16.3.22

¿Puede Europa sobrevivir sin el gas ruso? Sin el gas ruso no. El gas tiene un transporte muy complicado. Implica una logística de transporte que requiere plantas de licuefacción en su origen, barcos metaneros y plantas de regasificación. Todo esto hace que haya cuellos de botella y encarece mucho el gas. Entonces, te interesa sobre todo estar conectado por vía terrestre con gasoducto, como ocurre con Rusia... Por eso Europa no puede prescindir del gas ruso. Si prescindiera se estrellaría económicamente... Reducir el consumo de gas ruso de un 66% puede significar una crisis económica de grandes proporciones... esa cantidad no se puede traer de ninguna otra parte. Se puede suplir una pequeña parte, pero no toda... pero es que además Rusia produce la tercera parte del uranio enriquecido del mundo, que se usa también en centrales nucleares americanas; los EEUU importan minerales de hierro de Rusia; Rusia también controla la producción mundial de níquel y de más metales críticos. Es que es impensable. Si intentas tomar medidas contra Rusia, automáticamente hundes el mundo en una crisis económica. Y al lado de esta crisis la de 1929 parecerá una broma

 "Rusia provee el 45% de todo el gas que se consume en Europa. Si bien la UE presume de querer reducir en dos tercios esta dependencia, los expertos desconfían de esta promesa. El pasado 8 de marzo, el Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, cargaba la responsabilidad sobre las espaldas los consumidores y pedía que cada uno en su casa bajara la calefacción. Todo ello mientras el precio del gas se desboca y arrastra el de la electricidad.

Esta situación tan desesperanzadora se agrava por un galopante agotamiento de combustibles fósiles que complica la lucha geopolítica. Antonio Turiel, doctor en física teórica e investigador del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, hace años que alerta de la crisis energética y ve poco margen de maniobra respecto a la dependencia rusa. También hablamos con él de la transición energética y nos explica por qué cree que es un proyecto fallido de entrada.

Europa puede sobrevivir sin el gas ruso?

—Sin el gas ruso no. El gas tiene un transporte muy complicado. Implica una logística de transporte que requiere plantas de licuefacción en origen, barcos metaneros y plantas de regasificación. Todo esto hace que haya cuellos de botella y encarece mucho el gas. Por tanto, interesa sobre todo estar conectado por vía terrestre con gaseoducto, como pasa con Rusia. Es más barato y tiene mucha más capacidad, porque permite transportar más cantidad de manera más fácil. Por eso Europa no puede prescindir del gas ruso. Si prescindiera se estrellaría económicamente.

—Pues la UE dice que quiere reducir el consumo en dos tercios.

—Reducir el consumo de gas ruso en un 66% puede significar una crisis económica de grandes proporciones. Hace mucha gracia, porque dicen que reducirán las importaciones de Rusia y queda la idea implícita de que lo sustituirán con importaciones de otros sitios. Pero es que esa cantidad no se puede traer de ninguna otra parte. Se puede suplir una pequeña parte, pero no toda. Inconscientemente se prepara un decrecimiento y una drástica reducción del consumo.

—Josep Borrell ya ha pedido a los europeos que bajen la calefacción. ¿El decrecimiento es positivo?

—Hay dos maneras de hacerlo. Una planificada y otra desordenada y caótica. Aquí la clave es como se repartirá la carga de decrecimiento. ¿De una manera equitativa y planificando qué haremos después, o de una manera injusta cargándolo a los consumidores? Ya sabemos qué pasará.

—En esta situación, los grandes beneficiados pueden ser los EEUU, porque Europa tendrá que comprar más gas licuado.

—Hay una parte de este razonamiento que es cierta. Los EEUU durante muchos años han tenido un exceso de producción de gas y han exportado mucho. El problema es que el gas licuado requiere una logística más elevada que encarece el producto final. Pero hay otra cuestión que no se aborda lo suficiente, los EEUU ya están llegando al máximo de producción de gas. En el 2023 veremos un descenso sobre todo en la producción de gas a causa del fracking. Ciertamente, los EEUU han espoleado la guerra con la idea de vender más gas, pero lo hacen con una mirada a corto plazo porque ahora sí que les puede aportar beneficios. No obstante, pronto dejarán de tener excedente de gas.

 —¿Por qué continúa subiendo el precio del gas si Europa no ha prescindido del gas de Rusia?

—Hay dos factores que influyen. Por un lado, un problema estructural que arrastramos del año pasado: la escasez de gas. Y tiene que ver con el hecho de que la producción de gas en Rusia hace veinte años que se ha estancado, la de Argelia también y la de Europa hace años que cae. Por lo tanto, cada vez cuesta más proveernos de gas y cuanto más cuesta más caro es. El proceso es lento, inexorable, y tiene que ver con el agotamiento de los yacimientos de gas, es una realidad geológica. El segundo factor es la incertidumbre, el estallido de la guerra y la decisión de los EEUU de no comprar más petróleo ni gas ruso, lo que ha desencadenado el pánico de los mercados y un efecto especulativo.

—¿Qué efectos colaterales tiene el aumento del precio de gas?

—Un problema que ya tenemos desde hace meses y del cual no se habla es el de los fertilizantes, que puede causar una crisis alimentaria de grandes dimensiones. Los fertilizantes se hacen con gas natural. Las plantas de Fertiberia, en España, pararon la producción porque el gas iba demasiado caro. Y no reabrieron al 100% porque no tenían garantizada la compra de producción. Los campesinos están preocupados porque el precio de estos fertilizantes ha crecido mucho, igual que el diésel, y el panorama que se divisa es de escasez de fertilizantes por todas partes. Esto también afecta a la industria del vidrio, de la cerámica, del cemento y a la industria química, que requieren gas. E industrias como la del acero no dependen del gas, pero sí de la electricidad, y el aumento de precio también les afecta. Nos encaminamos hacia un ‘tortazo’ de grandes dimensiones.

—Hablemos de la electricidad. ¿El gas es el principal responsable del aumento del precio de la electricidad?

—Sí. El problema está aquí. Hace años unos señores economistas dijeron que el mejor sistema para fijar el precio de la electricidad era a partir del precio del último kilovatio/hora que entra en cada momento. Es una subasta. Red Eléctrica Española pide quién puede producir electricidad. Los generadores ofrecen los kilovatios/hora que pueden ofrecer a un precio. Primero se compran los más baratos y después se cogen los caros, hasta que llega el último. Y este último, el más caro que entra, es el que fija el precio de todo. Esto se hace así porque unos señores economistas creyeron que con este sistema llamado “marginalista”, se incentivaría la introducción de nuevas tecnologías y fuentes de energía. Pero pasa que la física no tiene la misma opinión y no aparecen nuevas tecnologías, posiblemente porque no hay, ni nuevas fuentes de energía, porque no hay. Con este sistema, de obligado cumplimiento en toda la UE, ocurre que cada vez que se produce electricidad con gas, aunque que sea muy poca, acaba fijando el precio de todo. Y pagas toda la electricidad al precio carísimo del gas. (...)

—En el caso del petróleo, ¿Europa también se encuentra atada de manos y pies como en el caso del gas?

—Con el petróleo es diferente. A veces se han impuesto sanciones que de cara a la galería quedan muy bien, pero que tienen muy poco efecto. Porque el petróleo es muy fungible. Tú ahora dejas de comprar el petróleo en Rusia, pero Rusia venderá en China o en otros países. Entonces, aquellos que proveían a China y más países, no tendrán comprador y nos lo venderán a nosotros. Quiero decir, que el petróleo dará más vueltas y tendrá que recorrer más camino, por lo tanto, será más caro. Pero al final el efecto no será tan grande. Por donde está cogida Europa, y el mundo, es por el gas. Es por donde puede hacer más daño. Pero es que Rusia produce la tercera parte del uranio enriquecido del mundo, que se usa también en centrales nucleares americanas; los EEUU importan minerales de hierro de Rusia; Rusia también controla la producción mundial de níquel y de más metales críticos. Es que es impensable. Si intentas tomar medidas contra Rusia, automáticamente hundes el mundo en una crisis económica. Y al lado de esta crisis la de 1929 parecerá una broma.

—Caramba…

—Esto es así ahora mismo con el grado de dependencia que hay. Hay mucha retórica, habrá mucho discurso de cara a la galería, pero todo el mundo sabe que si apretamos demasiado fuerte nos haremos daño todos. (...)"                   

(Entrevista a Antonio Turiel, Josep Rexach Fumanya , Rebelión, 14/03/2022)

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