29.3.22

La guerra en Ucrania es una disputa entre dos rivales imperialistas impulsada y dirigida por la competencia capitalista... El poder de los antagonistas depende de su posición en la economía capitalista mundial. Estados Unidos domina las finanzas y la industria tecnológica, China cuenta con un enorme complejo industrial y Rusia descansa sobre la exportación de energía. Por lo demás, hoy es posible identificar al menos seis potencias imperialistas: Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania

"Los medios dominantes presentan la guerra en Ucrania como una lucha entre la «democracia», que estaría representada por Ucrania y sus partidarios occidentales, y el «autoritarismo» del régimen de Vladimir Putin en Rusia. Pero las cosas no son tan simples.

Por ejemplo, todo indica que el partidario más entusiasta de Ucrania es el gobierno de extrema derecha polaco, actualmente bajo investigación de la Unión Europea a causa de sus tendencias autoritarias. Putin, en cambio, cuenta con el respaldo de la india que, a pesar de tener un gobierno brutal y fascista, no deja de ser una democracia multipartidista.

El modo dominante de representar el conflicto pretende fundar la equivalencia entre el bloque de Estados capitalistas liberales y la «comunidad internacional». Y también niega sin concesiones la legitimidad de los intereses del bloque rival en función de su proclamado «autoritarismo». Todo lo cual implica hacer la vista gorda frente a, por ejemplo, la homicida autocracia saudí.

Cuando buscamos mejores marcos para comprender el conflicto, nos topamos rápidamente con la idea de imperialismo, un recurso fundamental.(...)

El concepto de imperialismo se deja definir en referencia a un fenómeno que atraviesa distintas épocas históricas y que incluye todas las formas en las que los Estados más poderosos dominan, conquistan y explotan a sus sociedades vecinas. (...)

Pero, ¿esta definición general basta para comprender el conflicto? Gilbert Achcar, marxista libanés, piensa que sí. Por eso adopta lo que denomina una «posición antiimperialista radical», centrada exclusivamente en la lucha entre Rusia y Ucrania: 
 
El éxito de Rusia sobre Ucrania alentaría a los Estados Unidos a retomar el camino de conquistar el mundo por la fuerza en un contexto en que una nueva división colonial empieza a fortalecerse y los antagonismos son cada vez peores. En cambio, el fracaso de la aventura rusa —sumado a los fracasos de Estados Unidos en Irak y en Afganistán— reforzaría lo que Washington denomina el «síndrome de Vietnam». Además, creo que es bastante obvio que la victoria de Rusia fortalecería considerablemente el belicismo y fomentaría el gasto militar en los países de la OTAN —un proceso que ya está en marcha—, mientras que la derrota plantearía condiciones mucho mejores en nuestra batalla a favor del desarme general y de la disolución de la OTAN.

En efecto, sería bueno que el pueblo ucraniano expulsara a los invasores rusos. Pero el argumento de Achcar flaquea cuando afirma que eso debilitaría a Estados Unidos y a la OTAN. Ambos están respaldando con entusiasmo a los ucranianos, llenando el país de armas y aumentando su gasto militar.

Supongamos que esta campaña, sumada al coraje de los luchadores ucranianos, culminara en la derrota de Rusia. ¿La reacción de Estados Unidos y de sus aliados sería desarmar y disolver la OTAN? Por supuesto que no. Celebrarían el resultado como una victoria propia y alentarían con más fuerza el desarrollo de la OTAN. De hecho, Estados Unidos sentiría que su posición en la lucha histórico-mundial por la hegemonía con su verdadero enemigo —es decir, China— mejora. (...)

El poder de los antagonistas depende de su posición en la economía capitalista mundial. Estados Unidos domina las finanzas y la industria tecnológica, China cuenta con un enorme complejo industrial y Rusia descansa sobre la exportación de energía. Por lo demás, hoy es posible identificar al menos seis potencias imperialistas: Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania.

El antagonismo más importante es el que enfrenta a Estados Unidos y a China, cuyos dirigentes apuntan a terminar con la hegemonía de Washington, al menos en la región del Indo-Pacífico. Pero las maniobras del imperialismo ruso, que pretenden reconstruir la fuerza de su viejo imperio, determinan una configuración tripartita del conflicto. Las grandes potencias europeas responden a presiones distintas. Dependen de la energía rusa y están atraídas por el vasto mercado chino, pero —al menos por ahora— terminan alineándose con Estados Unidos.

(...) la campaña de las potencias de la OTAN por mantenerse fuera del campo de batalla —sobre todo con el afán de evitar una confrontación nuclear con Rusia— no cambia el hecho de que están haciendo todo lo que está a su alcance para derrotar a Rusia. Y eso también es una «continuación de la política imperialista». (...)"                (Alex Callinicos , JACOBIN, 29/03/22)

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