"(...) La Oficina Federal para la Protección de la Constitución, los servicios de inteligencia internos alemanes, alerta de que extremistas de todas las tendencias están tratando de capitalizar la guerra en Ucrania y sus consecuencias. Si antes enarbolaron las restricciones de la pandemia, ahora estos grupos de ultraderecha, entre ellos el partido parlamentario Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán), dirigen sus consignas al aumento del coste de la vida y los precios disparados de la energía para sacar a la gente a la calle. Empiezan a hablar de un invierno de la ira (Wutwinter, en alemán).
Las protestas ya han empezado. El lunes pasado se concentraron en Leipzig, la segunda ciudad más poblada, tras Berlín, de la antigua Alemania del Este, alrededor de 4.000 personas. Todas protestaban aparentemente por lo mismo: la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, pero con distintos mensajes. Y habían sido convocados por los extremos del espectro político alemán: el partido de izquierdas Die Linke, heredero de los poscomunistas, y la extrema derecha de AfD, a la que se sumó el partido regional Freie Sachsen (Sajones libres), nacionalista de ultraderecha. Los partidarios de unos y otros marcharon por separado, pero al mismo tiempo. Esto ha disparado las críticas a Die Linke de otras formaciones, especialmente de los democristianos.
La izquierda protesta por el aumento de los precios que está provocando el corte del gas ruso, asegura Alexander Yendell, sociólogo de la Universidad de Leipzig especializado en movimientos sociales, y “por sus consecuencias en forma de injusticia y exclusión social”. La inflación ha escalado a niveles nunca vistos en 40 años, al 7,9%, lo que ha encarecido los productos básicos de la cesta de la compra. Se calcula que la factura de la calefacción puede más que triplicarse este invierno.
“Oportunidad de oro para la movilización política”
“La extrema derecha se sube a ese carro porque sabe que los precios de la energía disparados son una oportunidad de oro para la movilización política”, explica Yendell a EL PAÍS. Así que, “mientras la izquierda tiene un interés genuino en la crisis, la ultraderecha la pervierte para expandir su ideología extremista y su propaganda de la conspiración”. (...)
La portavoz del partido, Alice Weidel, pidió esta semana en el Bundestag la normalización de las relaciones con Rusia y la apertura del Nord Stream 2, el polémico gasoducto que no llegó a inaugurarse por el conflicto. La líder ultraderechista profetiza un “otoño caliente” y pide a los ciudadanos que salgan a la calle a quejarse. Los líderes de AfD afirman constantemente que su formación es la única que defiende los intereses de quienes no pueden pagar las facturas.
Está por ver si las protestas de los lunes crecerán hasta convertirse en el otoño caliente que buscan, por distintos motivos, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha. Dependerá, entre otras cosas, de cómo responda el Gobierno ante el alza de la energía y los alimentos y de si es capaz de convencer a la población de que está haciendo todo lo posible para aliviar el impacto de la inflación.
El esfuerzo más reciente es el tercer paquete de ayudas públicas, un gigantesco desembolso de 65.000 millones de euros (más que los dos anteriores juntos) que incluye subvenciones para pagar la calefacción a personas de rentas más bajas, aumenta las prestaciones por hijo y prevé obligar a las energéticas con beneficios extraordinarios a contribuir a financiar las ayudas. (...)" (Elena G. Sevillano, El País, 12/09/22)
"Se suceden las movilizaciones en Europa contra la crisis económica, la subida de los precios y el empobrecimiento de la población. Y la gente se organiza: En Gran Bretaña con la campaña “Enough is Enough”, en Alemania con el mismo lema: “Genug ist Genug”: ¡Ya basta! SP
Miles de personas se han reunido frente a la catedral de Manchester. "Si luchas, puedes perder. Si no luchas, pierdes siempre", les grita Eddie Dempsey, del sindicato de ferroviarios RMT. Tiene que dar su discurso fuera de las puertas de la catedral porque ha acudido demasiada gente al mitin. El motivo es la enorme subida de los precios, que en Gran Bretaña llega en un momento en que una crisis sucede a la siguiente, los salarios se estancan y, aparte de los accionistas de algunas grandes empresas, nadie mira al futuro con esperanza. "Ya basta" es el grito de respuesta de la campaña que convierte el impulso de las semanas de huelga de los y las trabajadoras ferroviarias y de los empleados y empleadas de correos en un amplio movimiento.
En pocas semanas, más de medio millón de personas en Gran Bretaña han firmado el llamamiento de la campaña. Reclama salarios más altos, el fin de las subidas desorbitadas de los precios del suministro de energía, el derecho a una vivienda digna, a una alimentación asequible y a un aumento de los impuestos a los ricos. La alimentación, la vivienda, la energía... el hecho de que la gente tenga que protestar para asegurar sus necesidades básicas muestra lo flagrante de la situación en un país con una tasa de inflación superior al 10% y sin apenas una protección social existente. Dirigentes sindicales como Mick Lynch o Dave Ward lo expusieron con una estimulante claridad en la televisión británica: El hecho de que ahora sea la gente de a pie la que tenga que pagar la factura de la crisis no es más que el último ataque desde arriba en una lucha de clases permanente. (...)
Está claro que no debemos dejar el levantamiento a la derecha. Esto es evidente, pero no puede ser nuestro principal objetivo. Debemos centrarnos en presionar al gobierno federal, que no entrega o incluso bloquea activamente ayudas mientras deja que las multinacionales, cuyos intereses imponen despiadadamente, sean parte en la redacción de leyes como el impuesto sobre el gas. Empecemos a hacerlo como los ricos y los poderosos. Impongamos nuestros intereses sin piedad por una vez.
Una crisis económica se dirige hacia nosotros en los próximos meses; los precios seguirán subiendo y hasta ahora hay pocas perspectivas de remedio. Los paquetes de ayuda son una gota caída sobre una piedra ardiente. Por tanto, necesitamos soluciones inmediatas que creen un mínimo de seguridad a nivel social. Esto incluye garantizar un suministro de energía asequible mediante un tope de precios para el gas y la electricidad y, a largo plazo, devolver las empresas energéticas a la propiedad pública y al control democrático. Tan posible es un transporte de cercanías y de larga distancia barato como un impuesto sobre el enorme exceso de beneficios de los especuladores de la crisis. Todas estas son medidas que podrían aplicarse inmediatamente. Pero para ello necesitamos una campaña que aglutine las reivindicaciones y actúe con la fuerza de una amplia alianza con la que todo el mundo pueda sentirse interpelado. (...)" (Ines Schwerdtner , Sin Permiso, 08/09/2022)
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