"En los últimos años se ha producido un debate, muchas veces agrio, sobre qué hacer con la prostitución. La razón se debe, fundamentalmente, a la transformación de esta realidad social. (...)
La transformación de la prostitución en una gigantesca industria de la explotación sexual tiene su origen, como señalaba antes, en el nuevo capitalismo. Cuando se imponen estas políticas económicas nos encontramos con países que no pueden engancharse a la economía global porque sus aparatos productivos no son competitivos y destruyen empleo. En ese momento hacen su aparición las economías ilícitas –Castells las denomina economías criminales–, que se convierten en una oportunidad para aquellos países con altas tasas de pobreza que contemplan con pánico la ruina de una parte de su tejido empresarial.
La exportación ilegal de armamento, el narcotráfico, la exportación de mujeres para la explotación sexual, el tráfico de órganos o los vientres de alquiler –uno de los países con una industria más extendida y criminal ha sido Ucrania hasta el estallido de la guerra– son las economías criminales que más beneficios obtienen. Estas industrias ilegales serán para algunos países la posibilidad de reconstruir sus economías nacionales.
Sin embargo, no es fácil crear una economía ilícita como fuente primordial de beneficios para un país. Para eso, nos explica Saskia Sassen, es preciso la creación de circuitos semi-institucionalizados por los que transiten alguna o varias economías ilegales. A través de esos circuitos son exportadas las mujeres para la explotación sexual desde países del sur, con altas tasas de pobreza, hasta los países del norte. Esos circuitos conectan las mafias de los países de origen con las de los países de destino.
Las mujeres que estarán en prostitución son captadas en su país con violencia, con engaños o con la promesa de dinero y de una vida mucho mejor que la que tienen en su país. Cuando llegan aquí ya tienen destinado un piso, un burdel o un lugar en un polígono industrial o en el centro de una ciudad, como también tienen asignados los hombres que las controlan. Entonces comienza para ellas un viaje de sufrimiento y dolor que es inimaginable para quienes no conocemos esas vidas.
Sassen los denomina circuitos semi-institucionalizados porque, para conectar el país de origen con el de destino y exportar por ese circuito a miles de mujeres diariamente, saltando los controles migratorios, tiene que existir la complicidad de las mafias con sectores de la policía, ejército, judicatura y, por supuesto, de las élites económicas y políticas del país. La clave fundamental es que las mujeres que son exportadas envían remesas de dinero al país de origen, y con ese dinero se reactiva la economía nacional.
Por eso, la industria de la explotación sexual se ha convertido en
una estrategia de desarrollo para países como Rumanía, Tailandia,
Camboya, Nigeria, Brasil, Colombia o República Dominicana, entre otros
muchos. Un ministro de Tailandia afirmaba en una entrevista que era
necesario sacrificar a una generación de mujeres para acelerar el
crecimiento económico del país. El Fondo Monetario Internacional, cuando
concede préstamos de ayuda estructural a países con altas tasas de
pobreza, les conmina a que creen una industria del ocio y del
entretenimiento para asegurarse la devolución de la deuda. El proyecto
de Eurovegas en Madrid respondía a este modelo de ocio que se concreta
en prostitución y juego. Con la prostitución se crea dinero y con el
juego se blanquea.
El blanqueo de dinero es, precisamente, el punto de conexión de la economía legal con la ilegal. El surgimiento de microbancos en aquellos países que exportan a mujeres para la prostitución cumple la función de blanquear el dinero que se obtiene ilegalmente de los cuerpos de mujeres que han sido transformados en una mercancía cuya principal característica es su bajo coste y sus altísimos beneficios. No es de extrañar que la prostitución oscile en ser el segundo o tercer negocio en términos de beneficios a escala global. La economía criminal cumple una función necesaria en la globalización del capitalismo neoliberal. Pues bien, en ese contexto se ha articulado un mercado global que extrae beneficios de los cuerpos de las mujeres en el que la existencia de la prostitución, la pornografía o los vientres de alquiler las ha convertido en mercancías de ese criminal mercado. (...)
Tuve que hacer trabajo de campo cuando investigué sobre prostitución y
nunca me encontré con ninguna mujer que quisiera estar donde estaba.
Encontré embarazos en mujeres migrantes, algunas muy jóvenes, que no
sabían qué hacer frente a esta circunstancia. Y también encontré hijos,
madres y padres o hermanos en el país de origen que necesitaban o les
venía bien dinero para sobrevivir o para vivir mejor. Encontré abusos de
familiares que empujaban a algunas mujeres a la prostitución para
recibir su dinero mensual… Encontré dolor, mucho dolor, y algunas
afirmaciones que nunca olvidaré: “Quiero tener una vida normal, llevar a
mis hijos a la escuela, tener un trabajo y una casa”. También me
encontré con alcohol y cocaína para sobrellevar los abusos de los
puteros. Y muchos dolores físicos y psíquicos. Después de haber estado
en el polígono Marconi, en clubs o en pisos en los que había
prostitución, nunca podré proponer nada que no sea acabar con una
realidad que es fuente inagotable de dolor para tantas mujeres. Nunca
podré tener otra mirada que aquella que quiere poner fin a esa industria
criminal. (...)" (Rosa Cobo es profesora de Sociología en la Universidad de A Coruña, CTXT, 11/06/22)
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