16.6.22

Una decena de científicos españoles, citados en comisaría Responden de la acción de desobediencia civil no violenta desarrollada ante el Congreso de los diputados el pasado abril

 "Una decena de científicos españoles acaban de ser convocados en comisaría por una acción de desobediencia civil no violenta realizada delante del Congreso el pasado 6 de abril. Arriesgan juntos sus carreras y su posición laboral por denunciar la “criminal inacción climática de los gobiernos”. Según el secretario general de la ONU, se ha declarado “una guerra suicida” de la humanidad contra la naturaleza que está provocando ya un holocausto climático a gran escala.

 A principios de abril, miles de científicos salieron a las calles pidiendo ser escuchados y lanzando acciones de desobediencia civil no violenta. Una Rebelión científica internacional sin precedente, que en más de 25 países llamó a la movilización ciudadana por la vida y contra el desastre climático ya en marcha. Y no es para menos.  A pesar de todos los informes científicos, no han cambiado significativamente las políticas y los aumentos de las concentraciones de CO2 en la atmosfera. La subida constante de las temperaturas ha determinado las olas de calor, las sequias, las inundaciones que están ocasionando ya sangre y migraciones forzadas masivas. Casi simultáneamente se ha iniciado la guerra de Ucrania, que impacta duramente las poblaciones, la energía, los sistemas alimentarios y afecta directamente a las políticas nacionales e internacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.   

En España, catedráticos, investigadores, doctores, miembros titulares del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) o del panel de expertos en Cambio Climático de la ONU y de la FAO apoyaron y participaron en una protesta que ha teñido con pintura roja biodegradable la fachada y las escalinatas del Congreso para denunciar la criminal inacción climática de los sucesivos gobiernos en las últimas décadas. Ahora, los que cuentan entre nuestros mejores científicos de renombre internacional entre ellos, Fernando Valladares, biólogo y director del grupo de Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, José Esquinas, doctor ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y antiguo responsable en la FAO,  Jorge Riechmann, filósofo en la Universidad Autónoma de Madrid, Elena González Egea, doctora en astrofísica, y Fernando Prieto, director del Observatorio de la Sostenibilidad están convocados en comisaría en Moratalaz para responder de estos actos. Todos juntos, siguen plenamente decididos a asumir ante la policía y el resto de la sociedad la desobediencia civil no violenta como el último recurso que queda a la comunidad científica para poder actuar contra un holocausto climático ya en marcha.

Una “guerra suicida” de la humanidad contra la naturaleza

Estamos ya en los tiempos de “sangre, sudor y lágrimas” que Churchill anunció a su pueblo durante la segunda guerra mundial, pidiendo el mayor compromiso posible a su nación ante un peligro de muerte para toda la humanidad. La guerra de Ucrania, con sus pérdidas y su infinito sufrimiento humano, participa de hecho como otros conflictos actuales como Sudán, en una guerra global que aún no tiene nombre pero que además de los muertos directos, significa la destrucción de la humanidad mediante la devastación de los ecosistemas que hacen posible la vida. 

Antonio Guterres fue uno de los primeros líderes en nombrar públicamente esta guerra que hace de todo el planeta un campo de batalla, llamándola una "guerra suicida" de los hombres contra la naturaleza. El secretario general de la ONU bien lo advirtió: "La naturaleza siempre contraataca, y lo hace con cada vez más fuerza y furia." (...)

La ciencia se desespera y se rebela

Por ello, nunca ha sido más necesaria esta rebelión sin precedentes de la comunidad científica internacional, porque no queda otra opción que el máximo esfuerzo colectivo para estos tiempos de lágrimas y sangre. Peter Kalmus, científico en la NASA, explicó así porque se exponía a ser arrestado por la policía de Estados Unidos: “me siento realmente desesperado y aterrorizado… puedo ver muy claramente hacia dónde nos dirigimos en términos de cambio climático, y no percibo ningún impulso o intención por parte de los líderes mundiales de realmente cuidar este planeta y de resolver este problema, que realmente necesita acabar con la industria de los combustibles fósiles lo más rápido posible.” (...) "                

(Fernando Prieto, Agnès Delage Amat, José Campana; Alejandro Sacristán, Levante, 15/06/22)

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