20.5.22

Las huidas de la realidad por parte de las personas con poder en nuestra sociedad, si se combinan con la altivez y el desprecio, son enormemente dañinas para las democracias occidentales... El ser humano tolera muchas cosas, pero cuando el desprecio las corona, la situación se vuelve mucho más explosiva... Es el caso de Sánchez Galán cuando llama tontos a quienes están acogidos a la tarifa regulada, es decir, a 10 millones de españoles. Si los precios de la electricidad fueran bajos, su afirmación no habría sonado bien, pero tampoco habría tenido excesiva repercusión. Pero cuando son elevadísimos, es un desprecio que suena doblemente hiriente... Es probable que su empresa esté ganando mucho dinero, los llamados beneficios caídos del cielo, y que él haya percibido un gran bonus como consecuencia, eso explica por qué a él le va bien mientras los tontos pagan una factura elevada... Al recolocar el problema del lado de personas que toman malas decisiones, utiliza la misma argumentación que sirvió para explicar al mundo que el causante de la crisis de 2008 fue un insensato que compraba teles de plasma que no podía pagar... Siempre que se enuncian las cosas en estos términos, deberíamos echar mano a la cartera... De manera que, cuando hablamos de aumento de precios, y más en un momento como este, conviene centrar el asunto en el aspecto esencial: quién tiene el poder y qué hace con él... "la mayoría de los aumentos de precios no se justifican por el aumento de los costes"... El poder del monopolio es el que permite que un trayecto en Uber en Nueva York cueste más de 50 dólares, cuando un taxi prestaría el servicio por 14.... los abusos del poder

 "(...) El desprecio

En el mundo económico ocurre algo muy diferente, porque su huida de la realidad es también profunda, pero circula por otro camino. Es el caso de Sánchez Galán cuando llama tontos a quienes están acogidos a la tarifa regulada, es decir, a 10 millones de españoles. Si los precios de la electricidad fueran bajos, su afirmación no habría sonado bien, pero tampoco habría tenido excesiva repercusión. Pero cuando son elevadísimos, es un desprecio que suena doblemente hiriente. Y más cuando proviene de personas que están ganando muchísimo dinero gracias a una situación complicada para las empresas y los ciudadanos de nuestro país. 

 Las huidas de la realidad por parte de las personas con poder en nuestra sociedad, si se combinan con la altivez y el desprecio, son enormemente dañinas para las democracias occidentales. Y este es un instante en que están lo suficientemente tensionadas como para no poder permitirse actitudes de esta clase. Si queremos encontrar una respuesta a por qué crece el malestar y a por qué las opciones antisistema van cobrando cuerpo, aquí tenemos una prueba evidente. Habrá derivadas culturales y sociales, pero este es el fermento que las hace crecer. El ser humano tolera muchas cosas, pero cuando el desprecio las corona, la situación se vuelve mucho más explosiva.

Los actores racionales y los irreflexivos

Claro que, mirado desde su perspectiva, lo que dice Sánchez Galán tiene mucho sentido, máxime cuando se trata de un razonamiento permanentemente utilizado en las últimas décadas. Es probable que su empresa esté ganando mucho dinero, los llamados beneficios caídos del cielo, y que él haya percibido un gran bonus como consecuencia, pero no es más que producto de la lógica. Al recolocar el problema del lado de personas que toman malas decisiones, se dibuja un escenario de justicia: hay actores racionales, como él, y hay otros que no se informan lo suficiente o que no hacen uso de la razón, y por eso se equivocan en sus decisiones. Eso explica por qué a él le va bien mientras los tontos pagan una factura elevada. Es el individualismo metodológico de toda la vida, ese que sirvió para explicar al mundo que el causante de la crisis de 2008 fue un insensato que compraba teles de plasma que no podía pagar.

 Siempre que se enuncian las cosas en estos términos, deberíamos echar mano a la cartera: es un truco de ilusionista que se emplea para obviar lo estructural, lo que da forma real a las cosas, el poder. Y en Occidente, no solo en España, las empresas monopolísticas u oligopolísticas están obteniendo beneficios muy elevados a causa de su poder de mercado, no por las buenas o malas decisiones de los consumidores.

De manera que, cuando hablamos de aumento de precios, y más en un momento como este, conviene centrar el asunto en el aspecto esencial: quién tiene el poder y qué hace con él. Como se señala en 'The New York Times' podemos enredarnos con las cadenas de suministro, la escasez de productos, el aumento de los combustibles y demás, pero lo cierto es que estamos en un escenario idóneo para obtener ganancias extra: "Cuanto más dure la inflación y más generalizada esté, más cobertura tienen las empresas para subir los precios".

Los abusos de poder

El poder del monopolio es el que permite que un trayecto en Uber en Nueva York cueste más de 50 dólares, cuando un taxi prestaría el servicio por 14. Pero como estos son muy escasos ya, porque las nuevas empresas han expulsado a la competencia, fijan los precios según su interés. No es un ejemplo aislado, sino una constante. Cuando pocas firmas dominan el mercado, "la mayoría de los aumentos de precios no se justifican por el aumento de los costes". No insistiré en los problemas para trabajadores, proveedores, consumidores y gobiernos que causa esta estructura, que ya he tratado extensamente en otros artículos, pero sí hay que señalar que las pequeñas empresas también sufren con esta organización, porque son víctimas de los aumentos de costes y tienen poco margen para repercutirlos en los precios finales.

Este poder de mercado, en el caso de las empresas cotizadas, tiene un añadido peculiar. La influencia de los fondos de inversión pasiva, que están presentes como accionistas principales en muchas de ellas, debería estar alineada con sus proclamas expresas: los criterios ESG también tendrían que utilizarse para limitar esta clase de abusos de poder. Como bien señalan Michelle Meagher y Denise Hearn, en 'American Economic Liberties Project', no es así: es justo en este terreno en el que los fondos (caso de BlackRock, accionista de Iberdrola) mantienen el mayor silencio."              (Esteban Hernández  , El Confidencial, 08/05/2022)

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