14.2.22

Las (malas) razones de Rufián... ERC no ha podido explicar convincentemente su voto negativo a la reforma laboral... dado que votar en contra suponía continuar con el statu quo definido por el PP en 2012... habría resultado comprensible (e irreprochable) la abstención: puesto que la reforma queda demasiado lejos de las ambiciones del grupo republicano, este decide abstenerse, pero no se opone a que haya un cambio en la dirección correcta... no lo hizo... ¿por pura frivolidad? ¿Para desarbolar al gobirno... o a Yolanda Díaz? Entre izquierda y nación, ERC escoge siempre la nación.

 "(...) la frivolidad de ERC, EH Bildu y BNG, que creyeron llegada la oportunidad de hacer una machada ante sus respectivas parroquias nacionales… sin coste alguno. 

Es decir, contando con que ya se encargarían otros de sacar adelante la reforma laboral. Más allá de las torpezas que haya podido cometer, el gobierno tenía la obligación de buscar apoyos y preservar los términos de lo pactado. Los “socios” en cuestión no facilitaron precisamente la cuadratura del círculo. 

Esa es su responsabilidad y no tiene sentido ocultarla. Lo que hay detrás de ese enfoque es la idea de que la izquierda alternativa debería aglutinar a esa constelación de izquierdas “periféricas”, haciendo de contrapeso al reformismo socialdemócrata. A falta de sorpasso…          

El problema es que esas izquierdas son ante todo nacionalistas. Y eso tiene un claro sesgo ideológico de clase. La idea que se hace ERC de la justicia social es “la caseta i l’hortet” de Macià. Es el “socialismo” chato y provinciano del “senyor Esteve”, aquel personaje teatral de Santiago Rusiñol cuya cosmovisión apenas rebasaba las paredes de la mercería que orgullosamente regentaba, como ya señalara en su tiempo Andreu Nin. Entre derecha e izquierda, sobre todo fuera de Catalunya, ERC se inclina por la izquierda; pero entre izquierda y nación, escoge siempre la nación.

 O la idea distorsionada que se hace de ella. Es ilusorio querer trenzar una izquierda estatal, para imprimir al gobierno un rumbo transformador más ambicioso, con semejantes mimbres. Una cosa son los pactos episódicos, incluso de legislatura con tales formaciones. Pero hay que saber que no tienen un proyecto para España, ni pretenden tenerlo. Una izquierda seria, que quiera ocupar un espacio a la izquierda del PSOE, debe buscar sus apoyos entre la clase trabajadora. Y debe hacerlo en torno a un horizonte estratégico que corresponda fielmente a sus intereses. 

Ese horizonte sólo puede ser federal. Más allá de pactos progresistas bien definidos, la connivencia con fuerzas independentistas, capaces de declamar discursos radicales en Madrid que se guardan muy mucho de llevar a la práctica allí donde gobiernan, sólo puede empujar la izquierda alternativa a comportamientos inmaduros y sobreactuaciones estériles.(...)"                  (lluís Rabell, blog, 10/02/22)


  "Como todos ustedes saben, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) votó en contra del Real Decreto Ley 32/2021, más conocido como “la reforma laboral”. 

La negativa de ERC arrastró al PNV, rompiéndose así el llamado “bloque de investidura”, es decir, la suma de partidos de izquierdas y nacionalistas que invistieron a Pedro Sánchez presidente del Gobierno y que ha permitido la aprobación de dos presupuestos generales y diversas iniciativas legislativas. (...)

Rufián explicó desde la tribuna del Congreso las razones por las que creía que la reforma laboral era demasiado tímida. Insistió, por ejemplo, en que no se revisaban las indemnizaciones por despido y que la reforma no era una derogación integral de la ley aprobada por el Gobierno de Rajoy en 2012. Estoy seguro de que muchos otros diputados de partidos de izquierda pensaban igual. Ahora bien, esos otros diputados entendieron que merecía la pena aprobar una reforma más modesta con tal de garantizar el pacto social. Entre otras muchas cosas, el hecho de que la reforma cuente con el apoyo de sindicatos y patronal hace que, en el futuro, sea más costoso políticamente revertir dicha reforma desde el Congreso. 

Una vez aclarado que ERC quería ir más lejos, ya no tenía sentido votar en contra, pues votar en contra suponía continuar con el statu quo definido por el PP en 2012. Mejor un avance, por parcial que fuera, que mantenerse en una situación que resulta lesiva para una parte importante de los trabajadores. El voto en contra sólo tenía sentido si se desea un marco de relaciones laborales como el que se define en 2012. No estoy diciendo con ello que ERC tuviera que votar a favor (ni siquiera teniendo en cuenta que sus votantes sí apoyaban la reforma, como se puso de manifiesto en las encuestas). Habría resultado comprensible (e irreprochable) la abstención: puesto que la reforma queda demasiado lejos de las ambiciones del grupo republicano, este decide abstenerse, pero no se opone a que haya un cambio en la dirección correcta. 

ERC no ha podido explicar convincentemente su voto negativo. Votando en contra, ha puesto en grave riesgo la aprobación de la reforma laboral. Las razones que ha aportado para justificar su postura no son convincentes. En mi opinión, la actuación de ERC ha sido un ejercicio de frivolidad política."                  (Ignacio Sánchez-Cuenca , CTXT, 12/02/22)

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