2.4.22

Aunque no nos atrevamos a decirlo, la Tercera Gran Guerra ha empezado ya y, por más que tenga su frente en Europa, arrastra a varios continentes... Sólo China e India conforman la mitad del planeta y ambas están de la otra parte. Un respeto ante el enemigo... Grandes figuras de la política europea ejercían de colaboradores de excepción en instituciones económicas rusas, mafiosas de Estado como es sabido. No es sólo Gerhard Schröder, el hombre de Gran Gaseoducto que llenaría Alemania y Europa entera de energía putinesca. Estaba el expresidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, Dominique Strauss-Kahn, consejero de inversiones de los Fondos Soberanos de Rusia. También ex jefes de gobierno como los austriacos Kern y Schüssel, y los finlandeses Aho y Lipponen, y hasta Matteo Renzi, primer ministro de Italia. No podían faltar exministros británicos como el de Energía, Gregory Barker o el de Hacienda George Osborne... Todos se han apresurado a retirarse del negocio

 "(...)  Sin ir más lejos los Emiratos Árabes Unidos han rechazado la posición de los países democráticos y no ven con malos ojos la estrategia de Putin. ¿Por qué no contamos ese sarcasmo?

(...)  Por más que repitamos que la primera víctima de la guerra es la verdad aquí debemos poner por encima de todo a los ucranianos, que aún les queda mucho por sufrir y que cometerán villanías y padecerán secuelas que durarán décadas. Pero en torno a los combates se están produciendo otros conflictos que obligan a mirar el panorama con visión de adulto, ahora que acabamos de enterarnos por boca de nuestros psicólogos de Estado, que la mayor deficiencia de nuestra vida política se debe a las reacciones adolescentes. (...)

Hay muchos retratos simbólicos que deben figurar en el álbum de familia de la guerra en Ucrania. Los hemos metido en el cofre de lo que no se mira, como a esos parientes y allegados que no reconfortan la memoria que deseamos exhibir. (...)

Grandes figuras de la política europea ejercían de colaboradores de excepción en instituciones económicas rusas, mafiosas de Estado como es sabido. No es sólo Gerhard Schröder, el hombre de Gran Gaseoducto que llenaría Alemania y Europa entera de energía putinesca. Estaba el expresidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy y quien fuera la gran esperanza de la izquierda gala hasta que se le cruzó una limpiadora en Nueva York, Dominique Strauss-Kahn, consejero de inversiones de los Fondos Soberanos de Rusia. También ex jefes de gobierno como los austriacos Kern y Schüssel, y los finlandeses Aho y Lipponen, y hasta Matteo Renzi, primer ministro de Italia con el Partido Democrático para aglutinar un gobierno incorrupto.

 No podían faltar exministros británicos como el de Energía, Gregory Barker o el de Hacienda George Osborne…Todos se han apresurado a retirarse del negocio. No hay ningún ilustre español. ¿Acaso les bastaba con Puigdemont? Me cabe la duda. Todos expertos en el modo de aplicar la vaselina para colar proyectos patrióticos, pero muy profesionales. Hemos vuelto a leer Le Monde como en los años del cólera, a él se lo debo.

EEUU han dejado de ser el paraguas de nadie, ni siquiera de sí mismos. Las aventuras guerreras en Libia, Irak y Afganistán, por citar las más recientes, han dejado un rastro de incompetencia y ruinas. Les queda la fragilidad del relato: “Por amor de Dios, este hombre no puede seguir en el poder”, exclamó Biden llenándonos de interrogantes. No les bastó con la soberbia que les incitó a audacias temerarias para que ahora se propongan derribar la dictadura de Putin.

 Las guerras se alimentan al principio de palabras, tenemos muchos precedentes. ¿Dónde están ahora aquellos incitadores de la guerra en Libia como Bernard-Henri Lévy? Ellos a lo suyo, impertérritos y vendiendo la mercancía a precios desorbitantes. Fueron canceladores antes de que “la cancelación” se pusiera de moda entre la izquierda funcionaria.

 Sólo China e India conforman la mitad del planeta y ambas están de la otra parte. Un respeto ante el enemigo, porque parece como si hubiera resucitado el hábito de los mirones, similar al de los voyeurs pero en esta reencarnación observadores de la cosa pública, que tiene algo de lenocinio; el erotismo del poder. Nadie goza del privilegio de poner sólo las fotos que le gusten y que además debamos felicitarle. Los retratos que vamos sacando del baúl limitan nuestra capacidad para interrogarnos sobre los rostros de los que van a morir, además de los ucranianos. (...)"        (Gregorio Morán, Vox Populi, 02/04/22)

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