquel en el que el PP no dependiera de Vox para gobernar, y no ha sido el caso.
En cuanto a amenaza para el liderazgo de Casado, Génova hacía bien en situar a la misma altura a Vox y a Ayuso, porque funcionaban como un complemento. El triunfo arrasador de Ayuso en Madrid no dio alas fuera de la capital al PP, sino a Vox. Esa postura retadora y contundente frente al Gobierno de Sánchez que representa Ayuso la encarna Vox mucho mejor que el PP fuera de la M-40. Y en esa alianza no explícita estaba la trampa: si Vox crecía era porque el liderazgo del PP era lo suficientemente endeble como para permitirlo. Cuanto más crecía Vox, más pequeño parecía Casado y más grande Ayuso; mayor era la amenaza externa y mayor la interna.
Revolverse contra sí mismos
Sin embargo, esa mirada sobre la situación política española peca de cortedad, porque presta más atención al enemigo interno que al externo. La posibilidad de gobernar hoy pasa por la suma de los bloques, no por el triunfo de un partido, y el de la derecha estaba liderado por el PP con cierta ventaja sobre Vox, mientras el bloque de izquierdas no terminaba de recuperarse. Si el foco se ponía en la posibilidad de llegar a Moncloa, los números no eran malos.
Parece inevitable, no obstante, que los partidos sucumban a la tentación de revolverse contra sí mismos. También le ocurrió al PSOE cuando se vio presionado por el ascenso de Podemos y por unas encuestas que le otorgaban porcentajes endebles. La tensión por el liderazgo entre Susana Díaz y Pedro Sánchez fue elevada durante los meses previos a las elecciones ganadas por Rajoy, y explotó tras la última con un esperpéntico espectáculo en directo desde Ferraz, un 1-O, con la expulsión del liderazgo de Sánchez. Ese golpe de Estado interno tuvo consecuencias significativas a corto plazo e insospechadas a medio: la lucha intestina perdida por Sánchez permitió la investidura de Rajoy, pero también acabó provocando la derrota definitiva de Díaz y la llegada de Sánchez a la Moncloa.
Esas consecuencias inesperadas también pueden aparecer en este caso, máxime cuando la guerra en el PP es más exagerada, con sus dosieres y sus detectives de por medio, lo que evoca los peores instintos políticos y perjudica profundamente la marca electoral.
Los barones
En principio, el mayor beneficiado de todo esto es Abascal, tras una convocatoria anticipada en Castilla y León de la que ha salido reforzado, con un PP desangrándose en público y con una mayoría de electorado popular que veía natural un pacto con Vox. Y esto hace más fácil que la decepción que provoquen los populares sea recogida por los de Abascal.
No puede descartarse, y suele ocurrir, que la contienda no acabe con la muerte política de uno de los contendientes, si no de los dos
Pero, en segundo lugar, la pelea interna en el PP abre la puerta a muchas más opciones de las que parece: estas cosas se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban. En principio, cuando esta clase de guerra se lanza, no se termina hasta que uno de los dos líderes cae derrotado. Y puede que esta crisis sea el empujón que necesitaba Ayuso para atreverse a cuestionar abiertamente el liderazgo del partido a Casado, y quizás a conseguirlo.
Sin embargo, no puede descartarse que la contienda no acabe con la muerte política de uno de los contendientes, si no de los dos. Casado va a salir inevitablemente dañado de esta riña turbia, aunque la gane, y Ayuso tampoco saldrá indemne, en caso de resolución positiva para ella. Estas guerras se ganan a partir del apoyo interno, y si una mayoría de barones se decanta por uno de ellos, el otro lo tendrá muy difícil.
Pero si los apoyos están repartidos, la pelea puede demorarse y llevar a un momento retorcido y paralizador, que conduzca a un inevitable descenso en intención de voto y a una sensación de catástrofe fratricida. En esos escenarios, siempre termina apareciendo un pacificador, una figura que permite recuperar los consensos y coser lo roto.
Algún barón
puede pensar que este es su momento, que basta con esperar a que corra
la sangre política para después ejercer de médico. Ojo con los tapados:
cuando un colectivo vive en un entorno paranoico, como es el caso,
siempre hay algún actor que sabe jugar con las pasiones ajenas en
beneficio propio." (Esteban Hernández, El Confidencial, 18/02/22)
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