"El pasado 15 de junio se puso en marcha la excepción ibérica, que permite a España y Portugal contener el alza de precios de sus mercados eléctricos mediante la aplicación de un tope al precio del gas que los ciclos combinados internalizan en sus ofertas y que, directa o indirectamente, marca el precio final del mercado eléctrico. (...)
Algunos se atrevieron a decir, el primer día, que el mecanismo no funcionaba. Pero no era cierto, lo hizo incluso el primer día. En medio de las peores condiciones para el mecanismo se generó un ahorro de unos 13 €/MWh, más o menos como el día siguiente. A partir de ahí, los ahorros fueron a más por la mitigación de la ola de calor y por otro factor clave para entender la principal virtud del mecanismo: el gas comenzó a escalar de precio, y cuanto más alto esté el gas más ahorro teórico genera el mecanismo, ya que evita la internalización de los costes del gas en el resto de tecnologías. Desde entonces el ahorro habitual que genera el mecanismo supera ampliamente los 50 €/MWh. Según el propio Ministerio para la Transición Ecológica, el ahorro medio de la segunda quincena de junio fue de 40 €/MWh. Insisto, y creo que es importante repetirlo, el tope al gas SÍ funciona. (...)
La excepción ibérica realmente actúa como una especie de freno al aumento del mercado si se dispara el coste del gas; y se está disparando. Mientras los mercados de nuestros vecinos superan los 300 €/MWh, el coste de mercado para los consumidores afectados está sobre 200 €/MWh en los días con bastante porcentaje renovable y sobre 250 €/MWh los días que más tiramos de gas. Y si éste sigue subiendo, el diferencial seguirá aumentando. Si vemos los precios de futuros, el cuarto trimestre del año ibérico está sobre 150 €/MWh, mientras el alemán está sobre los 375 €/MWh y el francés ¡¡A 745 €/MWh!! Por muy alta que sea la compensación, que no será tan alta con más penetración eólica y con más consumidores afectados, el precio final seguirá siendo muy inferior. Y si los problemas con el suministro de gas empeoran, el diferencial (y la situación) puede ser terrible. Ese precio francés ya es insoportable para prácticamente cualquier industria, y si no están cerrando es gracias a que en Francia existen multitud de contratos a precio fijo y a largo plazo que no se han visto afectados por esta situación de mercado.
La excepción ibérica representa, además, una novedad conceptual: es una 'desmarginalización' parcial del mercado,
en tanto que el precio medio final ya no se calcula estrictamente con
el precio ofertado por la última unidad que cubre la demanda,
sino en función de los ingresos otorgados a cada tecnología. Porque, en
el fondo, el mercado ha fijado unos ingresos de alrededor de 150 €/MWh
para las tecnologías no fósiles y un ingreso spot (este sí) para las fósiles, y el precio final depende del porcentaje de ambas en el mix eléctrico. En el fondo, es casi como si hubiese dos mercados: uno spot y otro a precio semi-fijo.
Las
críticas a este sistema pueden ser muchas. Es evidente que 150 €/MWh
está muy por encima de los costes de la generación inframarginal y de
cualquier expectativa de ingreso cuando se invirtió en aquellas
tecnologías. Es verdad que el coste del gas de muchos ciclos combinados
no es el spot, sino uno inferior sustentado en un contrato a
largo plazo. Se puede desaprobar que el coste de compensación lo
soporten los consumidores y no se pague mediante otro mecanismo. O se
puede preferir, directamente, una intervención del mercado por motivos
de urgencia. Ésta no es la medida perfecta. De hecho, fue producto de
una negociación nada fácil de los gobiernos de España y Portugal. Pero
esta medida rompe un dogma, rompe una muralla: el resultado del mercado marginalista no es inamovible, no es el sistema perfecto ni un castigo divino que debamos aceptar. El mercado marginalista falla, se rompe y deja de funcionar en determinadas circunstancias, como han dicho la propia Von der Leyen o la vicepresidenta Ribera.
Y esto abre un nuevo horizonte a futuro. Europa no puede permitir que el gas escale sin límite y que la electricidad llegue directamente hasta la inasequibilidad.
Si seguimos así, tendrá que suspender el mercado, intervenirlo o marcar
nuevas reglas. Los demás países no creo que acepten de buen grado que
el incremento del precio del gas afecte mucho menos a un lado de los
Pirineos que al otro simplemente por tener reglas distintas. Europa debe
parar la espiral inflacionista y debe promover la electrificación
precisamente para depender menos de los combustibles fósiles rusos, y
nada de eso sucederá con precios mayoristas de electricidad en una
escalada sin fin.
Los
próximos meses serán clave y, si la cosa se complica, se tendrán que
tomar decisiones contundentes. Nuestra historia reciente nos ha
demostrado que viviendo en el dogma no hacemos más que enquistar y
agrandar los problemas. Afortunadamente, la Unión ha demostrado ser
mucho más pragmática en las crisis recientes. El invierno en
Europa puede ser muy duro y la excepción ibérica puede ser la
inspiración para romper el corsé energético que nos auto-inflige dolor.
Sería gracioso que, después de hacer correr ríos de tinta contra la
excepción ibérica, muchos basados en la mala fe o el anumerismo, Europa
acabara implantando un mecanismo parecido. Aunque mi intuición me dice
que, de abrirse este melón, se podría ir bastante más allá de lo
permitido a la península ibérica." (Pedro Fresco , Agenda Pública, 07/07/22)
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