"A continuación la lista completa de las descalificaciones utilizadas por Casado:
-
Traidor.
-
Felón.
-
Ilegítimo.
-
Chantajeado.
-
Deslegitimado.
-
Mentiroso compulsivo.
-
Ridículo.
-
Adalid de la ruptura en España.
-
Irresponsable.
-
Incapaz.
-
Desleal.
-
Catástrofe.
-
Ególatra.
-
Chovinista del poder.
-
Rehén.
-
Escarnio para España.
-
Incompetente.
-
Mediocre.
-
Okupa.
(...) Preguntado por si ha endurecido el discurso, Casado ha comentado: "Parece evidente. Esto no son calificaciones, son descripciones. Calificaciones son las que hacían ellos de decir que el señor Aznar era un asesino o que Rajoy era indigno, eso son calificaciones falsas. Decir que una persona es indigna cuando estás pactando con independentistas o que es un incompetente al no saber gestionar la economía o que hace el ridículo en la gestión de Venezuela, todo eso es una descripción". (Alfredo Pascual , HuffPost, 06/02/19)
"(...) El PP, partido que una vez fue el invento para hacer presentable a una derecha acaudillada, anda en consonancia con el tiempo, acalorado, degustando el magnicidio de Pablo Casado, que ha sido asediado como en El Álamo, en Asalto a la comisaría del distrito 13 o en el Alcázar, que en los círculos de la prensa de la corte gustará más.
Aunque les hago al tanto de la tragedia, no estaría de más no olvidar que el motivo de la caída en desgracia ha sido su guerra con Isabel Díaz Ayuso, es decir, la patrona galdosiana de pensión madrileña, esa donde quien guarda la llave de la despensa en las enaguas sirve de mediadora en el expolio de lo privado a lo público, repartiendo en el plato de los que cuentan, o mejor callan, generosas cucharadas de cocido.
Ya no por Tomás Ayuso, a estas alturas héroe de las mascarillas, ni siquiera por la idolatrada patrona Isabel, sino porque al final la naturaleza de una organización no se decide en los estatutos sino en la práctica: la suya es la de la corrupción. Por el camino, uno del que el propio Casado fue esforzado precursor, han decidido que vuelven al acaudillamiento, ese que acaba en Vox, partido ya fraterno con el que están dispuestos a entenderse.
No sabemos si Casado quiso enterarse de los chanchullos en Sol por decencia o por intentar deshacerse de su rival más directa, lo que sí deberíamos tener claro es que sus compañeros le han sentenciado por ello. Teodoro García Egea, un Doug Stamper murciano con las uñas llenas de tierra, decía aún este martes, según nos ha narrado Lucía Méndez en El Mundo: "no dimito porque no me sale de las pelotas, si quieren algo, aquí les espero, que reúnan los apoyos para forzar un congreso extraordinario. Al presidente Pablo Casado lo eligieron los militantes en unas primarias. No puede ser removido por un golpe palaciego, ni por unos manifestantes que cercan la sede". El Luca Brasi de la derecha, precisamente por saber lo que sabe, por haber hecho lo que ha hecho, resume perfectamente el asalto a Génova.
García Egea ha pasado varios días, con sus noches, pegado al teléfono haciendo lo que se hace en estos casos: recordar favores y apuntar nombre en un papel. Da igual si elogios, favores o amenazas, que cuando te empiezan a dejar en visto los mensajes, cuando salta el buzón de voz, es el preludio de que has perdido la capacidad de dar miedo: el poder es un ropaje ingrato y codicioso que tiene alergia a la debilidad. Y Casado mostró una enorme debilidad al pensar el sábado que podía alcanzar un armisticio, retirando el expediente informativo a Ayuso. Ahí perdió la batalla en términos tácticos. “No sé por qué me tengo que ir, no he hecho nada”, atribuía Elsa García de Blas en El País a un Casado al que intuímos estupefacto por no comprender la guerra, la estrategia, que no era sólo contra Ayuso, sino contra una trama de poder económico y mediático que, insistimos, necesita de las amables mediaciones de su partido para medrar.
Estos últimos días, estas últimas horas, este acoso y derribo por etapas ha tenido un carácter especialmente grotesco por el elevado número de deserciones que poco a poco se han ido descolgando de quien les puso ahí. Que el PP esté metido en una picadora desde el estallido de la crisis, una que toma más fuerza y velocidad según pasan las horas, no es óbice para que los que decían apoyar férreamente a Casado ahora le traicionen sin mayores escrúpulos. ¿Cuántos de ellos han pedido a Isabel Díaz Ayuso que dimita? ¿Cuántos se han interesado por sus contratos? ¿Cuántos se han hecho la pregunta de si la filtración del espionaje, el pasado miércoles, era un arma nuclear táctica que buscaba la ejecución de Casado? ¿Cuántos se han cuestionado si la sucesión de acontecimientos no está impulsada por la ineludible decisión de tener que pactar o no con Vox en Castilla y León?
De todos ellos, Martínez, escapista, humorista, portavoz y alcalde, ha sido sin duda el caso más flagrante, por convertir el Ayuntamiento de Madrid en un piso franco desde donde salían los fontaneros a revisar la cloaca que quedaba debajo de la Puerta del Sol. Martínez, párvulo en americana, yerno del rentismo, sintetiza a una generación de dirigentes que no tienen, ni siquiera, el cuajo necesario para resistir al lado de los suyos poniendo en peligro su carrera, más que política, de escaladores. Quizá una de las diferencias es que Miguel Ángel Rodríguez, antes de ser el Steve Bannon de Ayuso, se desdentó como maestro de marionetas en los tiempos del pelotazo, cuando quienes se inventaban la narrativa no eran tan estúpidos para creerse sus propias mentiras. Esto con Rita no pasaba, que se lo pregunten a Rajoy.
Que el propio Rajoy saliera como un tentetieso después de haber pasado ocho horas en el Arahy, en vez de enfrentarse a aquella moción de censura, explica una de las losas de Pablo Casado: un partido que no ha sido capaz de regenerarse de la corrupción. Que José María Aznar decidiera hablar de “desiertos remotos y montañas lejanas”, recurriendo a la conspiranoia en vez de aceptar que había perdido las elecciones por embustero, constituye la otra losa que ha arrastrado Casado, incapaz de asumir su papel de oposición constitucional y no de una basada en el pronunciamiento y el caos. “Esperen a que la gente salga a la calle, lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”, dijo Ayuso en mayo de 2020. El Gobierno resistió, a Casado le han pasado por encima.
Este golpe cortesano y palaciego, con escenografía iracunda de tinte, loden y mordida, ha sido tramado desde aquellas instancias que deciden que nadie puede remover su sistema de apaños y prebendas. También por aquellos que perdieron la Transición y que buscan que el país se sitúe en las mismas coordenadas que Ankara y Budapest. Pablo Casado traicionó, cuando pudo, a la sensatez, elevando la crispación hasta límites mucho más allá de lo razonable. Pablo Casado ha sido traicionado por todos aquellos que alguna vez le dieron su bendición para que se saltara las líneas rojas. Pablo Casado tendría una oportunidad de redención, para él, para su partido, para la derecha: hablar claro de una puta vez. Poner nombres a los responsables y a los métodos de esta inacabable deriva hacia el desastre. Se tendría que ir de España. Podría mejorar el destino de todo un país." (Daniel Bernabé, InfoLibre, 22/02/22)
"El PP mata a su chivato.
"Casado solo ha sido víctima de su propio monstruo. Tiene lo que merece y no debe producirnos compasión ni provocar lamento alguno por su cruel final. No se puede pertenecer a un partido como el PP y esperar un trato humano".
"Prefiero a un gobernante corrupto que a un comunista en el poder", lo dijo Jorge Bustos, el ahora jefe de opinión de 'El Mundo' y punta de lanza del propagandismo ayusista. La sentencia se dijo en el momento de la moción de censura a Cristina Cifuentes en 2017 presentada por Podemos que acabaría fracasando. Recuerdo vívidamente esa frase porque estaba en la misma mesa y comprendí que lo único que estaba haciendo Bustos era expresar una pulsión sincera del pensamiento conservador patrio. Esto es parte fundamental de la psicología de la derecha que se ha hecho carne de manera grotesca desde que el diputado Casero se equivocó al dar a un botón.
Pablo Casado podría haber salido del PP porque nadie creía en su liderazgo, porque era un hombre débil que cambiaba de opinión y discurso por sus complejos, y que se fue asimilando a los fascistas hasta hacerse indistinguible de ellos. El hecho es que va a acabar fuera porque se le ocurrió pedir explicaciones a la hermana del comisionista por los miles de euros ganados a través de la empresa de un amigo con la administración que ella gobierna. Entre censurar a quien tiene una actitud sospechosa de corrupción y a quien pide explicaciones por ese posible caso de corrupción todo el PP se ha conjurado para expulsar de la dirección del partido a quien en vez de guardar la sospecha en un cajón decidió censurar esa actitud y preguntar para saber qué había de verdad. No sorprende que todo el PP haya preferido ponerse del lado del crimen antes que del de la ley. Una loa al estraperlo y elogio del comisionista. Su condición habitual.
A Pablo Casado se le ha ajusticiado como se haría siguiendo la omertá mafiosa. No hay mejor explicación para comprender lo que ha ocurrido con el líder del PP que acudir al código siciliano que impide informar sobre las actividades delictivas de los componentes de la organización. Para los miembros de la derecha Pablo Casado es un cascittuni que tiene que ser ajusticiado y mostrado a la militancia con los genitales en la boca. No se tiene piedad con los chivatos que sacan fuera de la organización lo que se debe dirimir dentro. Casado no ha entendido una cosa muy sencilla para ser presidente del principal partido de la derecha; robar no esta mal, solo importa que no se note.
Para el PP la corrupción solo es un problema si trasciende a la opinión pública por el desgaste que pueda proporcionarles a la hora de lograr apoyos electorales entre aquellos incautos que, sin estar tan ideologizados, les tienen que votar para llegar al poder. Solo les importa la apariencia y mácula que puedan darle los escándalos de corrupción, y para no mancharse es mejor ocultarlo y esperar que no lleguen a salir. No hace falta sentir empatía por Pablo Casado para desentrañar lo sucio del comportamiento que le ha liquidado. Nos equivocamos analizando la disputa y las acusaciones vertidas en términos morales o buscando una explicación racional desde el punto de vista de la ética y el buen honor. Porque solo hay bajeza en cada declaración, tuit, editorial o comunicado. No hay dignidad en uno solo de los miembros del PP a excepción de los pocos que se han quedado al lado de quien ayer apoyaban. No hay honra en ninguno de los múridos que han abandonado el barco dejando solo a quien hace 24 horas juraban lealtad y compañía.
Pablo Casado solo ha sido víctima de su propio monstruo. Tiene lo que
merece y no debe producirnos compasión ni provocar lamento alguno por
su cruel final. No se puede pertenecer a un partido como el Partido
Popular y esperar un trato humano. Es como se suelen empeñar con lo
más débiles, es lo que el líder del PP hacía hasta ayer mismo con quien
menos tiene, antes de ser despedazado, humillado y enseñado con befa y
oprobio ante la opinión pública. Es ley natural, no se puede esperar más
de una organización como el PP cuando ve en riesgo el poder. No tienen
piedad con el desahuciado, el vulnerable o el que no tiene para comer,
menos van a tenerla con el que es solo un lastre para poder
enriquecerse. No da pena ver cómo se ensañan entre sí los que no tienen escrúpulos con los vulnerables. Con su pan se coman la sangre derramada." (Antonio Maestre, blog, 23/02/22)
"(...) Hasta ahora, el presidente del Partido Popular, un ser frágil y temeroso, acomplejado y ya plenamente menguante a estas alturas en su batalla con Isabel Díaz Ayuso, desoye el sentido común y se ha encerrado en Génova como Travis en el fuerte de El Álamo.
Se suicida por entregas. Lo asesoró en su bisoñez Teodoro García Egea, ex secretario general y escudero en Barataria. Juntos, formaron una pareja poco aventajado que ha terminado por dinamitar el partido sin que nadie pueda impedirlo.
No hay puntada sin hilo en las telas que arropan el poder. Pablo Casado y Teodoro García Egea han confeccionado una mortaja con suficiente tallaje para cubrir con ella sus egos, y, de paso, los cascotes de la organización que hasta hoy capitaneaban. (...)
A los partidos habría que ponerlos a resguardo de los caprichos y megalomanías, Con este va el tercer caso de demolición. Primero fue Albert Rivera, luego Pablo Iglesias y ahora Casado, que se tambalea.
El líder con aspecto de niño de San Ildefonsoha ejecutado una cacería de brujas de manual y también ha desplegado una enciclopedia de la misoginia, un compendio de agravios : desde su fotografía en modo pesebre, con Margallo y Cospedal para descabalgar a Soraya Sáenz de Santamaría, en las primarias de 2018; la elección de Cayetana Álvarez de Toledo en 2019 como portavoz en el Congreso y su posterior ruptura, muy poco amistosa por cierto, en 2020, y ahora, su ofensiva contra Isabel Díaz Ayuso, el activo electoral más importante de los populares, y que el palentino, en lugar de arrimarse a ella, ha decidido laminar, incluso a pesar de los daños irreversibles en Madrid y el resto de Esaña.
El
episodio tiene algo de esputo, ráfaga de huesos de aceituna con los que
Teo alimentó a las gaviotas del PP. Desde la financiación ilegal
destapada con el caso Bárcenas, el Partido Popular vive una pasión sin
tregua. Arrastra su cruz, una y otra vez expuesto al tomatazo. (...)" (Corina Sainz Borgo, ABC, 23/02/22)
No hay comentarios:
Publicar un comentario