27.5.22

Lo que nos van explicando sobre la guerra: CONSECUENCIAS... Destrucción de Ucrania, miles de muertos, trece millones de desplazados, hambre e inseguridad alimentaria en África y Oriente Medio... una catástrofe planetaria en toda regla con años, sino décadas, apartados de prioridades y objetivos fundamentales para el conjunto de la humanidad, como el cambio climático... pero todo puede empeorar... se habla de una contraofensiva militar ucraniana a mediados de junio, capaz de invadir territorio ruso... para después, "bombardear preventivamente las ciudades rusas más importantes para garantizar que Putin no usará armas químicas o nucleares", en palabras del 'consejero' Anders Aslund... no extraña que el editorial del 19 de junio del New York Times hable de que “el conflicto puede tomar una trayectoria más imprevisible y de potencial escalada”

  "(...) Sea como sea, la decisión correcta ha costado, bien la vida, bien terribles heridas a miles de soldados y civiles, trece millones de desplazados y la estimación de que una tercera parte de las infraestructuras del país hayan sido destruidas. Eso sin contar con el efecto de las sanciones en Rusia y en la Unión Europea, la sumisión de esta a la OTAN, el aislamiento internacional de Rusia –únicamente matizado por la posibilidad de desarrollo de un bloque antioccidental en el mundo a medio y largo plazo, sin duda un incierto consuelo) y los problemas de hambre e inseguridad alimentaria que se anuncian en África y Oriente Medio. 

Y como gran cuestión, la guerra entre imperios combatientes tomando definitivamente el relevo a la necesaria concertación contra el cambio climático en las prioridades de los gobernantes de las grandes potencias. En resumen: una catástrofe planetaria en toda regla con años, sino décadas, apartados de prioridades y objetivos fundamentales para el conjunto de la humanidad.

 A fecha de 1 de mayo, el Congreso de Estados Unidos había destinado un total de 13.670 millones de dólares en ayuda a Ucrania en los primeros dos meses de guerra. A eso se suman los dineros para armas de Inglaterra y la Unión Europea, así como el desastre y los riesgos, para unos y otros, que se desprenden del demencial objetivo declarado de las sanciones europeas formulado en mayo por la insensata presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen: “Arrasar, paso a paso, la base industrial de Rusia”. 

Sobre este panorama, se suceden desde hace meses las declaraciones y reconocimientos por parte de personalidades occidentales sobre la verdadera naturaleza de esta guerra. Preguntado el pasado marzo sobre si Ucrania, Estados Unidos y Rusia se encontraban en una guerra por país interpuesto (proxy war), el ex director de la CIA, Leon Panetta, respondía en una entrevista televisada: “Podemos decirlo o no, pero se trata de eso”. 

 En su visita a Kiev del 24 de abril, el secretario de defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, un hombre de la industria armamentística, también lo confirmó al explicar a sus interlocutores ucranianos que “el cometido de nuestra reunión es hablar sobre lo que nos permitirá ganar esta guerra”. El uso de la primera persona del plural despeja toda duda sobre quién está librando tal guerra. Por aquellas mismas fechas, el editorial de The New York Times explicaba que el objetivo de la guerra “es poner a Rusia de rodillas” y, mientras tanto, el Congreso ya ha aprobado 40.000 millones de dólares más de ayuda a Ucrania, de ellos 23.000 para ayuda militar. Sumados a los 13.670 millones de la primera fase, la ayuda asciende a 53.000 millones, casi a la par con el presupuesto militar de Rusia. Nunca un país había recibido tanta ayuda de Estados Unidos en los últimos veinte años.

 La conclusión de todo esto es evidente: no es solo una guerra atroz e injustificable de Rusia contra Ucrania, es, además y sobre todo, una guerra de la OTAN contra Rusia, de momento en territorio de Ucrania y con Ucrania como víctima e instrumento. ¿Por qué de momento en territorio de Ucrania?

“En el entorno del presidente Zelenski se dice que habrá una contraofensiva militar ucraniana a mediados de junio”, capaz de ampliarse a territorio ruso, explica el consejero presidencial Olexij Arestovich al diario alemán Die Welt. “Para entonces los ucranianos tendrán más armas recibidas del extranjero. Antes es poco probable”, asegura.

 “La contraofensiva ucraniana necesita sistemas de misiles de alcance medio y largo, artillería de gran calibre y aviación”, explicaba el domingo al Wall Street Journal el general Kyrylo Budanov, el jovencito de 36 años de edad, que dirige la inteligencia militar ucraniana. 

En las redes sociales y medios de comunicación, triunfa una estupidez incapaz de medir los riesgos y consecuencias de lo que se propone. En la tele rusa, periodistas y analistas energúmenos frivolizan con la capacidad de “eliminar Gran Bretaña” con un solo misil nuclear ruso Sarmat. En el campo opuesto, el delirio de los liberal-estalinistas rusos contrarios a Putin, muchos de ellos en el exilio y trabajando para organizaciones atlantistas, las llamadas al desmantelamiento de su propio país no conocen límites, incluso a riesgo de una guerra nuclear. Es un nuevo ejemplo del tipo de oposición que los regímenes autocráticos siempre han generado en Rusia. 

Regresan con sus nefastos consejos asesores occidentales de la “terapia de choque” de los noventa en Rusia como el fanático incompetente Anders Aslund: “Mi humilde consejo a la OTAN sería: 1-Dar cuanto antes el máximo de armas posible a Ucrania, 2-Abrir los puertos del Mar Negro a la navegación 3- Bombardear preventivamente las ciudades rusas más importantes para garantizar que Putin no usará armas químicas o nucleares”, dice.

 Por su parte, Seth Cropsy, presidente del Yorktown Institute en el Wall Street Journal, escribe: “Estados Unidos debería mostrar que puede ganar una guerra nuclear”.

Ante este espectáculo, hasta el belicista New York Times siente el vértigo de las consecuencias de aquel “poner a Rusia de rodillas” proclamado en su editorial de abril como objetivo de la guerra. Con la vista puesta en la inflación y el desastre demócrata que se anuncia para las elecciones midterm de noviembre, el diario constata en su editorial del 19 de mayo que “el conflicto puede tomar una trayectoria más imprevisible y de potencial escalada”, se pregunta si eso va “en interés de Estados Unidos”, estima que “una victoria decisiva de Ucrania sobre Rusia en la que se recupera todo el territorio arrebatado por Rusia desde 2014 no es un objetivo realista”, aconseja a Biden que debería “explicarle los límites” a Zelenski, y recuerda finalmente que el adversario “todavía es una superpotencia nuclear”. 

Tres meses después de su inicio, comprendemos mejor el cúmulo de irresponsabilidades multilaterales que han desembocado en esta guerra."                (Rafael Poch  , CTXT, 25/05/2022)

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