Héctor Illueca@Hector_Illueca_
La 'solidaridad' de Bruselas consiste en reducir nuestro consumo de gas para ponerlo a disposición de Alemania. La verdadera solidaridad sería promover un acuerdo de paz europeo y acabar con las sanciones económicas que nos están llevando a la ruina...
8:59 a. m. · 22 jul. 2022
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"España no ha vivido estos años por encima de sus posibilidades energéticas”.
Palabras recientes de la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera,
titular de la cartera de Transición Ecológica. Palabras claramente
dirigidas a Alemania y a los demás países europeos que más dependen del
gas ruso y que en estos momentos viven con mucha angustia la posibilidad
de un corte de suministro durante el invierno, en el contexto de la
guerra de Ucrania.
La alarma está encendida desde hace semanas y la
Comisión Europea ha propuesto restricciones obligatorias del 15% en toda
la UE, sin excepción, si las cosas se complican en los próximos meses.
España no está de acuerdo. Portugal, tampoco. Otros países, tampoco.
Pocas
veces se oyen reproches a Alemania desde el Gobierno de España. Apenas
los hubo durante la crisis económica y financiera iniciada en el 2008
pese a que la política de austeridad dictada desde Alemania, con el
apoyo de la Europa nórdica y central, provocó graves daños materiales y
sociales a todos los países del sur de Europa, daños de los que todavía
no nos hemos recuperado del todo. El socialista José Luis Rodríguez Zapatero aceptó el dictado económico de Angela Merkel hasta el punto de modificar la Constitución.
El conservador Mariano Rajoy
trató de mantener la mejor relación posible con Alemania para evitar
que las cosas se complicasen aún más. Recordemos que en el último
momento, Merkel decidió no promover la intervención de la economía
española por miedo a una discusión muy envenenada en el Bundestag
(Parlamento federal alemán). El lenguaje se cuida muchísimo en las
relaciones hispano-alemanas. Nos tendríamos que remitir al mandato de José María Aznar
para encontrar otro reproche a Berlín del tipo “no habéis hecho los
deberes”. En 2003, Aznar recriminó al canciller socialdemócrata Gerhard Schröder
haber perdido el control del déficit público y le acusó de poner en
riesgo la estabilidad financiera de la Unión Europea. Parece el mundo al
revés, pero así fue.
¿Ha sido inteligente la toma de posición de la ministra de Transición Energética? Vamos a examinarlo.
Alemania ha basado su éxito económico de los últimos treinta años en el desarrollo tecnológico y una gran capacidad exportadora. La importación de energía a bajo coste ha sido una de las claves de ese éxito.
La compra masiva de gas ruso forma parte de la ecuación. El gas ruso es
barato (en relación a otros proveedores) y abundante. La construcción
de dos gigantescos gasoductos en el mar Báltico (Nord Stream 1 y Nord
Stream 2), sin interferencias de terceros países, era en la práctica un
verdadero tratado de paz a largo plazo entre Alemania y Rusia. Como es
bien sabido, ese tratado de paz ha saltado por los aires. Rusia inició
la invasión de Ucrania el pasado mes de febrero confiando en su
capacidad de chantaje energético.
Ningún país europeo –tampoco España- criticó seriamente la opción estratégica alemana con Rusia.
Tan sólo los Estados Unidos, primero la Administración Obama y después
la Administración Trump, advirtieron que una fuerte dependencia del gas
ruso podía acabar generando un grave problema para la seguridad europea.
En este contexto, ambos presidentes pidieron a los países de la Unión
Europea una mayor contribución a los gastos de la OTAN. Obama lo hizo
cuidando las formas. Trump, con sus formas.
Tampoco puede afirmarse que España haya prestado en los últimos años una gran atención a la estrategia del gas,
considerada hasta hace unos meses una energía declinante. Hace tres
años, los organismos reguladores de Francia y España desaconsejaron la
continuidad de las obras del gasoducto Midcat, que debía unir la red
gasista española con Francia a través del Pirineo catalán. Las obras
quedaron paralizadas en enero del 2018 y nadie protestó. Al contrario,
diversas plataformas municipales y ecologistas se movilizaron en
Catalunya contra la construcción del Midcat. A toro pasado, todos somos
toreros, suele decirse. Pocas personas podían imaginar que al cabo de
cuatro años, Rusia estaría amenazando con dejar sin gas a los europeos.
Habrá que reconocer que Estados Unidos sí advirtió sobre los riesgos de
tanta dependencia.
El Midcat aparece hoy como una obra necesaria para
ampliar la conexión de España y Portugal con el resto de Europa. Ahora
hay consenso, El Gobierno apoya la reanudación de la obra con una
condición: que en el futuro también pueda transportar hidrógeno verde,
uno de los vectores energéticos del futuro. La Comisión Europea
contempla en sus documentos sobre energía la potenciación de las
interconexiones de la península Ibérica, pero en Francia se sigue
detectando una cierta frialdad. El apoyo alemán al Midcat es imprescindible para su reanudación.
Pese a la paralización del Midcat, España puede
exportar gas al resto de Europa a través de dos vías: los gasoductos del
País Vasco y Navarra y mediante el reenvío de cargamentos navales de
gas natural licuado (GNL) desde los almacenes situados en siete
plantas de regasificación, especialmente desde los puertos de
Barcelona, Sagunt y El Musel (Gijón). A pleno rendimiento, los
gasoductos del País Vasco y Navarra pueden exportar unos 7.000 millones
de metros cúbicos al año, apreciable cantidad. La capacidad de
almacenamiento de GNL es uno de los activos de España en la actual
situación de crisis energética en Europa.
La imposición de una restricción obligatoria de gas si las
cosas se ponen feas en invierno es rechazada hoy, con distintos
matices, por España, Portugal, Italia, Chipre, Grecia, Polonia y
Hungría. La discusión será muy intensa en Bruselas. “Es extremadamente
importante mantener la calma pese a las altas temperaturas”, ha dicho
Eric Mamer, portavoz de la presidenta de la Comisión Europea. (La
propuesta de un racionamiento obligatorio del 15% lleva el sello de
Ursula von der Leyden).
Ningún país está libre de crítica y nada prohíbe hablar claro a Alemania. Pero España tendrá que negociar muchos y delicados asuntos con Alemania en los próximos tiempos." (Enric Juliana , La Vanguardia, 23/07/22)
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