10.4.22

Elecciones francesas: la extrema derecha en su conjunto está dando pruebas de una fortaleza electoral extraordinaria... las intenciones de voto de Le Pen y Zemmour combinadas se mantuvieron siempre por encima del 30%... La estrategia populista colocó a Le Pen en el centro de la escena política y hoy está más cerca que nunca de ser presidenta

 "(...) La mayoría de las encuestas sugieren que Emmanuel Macron quedará en primer lugar el domingo, antes de enfrentar y derrotar definitivamente a Marine Le Pen en la segunda vuelta del 24 de abril. En ese sentido 2022 será un partido de revancha entre el liberalismo y el nacionalismo. Pero más allá de esta semejanza superficial, la escena política de este año difiere mucho de la de 2017. (...)

Destaca entre las diferencias el hecho de que, con todo el tablero inclinado hacia la derecha, las tendencias más radicalizadas están más fuertes que nunca. Las encuestadoras dicen que en la primera vuelta, con un 20% de la intención de voto a su favor, es probable que Le Pen tenga resultados casi idénticos a los de 2017. Sin embargo, los sondeos también indican que su desempeño mejorará considerablemente en la segunda vuelta. Mientras que en la segunda de 2017 contra Macron había sacado solo 33%, las predicciones actuales muestran que este año alcanzaría el 45%. 

Además, la campaña de 2022 está afectada por ese acontecimiento importantísimo que es el ascenso meteórico de otro candidato de extrema derecha: Éric Zemmour.

(...) la extrema derecha en su conjunto está dando pruebas de una fortaleza electoral extraordinaria. En ese sentido, es significativo —y escalofriante— que, independientemente del desempeño de cada candidato durante la campaña, las intenciones de voto de Le Pen y Zemmour combinadas se mantuvieron siempre por encima del 30%.

 Para entender mejor la situación, volvamos a la escena política de 2017, que terminó con unas elecciones ajustadas y marcó un momento único de la historia política francesa. La alternance tradicional, el balance de poder entre la centroderecha y la centroizquierda, que había definido a Francia durante las tres décadas anteriores, pasó a ser una reliquia del pasado cuando fue sacudida por una oleada ascendente de nuevos pretendientes políticos. (...)

Beneficiándose de la derrota y del descrédito de los candidatos centristas de los partidos dominantes, el exministro de Finanzas Macron ocupó el vacío del centro con la construcción de un movimiento personalista, ¡En marcha!, que prometía renovar el país con política liberales «más allá de la izquierda y de la derecha».

Mientras tanto, el Frente Nacional (FN) daba muestras de estar perdiendo su estatus de paria. Desde que en 2011 su fundador, Jean-Marie Le Pen, infame por sus chistes abiertamente antisemitas y políticamente incorrectos, cedió la posición de liderazo a su hija, la comunicación del partido cambió drásticamente. Marine Le Pen supo colocar la estrategia de «dédiabolisation» [desdemonización] en el centro de su programa de conducción política. Para normalizar la imagen del partido, buscó disociar al FN del racismo y del antisemitismo. 

En la práctica, esto significó adaptar su discurso para hacerlo más aceptable, sin cambiar ningún aspecto fundamental de su programa y pasando por alto los casos de miembros problemáticos del partido que no siempre siguieron la línea.  (...)

n la campaña de 2017, inspirada por el imprevisto éxito de Donald Trump en 2016, e influenciada por su entonces mano derecha, Florian Philippot, Le Pen abrazó sin ambages el estilo populista. Quiero aclarar que, desde mi punto de vista, el populismo, a diferencia del nacionalismo, con el que muchas veces se lo confunde, no es inherentemente reaccionario ni está anclado en ningún contenido ideológico específico. Prefiero definirlo, siguiendo la obra de Ernesto Laclau y Benjamin Moffitt, como un estilo político, una manera de articular el discurso. (...)

Como sea, en 2017 el contenido ideológico de la campaña de Le Pen había cambiado bastante respecto de 2012. Combinando el «patriotismo económico» con cierta sensibilidad social, Le Pen profundizó una tendencia que su padre había iniciado en su campaña de 2007: la nueva líder prometió devolver los impuestos a las empresas más pequeñas y generar políticas de asistencia para los más pobres. Aunque mantuvo el fundamento nacionalista etnocéntrico, que plantea de facto la exclusión de los inmigrantes, Le Pen empezó a defender una forma de chovinismo de bienestar dirigido a convencer a los trabajadores de cuello azul. 

En temas sociales moderó los aspectos más conservadores de su programa. Adoptó una posición ambigua en cuestiones como pena de muerte, aborto y matrimonio igualitario, temas sobre los que, en contraste con su política abiertamente reaccionaria de 2012, dejó de hacer declaraciones públicas. Mantuvo la reivindicación insignia de abandonar el euro, que ocupaba todo un capítulo de su programa de 2012, pero la reformuló en términos mucho más suaves como un retorno a la «soberanía monetaria».

 Sin embargo, el elemento fundamental que hizo que la campaña de 2017 difiriera de las anteriores fue su marco populista, que planteaba la misma agenda nacional disfrazada de lucha del pueblo contra una élite indiferente. Desde su frase principal —«En nombre del pueblo»— hasta la retórica anti statu quo de su publicidad , la campaña de Le Pen se sirvió del antagonismo para desarrollar la imagen de una persona ajena a las disputas de las corrientes políticas dominantes, que defendería a toda costa los intereses del pueblo. Acompañó eso con cierto alejamiento del partido y el abandono del logo con la llama tricolor.

Comprendido de esta manera, el populismo permitió que Le Pen cubriera con una nueva mano de pintura su viejo nacionalismo excluyente. La proclama abierta del cierre de la nación francesa a las influencias y a los inmigrantes extranjeros suena retrógrada y plantea una visión excluyente de la nación. Pero el marco de la defensa del pueblo francés contra una élite intelectual y política que se beneficia de la inmigración y habilita el terrorismo parece mucho más legítimo. Esta nueva línea permitió también que el FN creciera ensanchando su núcleo tradicional de votantes de derecha con sectores que forman parte de esa reserva de ciudadanos decepcionados que no votan a los partidos tradicionales. El estilo populista —utilizado por muchos candidatos en las elecciones de 2017— permitió que Le Pen modernizara su ideología y bloqueara las acusaciones de xenofobia y racismo, presentándose como el anillo que encajaba perfectamente en el dedo de la «desdemonización».

(...)  la derrota aplastante infligida por Macron habría descubierto los límites de una estrategia supeditada al populismo y a la «desdemonización». Ciertos militantes del partido empezaron a insistir en que Le Pen había diluido tanto su mensaje que su campaña había terminado por carecer de toda línea ideológica y había perdido parte de su tono radical. Otros llegaron a acusarla de haberse vuelto demasiado «izquierdista» por su decisión de incluir medidas sociales y de incorporar la crítica del laisser-faire en su retórica antielitista.

 Estos sectores pensaban que cortejar a los votantes de izquierda decepcionados era una misión imposible que nunca conduciría a la victoria. Sostenían que la única forma de ganar era aprovechar las aguas del «dique republicano» contenidas entre los conservadores y la extrema derecha. En otros términos, en vez de la promesa populista de ir más allá de la izquierda y de la derecha, el FN debía buscar «la unión de los votantes de derecha» reconciliando a los conservadores de LR con el FN para crear una linda familia de “patriotas”». (...)

 Después de la derrota de 2017,(...) En términos ideológicos, la estrategia de «desdemonización» puso en acto dos tácticas complementarias: compatibilizó el discurso con las corrientes de opinión dominantes y fortaleció el marco populista enmarcando la campaña como si fuera una lucha por el pueblo más allá del clivaje izquierda/derecha. Con ese fin, la organización eliminó primero las medidas más polémicas de su programa, sobre todo las que planteaban abandonar la Unión Europea, salir del espacio Schengen y volver a la moneda nacional. 

Profundizó también la hibridación superficial de su agenda nacionalista y conservadora con elementos exógenos que parecen fragmentos de ideologías de izquierda, procedimiento que había inaugurado su campaña de 2017 con la introducción de matices sociales en su retórica. Entre los elementos nuevos de 2022, además de la inclusión de ciertos elementos verdes en el programa, cabe destacar el concepto de localismo, teorizado por Hervé Juvin, que sirve como contraparte de la noción de «preferencia nacional». (...)

Pero cuando los desafíos internos a Le Pen parecían condenados al fracaso, la posibilidad de una vuelta exitosa de la línea tradicionalista llegó de la mano de una figura ajena al partido: Éric Zemmour. Conservador erudito conocido en los medios de comunicación, la voz de Zemmour pesa en la extrema derecha (y siempre criticó a Le Pen, tanto a nivel estratégico como personal). 

Pocos días después de la derrota de la candidata en 2017, Zemmour apuntó sus mordaces críticas contra ella, definiendo su campaña como una «debacle absoluta» y comparándola con un «Midas del revés» que «convertía en plomo todo el oro que tocaba». Hoy este periodista de toda la vida desafía la hegemonía de Le Pen hija en el campo de la extrema derecha francesa y cabalga su propia campaña presidencial."                    ( , JACOBIN, 09/04/22)

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