"(...) España se enteraba así no sólo de un potencial caso de corrupción que afectaba a la que hasta ahora era la líder territorial más exitosa de la derecha, sino de que su propio partido había intentado espiarla para obtener información sobre este contrato con el objeto de hundir su carrera.
Detrás de este conflicto no existen, sin embargo, diferencias ideológicas de fondo, sino una descarnada lucha por el poder: Ayuso aspiraba a dirigir al aparato del PP en su comunidad para luego optar al liderazgo nacional. Pablo Casado, un líder errático y tocado, conseguir resistir el embate y llegar vivo como candidato a las próximas elecciones generales. Esta tensión, presente desde que Ayuso tomó relevancia, con motivo de la pandemia, como líder reaccionaría contra el Gobierno de coalición progresista, se ha ido mostrando con altibajos, desmentidos y presuntas reconciliaciones que han acabado de estallar en un episodio inédito: nunca se había llegado tan lejos.
Por medio el Ayuntamiento de Madrid, gobernado también por el PP, sirvió de herramienta para intentar contratar al Grupo Mira, una empresa implicada en la llamada "gestapillo", un caso de espionaje entre líderes madrileños del PP la pasada década que, sin embargo, no llegó a alcanzar a la dirección nacional. A pesar de que el alcalde, Martínez Almeida, ha intentado desvincularse, su director general, Ángel Carromero, dimitió en la tarde del jueves, ¿por qué motivo, si según Martínez Almeida el consistorio no tuvo nada que ver en la operación? Lo cierto es que Carromero es un hombre cercano a Teodoro García Egea, la mano derecha del líder nacional, uno de los principales artífices de la guerra contra Ayuso que, por su parte, cuenta con Miguel Ángel Rodríguez, el mandarín que ha hecho de la presidenta madrileña una figura de referencia en la derecha más radical.
Cuando Ayuso fue
advertida de que podía haber sido objeto de espionaje, a principios de
este año, la dirección nacional movió ficha para intentar ocultar sus
pasos. Borja Caravante, un concejal del ayuntamiento en el bando de
Casado, fingió investigar unas empresas municipales, sin relación con la
operación, para de esta forma crear una coartada que sirviera para
desvincular tanto al alcalde Almeida como a la dirección nacional, algo
que no sólo ha servido de nada a la postre, sino que ha despertado aún
más dudas sobre los personajes implicados. Lo cierto es que en
noviembre, en la Asamblea Autonómica de Madrid, ya hubo un ostensible
revuelo al preguntar una diputada socialista a Ayuso por los contratos
en los que su hermano habría ejercido de conseguidor. ¿La razón que
impulsó la pregunta? Algo que aún no se ha hecho público: el envío de
correos anónimos a parlamentarios regionales del PSOE y de Más Madrid
poniéndoles sobre aviso del posible caso de corrupción. ¿Quién fue el
garganta profunda? Parece obvio.
A principios de septiembre Ayuso visitó Génova, Casado le advirtió de
que tenían información sobre el presunto tráfico de influencias en el
que se había visto envuelta junto a su hermano, con la intención de que
renunciara a dirigir al PP madrileño. Quien controla el aparato
del partido en la capital controla la plaza fuerte en cuanto a
influencia en los resortes económicos del país: este es el
motivo de fondo de esta guerra sin cuartel que enfrenta a Casado y
Ayuso, pero que se remonta a los encontronazos entre Rajoy y Aguirre,
cuando la entonces lideresa madrileña intentó asaltar el poder central
de su partido, a finales de los dos mil, desplazando a un Rajoy en una
situación similar a la de Casado: liderazgo débil, cuestionado por los
medios afines y sin potencia electoral propia. Las reuniones y tensiones
continuaron a lo largo del otoño, con García Egea prohibiendo la
entrada a Génova a Miguel Ángel Rodríguez, y la dirección nacional
contratando a un despacho de abogados penalistas para analizar
minuciosamente las posibles irregularidades.
El jueves se sucedieron las comparecencias, con una Isabel Díaz Ayuso y un Teodoro García Egea ocupando los dos lados del cuadrilátero televisivo. La presidenta madrileña acusó a Casado de querer destruirla de una forma cruel. García Egea anunció la apertura de un expediente a Ayuso por verter acusaciones casi delictivas: "esto es lo nunca visto en este partido". El país asistía atónito a la hora de la comida a un auténtico festín caníbal, con la sensación de que ambos sectores decían la verdad, pero sólo sobre su enemigo. Los periódicos de la derecha empezaron a tomar posiciones, en un arriesgado juego en el que se constató que la prensa de Madrid es tanto altavoz como presciptora de discursos: el poder es siempre una vía de doble recorrido entre los que lo ostentan y quienes les dan legitimidad de cara a la opinión pública.
El viernes por la mañana por fin apareció Pablo Casado en la radio, sereno y convincente pero enormemente duro. Cargó contra Ayuso desde su flanco más débil, insinuando que su hermano realmente era el adjudicatario de los contratos, utilizando al amigo de la familia de testaferro. Los múltiples contratos mediante el procedimiento de urgencia, es decir, adjudicados a dedo, y los enormes costes por encima de lo presupuestado, tanto del hospital Zendal como de otras acciones relacionadas con la pandemia, abren tantas incógnitas como brechas en la línea de flotación del buque de Ayuso. "No es entendible que cuando morían cientos de personas aproveches para contratar con tu hermana", ha sentenciado Casado.
Lo cierto es que pese a que los pormenores de este sainete trágico son
apasionantes, ofreciendo al país unas jornadas de navaja y pandereta en
las que el principal partido de la derecha se inmola en directo, el
suceso trasciende a los protagonistas y los detalles. Sintetiza la
dinámica del Partido Popular en estas últimas décadas, su verdadero leit
motiv: saqueo de lo público y guerras intestinas por el control de
estas operaciones. No hay diferencias políticas entre los contendientes,
sino ferocidad por controlar un sistema organizado de poder y expolio. Casado
y Ayuso nacieron el día que un bolso gobernó al país. Nadie, ni ellos
mismos, puede pronosticar en estos momentos cuándo será el fin de su
carrera política." (Daniel Bernabé, RT, 18/02/22)
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