"(...) Pareciera entonces que el “momento de la izquierda” hubiese llegado para Colombia. Este país, dominado desde el siglo XIX por una oligarquía tradicional bipartidista, recientemente oxigenada por un conjunto de narcotraficantes y cristianos neopentecostales, jamás conoció un gobierno de izquierdas.
Los medios de comunicación en manos de la derecha se han encargado de difundir una imagen demoniaca de la izquierda: se trataría de una banda de “castro-chavistas” y homosexuales que se oponen a los valores de la familia, que expropiarán a los empresarios de su bien habida riqueza y que no dudarán en mandar a la cárcel a todos los opositores políticos, como es propio de su herencia comunista. Pero, como se ha dejado ver en la pasada consulta popular, la imagen de una izquierda comeniños ya no asusta más a un sector considerable de la población colombiana.
Lo que la izquierda encarna hoy en día no son los valores de la revolución bolchevique, sino aquellos que hasta hace no muchas décadas eran compartidos incluso por los partidos más moderados. Que la gente tenga mayores oportunidades de empleo, que exista un sistema de salud asequible a las mayorías, que los jóvenes puedan acceder a la universidad pública sin tener que hipotecar el patrimonio de sus familias, que los trabajadores puedan gozar de una pensión digna, que se respete el derecho a las diferencias culturales y personales, que todos podamos respirar y disfrutar de un medio ambiente sano. Esos “antiguos” valores políticos expulsados tanto por la izquierda marxista (por liberales y pequeñoburgueses), como por el neoliberalismo (por inoperantes económicamente).
Pues bien, para escándalo de las viejas y nuevas derechas, la izquierda democrática se ha convertido en abanderada de estos valores, razón por la que hoy recibe el apoyo social de las mayorías. Enterémonos finalmente: el tablero de la política cambió por completo en las últimas décadas. Mientras que la derecha neoliberal asumió el papel “anti-sistema”, destruyendo las instituciones públicas y desvirtuando la función universal del Estado, la izquierda defiende ahora los valores democráticos y constitucionales.
Quién lo creyera. Lo que actualmente vemos en países como Chile y Colombia no es el renacer de la vieja izquierda revolucionaria del siglo XX, sino la emergencia de una izquierda republicana que busca poner a la sociedad y la economía en “estado de derecho”. De lo que se trata es de arrebatar al neoliberalismo su falsa careta democrática y poner las cosas en su sitio.
Frente al intento fracasado de establecer una equivalencia entre el mercado y la democracia, la nueva izquierda comprende que la función de la política es democratizar la economía, evitando que instituciones públicas como la educación, la salud y las pensiones sean convertidas en un negocio al servicio de intereses particulares. Recuperar estas instituciones para el bien común y fortalecer el Estado social de derecho es la única “revolución” a la que aspira la nueva izquierda. Bienvenidos al mundo pospandémico del siglo XXI. (...)"
(Santiago Castro-Gómez es filósofo, profesor de la Universidad Javeriana, miembro del Polo Democrático Alternativo. CTXT, 05/04/22)
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