21.6.22

Macron ha sido una ruina para Francia, pero el país deberá seguir soportando su persistente e ineficaz programa neoliberal que agudiza la decadencia francesa... La izquierda duplica diputados, de 71 a 147, pero sólo recoge un cuarto de los votos. No ha conseguido articular una fuerte oposición ni movilizar: el 54% de los franceses no votó... el dilema en que se encuentra atrapada la izquierda es cómo articular una alternativa al neoliberalismo de Macron, cerrando el paso a la extrema derecha, y hacerlo sin caer en las luchas cainitas por la hegemonía en el bloque progresista

 "El objetivo de Mélenchon de conquistar Matignon se ha revelado un espejismo. Agrupar a toda la izquierda bajo un programa común exige generosidad

Macron ha sido una ruina para Francia, pero el país deberá seguir soportando su persistente e ineficaz programa neoliberal que agudiza la decadencia francesa. En estas elecciones legislativas, Macron ha perdido la mayoría absoluta pero el resultado muestra una agridulce Francia: la enorme abstención, un 54 %, como en 2017; el avance de la extrema derecha, que pasa de 8 a 90 diputados, y la evidencia de que el neoliberalismo macronista obtendrá el apoyo de Les Républicains para imponer sus leyes, augura un difícil horizonte para los trabajadores. 

La izquierda ha avanzado y duplica sus escaños en la Asamblea Nacional, pasando de los 71 en 2017 a los 147 en 2022, pero representa apenas una cuarta parte de quienes han votado. Pese al avance electoral, las legislativas no han sido la tercera vuelta de las elecciones presidenciales, y la izquierda no puede estar satisfecha: el objetivo lanzado por Mélenchon de conquistar Matignon se ha revelado un espejismo. (...)

Para defender la libertad frente a Le Pen, Macron la cercenaba. Su apuesta por la renovación de Francia, con la que pretendía recoger lo mejor de las propuestas del Partido Socialista y de la tradición gaullista representada por la derecha, fue flor de un día: acabó con el impuesto sobre el patrimonio, intentó debilitar más a los sindicatos, asumió la peligrosa prevención contra los franceses o inmigrantes de religión musulmana, limitó las ayudas sociales, quiso retrasar la edad de jubilación, abonó las ganancias empresariales y ha sido incapaz de poner en marcha una nueva Francia industriosa, y el resultado de las elecciones legislativas complica mucho su precaria mayoría en el parlamento.

Tras vencer a Le Pen con el 58 % de los votos en las elecciones presidenciales, Macron reconoció que muchos de sus apoyos procedían de quienes querían "bloquear" a la extrema derecha. Volviendo a vender humo, Macron se envolvió en una retórica vacía adornada con loas a la república francesa, a la justicia y la igualdad, a la atención al trabajo, repitiendo cuartillas aprendidas de los amanuenses de discursos, como hizo con Quentin Lafay, un joven escritor, en su primera campaña electoral de 2017. Su praxis política ha permitido a la extrema derecha estar de nuevo presente en la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales, en un escenario político que, salvando las distancias de sociedades tan diferentes, empieza a parecerse peligrosamente al estadounidense: los ciudadanos tuvieron que elegir entre dos candidatos incapaces de acabar con la grangrena que infecta Francia. (...)

 Las apelaciones que hizo Macron en 2017 a comprender los motivos que llevaron a millones de franceses a votar al Frente Nacional ante la angustia y la inquietud por el futuro, volvió a repetirlas en 2022. Mientras afirmaba que había que combatir al Frente Nacional, asumía muchas de sus propuestas y aceptaba discutir sus ideas: reforzaba así el discurso de la extrema derecha. En la crisis social, aumenta el crédito de la Francia blanca y el irracional temor hacia los inmigrantes que sigue siendo una bandera de la extrema derecha y el neofascismo. 

La terrible paradoja de estos últimos años es que la persistente política neoliberal de los gabinetes de Macron ha llevado a muchos franceses a creer que Le Pen defendería mejor las conquistas sociales. Pese a ello, Macron y Le Pen coinciden en el objetivo de rebajar tributos a las empresas, en reducir el impuesto de sucesiones y en limitar los salarios de los trabajadores: un completo programa de la patronal francesa. Reformas laborales, una fiscalidad diseñada para los ricos, nuevas privatizaciones, eliminación de conquistas obreras en algunos sectores, eso es lo que puede esperar Francia del nuevo gobierno de Macron.

Estallidos como el de los chalecos amarillos fueron la expresión del rechazo social al neoliberalismo de Macron, que no solo ha impulsado las privatizaciones, deteriorado los servicios públicos, atacado a la enseñanza republicana de titularidad estatal, sino que pretende una reforma de las pensiones 

(...) el dilema en que se encuentra atrapada la izquierda es cómo articular una alternativa al neoliberalismo de Macron, cerrando el paso a la extrema derecha, y hacerlo sin caer en las luchas cainitas por la hegemonía en el bloque progresista (...)

Con el nuevo gobierno que nombre Macron, la guerra de Ucrania, las sanciones económicas a Rusia, las cadenas de la OTAN y el aumento de los presupuestos militares, junto a los avales franceses a Estados Unidos para contener a China, van a seguir devorando el Estado social francés.

En esa agridulce Francia surgida de las elecciones presidenciales y legislativas, agrupar a toda la izquierda bajo un programa común que señale el rumbo al socialismo, abandonando el sectarismo y las imposiciones, exige generosidad y una nueva concepción de Francia, que debe abandonar su condición de aliado secundario de Washington

La izquierda debe también construir un nuevo proyecto para Europa y una visión conjunta de la deriva mundial y de la acción imperialista y, en ese horizonte, China y Rusia no pueden ser enemigos, sino aliados. Llegan años difíciles, porque relanzar la movilización popular tendrá que hacerlo la izquierda francesa sin garantías de avances sociales inmediatos; tendrá que reforzar los lazos con los trabajadores y los sectores marginados, cada año más numerosos en Francia; deberá afrontar la cuestión de la energía, poner las nacionalizaciones de grandes empresas entre los objetivos, reforzar la seguridad social y proteger los salarios: optar por un futuro que termine con el autoritarismo presidencial de la Quinta República, pensando de nuevo Europa, y tendrá que hacerlo temerosa de una nueva oleada de voracidad empresarial y de conflictos imperiales de la mano de Estados Unidos, dotando al mismo tiempo de nueva legitimidad al socialismo. No va a ser fácil."                  (Higinio Polo, Mundo obrero, 20/06/22)

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